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Premios “Diseño para la Vida” (Design for Life) – Puente Maosi

Abril de 2007

Niños de la aldea Maosi en la provincia de Gansu (China) atraviesan el puente, que ellos mismos ayudaron a construir, para ir a la escuela sin peligro. (Cortesía de INDEX Awards)
Niños de la aldea Maosi en la provincia de Gansu (China) atraviesan el puente, que ellos mismos ayudaron a construir, para ir a la escuela sin peligro. (Cortesía de INDEX Awards)

Un puente arquitectónico típico es aquel que resuelve los problemas del espacio, el entorno y la carga de la manera más elegante posible. El puente Maosi es sobrio y grande, pero se adapta extraordinariamente a su entorno. Se trata de un ejemplo maravilloso de la manera en que el pensamiento de la arquitectura y el diseño imaginativos puede crear algo precioso y potenciador de los vínculos sociales” – Observación formulada por el jurado del Premio Internacional 2006 del Royal Institute of British Architects.


Entre los candidatos principales para recibir este año los premios “Diseño para la Vida” (Design for Life) de INDEX, figura un extraordinario proyecto de construcción en la lejana provincia de Gansu, al noroeste de China. Extraordinario, no por su alta tecnología, ni por ser una magnífica obra de arte, sino por la armonía entre los postulados de su diseño y construcción, y las necesidades de la comunidad que lo utiliza.  

El río Po atraviesa la aldea Maosi, dividiéndola en dos partes. Cada otoño, sus habitantes tenían que reconstruir el viejo puente de troncos, tras ser destruido por las crecidas provocadas por las lluvias monzónicas. Su superficie estrecha y deslizante resultaba peligrosa para los 200 niños que tenían que atravesar el río varias veces al día para desplazarse a la escuela, que se encontraba en la otra orilla, y volver a sus hogares. En uno de los accidentes que se producían periódicamente, una madre y su hijo perecieron arrastrados por las aguas.

El profesor Edgard Ng Yan-ynug, del Departamento de Arquitectura de la Universidad China de Hong Kong, llegó un día por casualidad a la aldea y asumió el desafío de diseñar una solución económica, simple y de fácil mantenimiento para los habitantes de la aldea. Reunió a varios arquitectos, ingenieros, estudiantes y personas no expertas para que aportaran ideas. Después de dos años de investigación y planificación, el resultado fue el Wu Zhi Qiao (Puente de la sostenibilidad), de 80 metros de largo. 

En lugar de tratar de conquistar la naturaleza con una estructura masiva, el equipo construyó pilares sin cimientos, configurados para reducir al mínimo la resistencia al agua, y suficientemente pesados como para no ser arrastrados por la corriente. Gran parte del puente fue construido a mano por los habitantes de la aldea utilizando en su mayoría materiales naturales y locales, como la piedra y el bambú. El puente se divide en pequeños tramos con agarraderos, de tal manera que si un tramo se desprende, puede ser sustituido por seis personas. Los tablones del puente sobre los pilares están diseñados en zigzag para evitar que los vehículos pesados atraviesen el puente ‑con la ventaja añadida de que los espíritus malignos no pueden girar en las esquinas, según la creencia tradicional china‑. “Después de 20 años, ahora puedo volver a visitar a mis amigos en la otra orilla del río”, comentaba un anciano a los que trabajaban en la construcción del puente.

El nuevo puente ha resistido a las crecidas durante los últimos 15 meses, y las cubiertas de bambú se han reforzado al cubrirse con el barro arrastrado por las aguas. Este proyecto ha sido galardonado con tres importantes premios de arquitectura, en particular el del Royal Institute of British Architects. Animado por el éxito, el equipo ha iniciado otro proyecto de construcción de un puente en un pueblo tibetano de la provincia de Sichuan. El profesor Ng espera que este proyecto estimule a los jóvenes para construir más puentes y llegar a más comunidades. 

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