Grumpy Cat (la gata gruñona): el felino que levantó un imperio comercial gracias a los derechos de PI

Febrero de 2018

By Anca Draganescu-Pinawin, IP Counsel, Novagraaf, Switzerland

Érase una vez una gata cuya cara tenía tal expresión de malhumor que un día de septiembre, hace seis años, el hermano de su propietaria no se resistió a tomarle una fotografía y publicarla en Reddit para ensenársela a todo el mundo.  ¡Su aspecto era tan huraño!

Esta gatita de aspecto gruñón causa sensación en Internet y representa
el principal activo de un imperio empresarial fundamentado en una
estrategia de PI de gran eficacia y solidez (propiedad de la
fotofrafía: www.grumpycats.com).

Rápidamente, la gata causó sensación en Internet y se convirtió en un éxito.  Parafraseando a P.G. Wodehouse, se podía ver que, si bien no estaba realmente contrariada, estaba muy lejos de parecer satisfecha.  Muchas personas crearon memes a partir de la imagen:  les agregaron un título divertido y los publicaron en Internet para que otros se rieran y los compartieran, antes de visionar otros videos de gatos o imágenes de gatitos, o de continuar con sus vidas.

Y así nació la gata más famosa del mundo:  Grumpy Cat (la gata gruñona).

Ahora bien, la dueña del gato, que trabajaba de camarera en un restaurante y su socio y hermano, supieron reconocer una buena oportunidad de negocio cuando se la encontraron de frente, incluso si esta tenía cara de pocos amigos.

De ahí que decidieran crear una empresa llamada Grumpy Cat Limited y, con el fin de proteger los derechos de propiedad intelectual (PI) de "Grumpy Cat", contrataron a un abogado especializado en PI para que gestionara las solicitudes pertinentes de derechos de autor y de registro de marca.  Comenzaron a vender diversos objetos cotidianos con la imagen de la gata gruñona:  bolígrafos, tazas, calendarios, e incluso el libro Grumpy Guide to Life, que figuró en la lista de los libros más vendidos del New York Times.

Grumpy Cat tenía su propio canal de YouTube, sitio web y cuentas de Instagram y Facebook, e incluso apareció en un comercial de televisión para Honey Nut Cheerios®, y en otro de McDonald's.  La gata adquirió fama y su dueña se hizo rica, si bien nadie podía precisar con exactitud a cuánto ascendía su fortuna (aunque muchos lo intentaron).  ¿Ascendía a un millón o a cien millones de dólares EE.UU.?  Imposible saberlo.  Aun así, la gata seguía con su expresión de disgusto.

Con todo, si se podía generar tanto dinero tan solo poniendo la imagen de una gata en objetos cotidianos para luego venderlos, quedaba patente la necesidad de proteger esa imagen y las marcas comerciales conexas.  Al haber tanto en juego, nadie debería poder utilizar la imagen y las marcas de Grumpy Cat sin antes solicitar la autorización de la dueña.  La compañía de la propietaria de la gata determinaría cómo y dónde se podían usar la imagen y las marcas, y en caso de incumplir esas reglas el usuario se enfrentaría a graves problemas.

Como ven, la dueña de la gata debía asegurarse de proteger a su tan rentable felino con una verdadera coraza de derechos de PI:  derechos de autor, marcas registradas y acuerdos de licencia.  Todos estos derechos permitieron que los titulares de estos disfrutaran y se beneficiaran del negocio de Grumpy Cat, y al tiempo garantizaban que nadie pudiera aprovecharse de la extraña expresión gatuna y convertirla en su propio negocio, sin antes solicitar el permiso de la dueña de la gata.  De lo contario, podría verse arrastrado ante un tribunal para explicar sus acciones al demandante (la dueña del gato), el juez e incluso tal vez a un jurado.  Y si el jurado llegara a la conclusión de que el sujeto había realmente intentado sacar provecho de la imagen, sin obtener la autorización previa requerida, probablemente tendría que pagar montones de dinero a la gata gruñona.

De hecho, eso fue lo que le sucedió a la empresa de bebidas Grenade Beverage LLC que había firmado un contrato de licencia con Grumpy Cat Limited para vender un café helado llamado Grumpy Cat Grumppuccino.  Unos pocos años después de la firma, los licenciatarios decidieron saltarse los límites establecidos por los términos acordados y comenzaron a vender otro producto bajo la apelación de Grumpy Cat Roasted Coffee.  Cuando Grumpy Cat Limited se enteró de que los términos del acuerdo habían sido violados, llevó a Grenade Beverage LLC ante los tribunales por infracción de derechos de autor, infracción de marca registrada, incumplimiento de contrato e incluso ¡por ciberocupación!  El jurado declaró responsable a Grenade Beverage LLC y le ordenó pagar a Grumpy Cat Limited más de 700.000 dólares EE.UU. en concepto de daños y perjuicios.  ¡Eso representa cerca de 175.000 Grumpy Cat Grumppuccinos!

Mientras Grumpy Cat mantenía su expresión de suma contrariedad, su dueña estaba encantada de haber protegido de manera tan cabal los derechos de PI asociados con la imagen de la gata y el negocio conexo, y con razón.  Estos derechos le habían permitido montar su negocio y proteger el puesto de la gata en el mercado (¿cuántos otros felinos pueden decir que son una celebridad en Internet o que encabezan un imperio comercial?).  También significaban que su empresa podía proteger su marca y emprender acciones jurídicas contra todo aquel que se atreviera a aprovechar la fama de la gata gruñona.

¿Cuál es la moraleja de esta historia?  Cualquier empresa que crea que tiene una idea que valga la pena comercializar debería proteger los derechos de PI correspondientes, como si ya fueran una fuente de ingresos.  No importa si la idea es tan sencilla como poner una foto de gato en una taza o en una camiseta y venderlas.  Nunca se sabe en qué momento despegará un negocio, ni el éxito que alcanzará.  Además, si su confianza en el valor de su idea es suficiente como para dedicar tiempo, energía y capital a la búsqueda de inversionistas y otros interesados, también debería considerar lo que podría sucederle a su empresa si no se protegen los derechos de PI que la sustentan.

Piénselo:  si no protege su PI, podría quedar fuera de juego, mientras otros se dedican a lucrarse con su idea.  Entonces tendría verdaderos motivos de poner mala cara.

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