World Intellectual Property Organization

Discurso del Sr. Francis Gurry, pronunciado ante la Asamblea General de la OMPI

Diciembre de 2008

A continuación se resume el discurso de aceptación del Sr. Gurry, pronunciado ante la Asamblea General de la OMPI con motivo de su elección al cargo de Director General, en el que describe los retos y las prioridades de la Organización para los próximos años.

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En su discurso de aceptación, el Sr. Gurry esbozó las prioridades que tiene para el futuro y se comprometió a iniciar un proceso de alineación estratégica de la Organización. (Foto: OMPI/Mercedes Martínez Dozal)

La evolución que han experimentado la tecnología, la economía y la sociedad internacional en los últimos años plantea desafíos fundamentales para esta Organización. El más fundamental de todos es, quizá, la marcada atención de la que está siendo objeto la propiedad intelectual. En tanto que materia altamente especializada, la propiedad intelectual ha gozado de muchos años de quietud a la sombra antes de pasar, muy rápidamente y en las dos últimas décadas, a situarse bajo el calor abrasador que desprende el escrutinio de la opinión pública. Gestionar ese cambio climático en el mundo de la propiedad intelectual es de por sí una tarea enorme.

A este respecto, es útil recordar que la propiedad intelectual no es un fin en sí mismo. Es un instrumento para fomentar determinadas políticas públicas, entre las que cabe destacar, gracias a las patentes, los diseños y el derecho de autor, las que tienen por fin estimular y difundir la innovación y la creatividad de las que nos hemos vuelto tan dependientes, y, gracias a las marcas, las indicaciones geográficas y la normativa de competencia desleal, las que tienen por fin poner orden en el mercado y combatir el ataque de esos enemigos de los mercados y los consumidores que son la inseguridad, la confusión y el fraude. En última instancia, los debates y deliberaciones que mantenemos tienen por finalidad ver cómo puede la propiedad intelectual satisfacer los objetivos de esas políticas; es decir, determinar si al modificar el marco internacional se potencia la innovación y la creatividad, contribuyendo a su difusión, o si por el contrario esa modificación las limita o aporta confusión, más que claridad, al funcionamiento del mercado.

Son varios los factores que afectan a la institución de la propiedad intelectual, tal como la conocemos, y que pueden hacer peligrar su capacidad para cumplir su misión básica de estimular la innovación y la creatividad y contribuir al buen funcionamiento de los mercados. La OMPI debe de abordar estos factores para anticiparse a sus efectos.

El sistema de patentes

Uno de esos factores es la tendencia sostenida a inyectar tecnología en todos los aspectos de nuestra vida cotidiana y en todos los elementos de la vida económica. Puesto que la tendencia se ha acelerado, el valor económico de la innovación ha aumentado y, con ello, el deseo de adquirir derechos de propiedad en los confines del conocimiento. La consecuencia de esa tendencia es que el sistema está volviéndose víctima de su propio éxito. Las Oficinas de Patentes están atiborradas de trabajo y se esfuerzan por trabajar afanosamente en plazos lo más oportunos posible para atender las necesidades de la economía. Se calcula que en el mundo hay unas 3,5 millones de solicitudes de patentes que no han podido ser examinadas. Forzadas a trabajar bajo una fuerte demanda, la calidad del trabajo de las Oficinas de Patentes también está siendo objeto de críticas.

El Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT) fue concebido como un medio multilateral para atender el crecimiento de la demanda en el sistema de patentes y su internacionalización. Sin embargo, no proporciona ahora una solución lo suficientemente adecuada a la crisis que se está dando en la gestión de la demanda. El problema es de una naturaleza tan crítica y urgente que debemos encontrar una solución. Es fundamental que la solución que se encuentre sea de índole multilateral y no una creada por un grupo o grupos de los Estados más afectados. El PCT brinda una base mejor que cualquier otra sobre la cual construir una solución futura.

Obras creativas en el entorno digital

El modelo del siglo XX de retribuir a los creadores, artistas intérpretes y ejecutantes y a sus asociados comerciales, basado en la distribución de objetos físicos en los que están plasmadas las obras, corre ahora un peligro extremo a raíz de la convergencia de, por un lado, la tecnología digital y, por otro, el poder de distribución de Internet. Esto puede tener repercusiones nefastas para los países en desarrollo, donde los creadores y los artistas intérpretes y ejecutantes no tienen el mismo nivel de acceso a Internet, ni a altas velocidades de transmisión ni a soluciones alternativas para obtener una retribución económica como sus pares de los países desarrollados.

Todo el mundo es consciente hoy de la importancia que revisten los incentivos a la creación de contenidos para el sistema educativo y el enriquecimiento de nuestras vidas gracias a la literatura, la música, las películas y otras obras creativas. Al igual que con el estrangulamiento del sistema de patentes, hay que encontrar soluciones. Quizá, en este caso, sea el propio mercado el que encuentre soluciones basadas en el Derecho privado y en la aplicación de soluciones tecnológicas por entidades privadas. Quizá esas sean las soluciones apropiadas. Pero sería lamentable que dejásemos un sistema con una trayectoria centenaria de derechos creados y amparados por la ley para pasar a sistemas de Derecho privado simplemente por quedarnos de brazos cruzados, y no como resultado de una elección fundamentada. Hay más consumidores que creadores y artistas, por lo que la gestión política del debate no es nada fácil. Esta característica de la política interna de cada país, así como la naturaleza mundial del intercambio de ficheros por Internet, sugiere que quizá sea más adecuado mantener el debate en el plano internacional antes que en un ámbito nacional. A mi juicio, la OMPI sigue siendo el foro idóneo para mantener el debate acerca de la misma cuestión.

Descargas ilegales y falsificación

La descarga generalizada e ilícita de obras musicales y cinematográficas de Internet plantea, con carácter general, la cuestión del respeto a la propiedad intelectual. La falsificación de productos físicos, que se ha extendido a muchos sectores de la economía, está planteando graves peligros para la salud y la seguridad así como para la protección de los consumidores. Según estimaciones, el valor de los bienes falsificados que son objeto de comercio internacional supera los 200.000 millones de dólares por año. Es por ello que ya ha comenzado a estudiarse seriamente la adopción de convenios multilaterales para abordar este flagelo. Es preciso reflexionar sobre la función que le compete en este ámbito a la OMPI. ¿Debe esa función limitarse a actividades de sensibilización y a la formación de funcionarios de las aduanas, la policía y la judicatura? ¿O debe abarcar un compromiso más fuerte, y de ser así, debe actuar sola o conjuntamente con otros organismos internacionales interesados?

Ampliar el horizonte de la propiedad intelectual

No hay que soslayar, sin embargo, los llamados para que el sistema de propiedad intelectual amplíe sus horizontes y adapte su misión a la conciencia colectiva de la comunidad internacional. De lo que se trata, ante todo, es de saber cómo puede contribuir la propiedad intelectual a reducir la brecha del conocimiento y a que los países en desarrollo y los menos adelantados participen más de los beneficios de la innovación y la creatividad en la economía del conocimiento. De la propiedad intelectual sola no vendrá la solución a los diferentes niveles de desarrollo, pero el consenso logrado recientemente en torno a la Agenda para el Desarrollo constituye una maravillosa oportunidad para que la Organización sea parte de la solución.

Si se quiere que la Agenda para el Desarrollo esté a la altura de ese deseo, creo que es fundamental que traduzcamos el consenso político en proyectos concretos y eficaces. La Organización tiene ante sí la ocasión de crear una infraestructura mundial de conocimientos, conformada por bases públicas y gratuitas de datos técnicos y científicos, que funcione a tenor de normas comunes para el intercambio de datos. Una infraestructura de esa naturaleza podría contribuir en forma práctica a una mejor distribución de las ventajas sociales de los sistemas de propiedad intelectual. Por medio de actividades de automatización y capacitación, las oficinas de propiedad intelectual, así como los institutos de investigación y las universidades de los países en desarrollo, podrían disponer de los medios necesarios para participar en esa infraestructura.

La Agenda para el Desarrollo ofrece también a la OMPI la oportunidad de examinar el grado de eficacia con el que presta servicios en el ámbito del fortalecimiento de capacidades. Estimo que la adopción, por los países, de estrategias nacionales de propiedad intelectual e innovación, en cuya preparación la OMPI está dispuesta a contribuir cuando se le pida, proporcionará un excelente instrumento para alinear las actividades de la Organización de fortalecimiento de capacidades con la base de recursos económicos de los países y sus objetivos y prioridades en materia económica.

La Agenda para el Desarrollo y las actividades de la OMPI de fortalecimiento de capacidades brindan también la oportunidad de atender las necesidades especiales de los países menos adelantados. Propongo que reforcemos la iniciativa de mi predecesor de crear una división que se ocupe de los países menos adelantados, dotándola con más recursos humanos y financieros.

También hay un aspecto de la Agenda para el Desarrollo que preconiza un análisis y una reflexión constantes sobre la mejor forma en que la propiedad intelectual puede obrar a favor de todos los países, independientemente del nivel de desarrollo en el que se encuentren. La Secretaría debe disponer de recursos que le permitan elaborar estudios económicos y confeccionar estadísticas a fin de que los Estados miembros dispongan de una base empírica sólida. Es mi intención crear una dependencia con ese cometido para producir estudios que respalden y fundamenten los procesos iniciados por los Estados miembros, prever los elementos que tendrán una incidencia sobre el mundo de la propiedad intelectual, y dotar a los administradores de los medios necesarios para anticipar los acontecimientos estratégicos que puedan darse en el futuro y tener repercusiones en la Organización.

La protección de los conocimientos tradicionales y las expresiones culturales tradicionales es otra esfera que ha sido señalada como un medio de ampliar el alcance de la propiedad intelectual para que pueda reaccionar mejor a las necesidades de los países en desarrollo. Se ha hecho evidente que es necesario reconocer explícitamente la contribución que ha supuesto para la sociedad humana la innovación y la creatividad generadas y mantenidas colectivamente, así como proteger los resultados de esa innovación y creatividad. La Organización ha emprendido un largo proceso de debates y negociaciones sobre la forma de atender esa necesidad. Estimo que ya es hora de que ese proceso comience a tener resultados concretos que permitan a la OMPI ampliar el número de sus bases y entregarse a una misión más universal.

Cooperar más estrechamente con el sistema de las Naciones Unidas

La OMPI no está sola ante los desafíos fundamentales que se plantean. Muchos de esos desafíos han sido señalados en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, y otros han sido señalados por gobiernos, comentaristas, los medios de prensa y la sociedad civil. Se trata del cambio climático, la desertificación, las epidemias, el acceso a la atención sanitaria, la seguridad alimentaria y la preservación de la biodiversidad. La historia nos demuestra que la sociedad humana recurre con frecuencia a la tecnología, es decir, a la aplicación de la ciencia para solucionar un problema práctico, como uno de los medios principales de resolver peligros o dificultades. Por consiguiente, las políticas encaminadas a estimular la creación y difusión de tecnología guardan relación directa con el examen de la forma en que la comunidad mundial pueda abordar esos peligros. Propongo que se cree una dependencia en la Secretaría que se comprometa activamente en el diálogo y en la búsqueda de soluciones en los que esté empeñada la comunidad internacional, centrándose para ello en la contribución específica que la propiedad intelectual y la OMPI puedan hacer en el marco de acciones colectivas cuyo propósito sea hacer frente a esos desafíos mundiales.

Una Organización funcional

Para que la OMPI pueda hacer frente a estos y otros desafíos necesitamos una Organización funcional. La Organización no es sólo la Secretaría, sino también los Estados miembros, los usuarios de los servicios que presta la Organización, y los agentes no gubernamentales. La condición previa para que el funcionamiento de la Organización sea eficaz reside en que la comunicación entre esos diferentes actores esté basada en la confianza. Esa será una prioridad desde el principio. Haré todo lo que esté a mi alcance para encontrar la forma de que haya una mejor comunicación con todos los sectores interesados en nuestra labor y que el diálogo entre ellos se intensifique.

Tengo planeado iniciar un proceso profundo de alineación estratégica para los años venideros. En él se abordará la cultura institucional de la Secretaría, la eficacia con la que ejecutamos nuestros cometidos así como la alineación de nuestros programas, estructura y recursos a las metas estratégicas de la Organización. Quisiera señalar muy especialmente a mis colegas de la Secretaría que ese proceso exigirá y será un esfuerzo colectivo, por lo que espero con interés trabajar con todos ustedes, y con la certeza de contar con el respaldo de todos.

He planteado más asuntos que necesitan solución que soluciones en sí. Los desafíos a los que nos enfrentamos ponen en tela de juicio la capacidad del multilateralismo de encontrar oportunamente las soluciones necesarias. Desde muchos puntos de vista, los interrogantes que se plantean a la propiedad intelectual son de índole generacional, por lo que sería una lástima que se diluyesen en pura polémica y bajo el peso de tozudas consideraciones políticas. El desafío que tiene ante sí la comunidad internacional es que esos interrogantes se plantean cada vez con mayor frecuencia puesto que el ritmo de progreso tecnológico está reduciendo el tiempo que separa a las generaciones. Dar respuesta a esos interrogantes exigirá de nosotros ingeniosidad y capacidad de adaptación.

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