Francis Gurry fue director general de la OMPI del 1 de octubre de 2008 al 30 de septiembre de 2020.

Índice Mundial de Innovación 2020: ¿Quién financiará la innovación?

Septiembre de 2020

Por Catherine Jewell, División de Publicaciones, OMPI

En la edición de 2020 del Índice Mundial de Innovación, presentada a principios de septiembre en Ginebra (Suiza), se expone la clasificación mundial más reciente de los países en función de su desempeño en materia de innovación. El Índice Mundial de Innovación, que publica ahora su 13ª edición, contribuye a que los encargados de la formulación de políticas comprendan mejor la manera de fomentar la innovación a fin de lograr los objetivos nacionales de desarrollo social y económico. En medio de la turbulencia económica provocada por la pandemia de la COVID-19, en la edición de 2020 del Índice Mundial de Innovación se estudia la cuestión de quién financiará la innovación. Sacha Wunsch-Vincent, economista principal de la OMPI y uno de los coeditores del Índice Mundial de Innovación 2020, examina algunas de las principales constataciones del informe.

¿Qué pone de manifiesto la clasificación del Índice Mundial de Innovación 2020?

Suiza, Suecia y los Estados Unidos de América siguen encabezando la clasificación pdf. La República de Corea (en el décimo puesto) ha entrado por primera vez en el grupo de los diez primeros clasificados. China (en el 14.º puesto) sigue siendo el único país de ingresos medios que se encuentra entre las 30 primeras economías del Índice Mundial de Innovación, y los Emiratos Árabes Unidos (en el 34.º puesto) han logrado este año por primera vez estar entre los 35 mejores clasificados. Asimismo, la India (en el 48.º puesto) y Filipinas (en el 50.º) se cuentan entre los 50 primeros países por primera vez. Es destacable el progreso continuado de Filipinas en la clasificación, en la que ha ascendido 50 posiciones desde 2014.

En los últimos siete años, China, Filipinas, la India y Viet Nam han sido los países que más han avanzado en la clasificación.

Si bien los desequilibrios en materia de innovación persisten, el Índice Mundial de Innovación 2020, que tiene en cuenta un amplio conjunto de parámetros, muestra que varias economías emergentes han logrado excelentes resultados en innovación. Por ejemplo, Tailandia ocupa el primer puesto mundial en investigación y desarrollo (I+D) empresarial y Malasia es el primer exportador neto de alta tecnología. Botswana ocupa el primer puesto en gastos de educación y Mozambique es líder en inversión en innovación. México se presenta como el mayor exportador de productos creativos en relación con el comercio total a escala mundial.

Los efectos de la crisis en la innovación dependerán de las situaciones de recuperación y de las prácticas en los ámbitos de la empresa y la innovación, así como de las políticas que se adopten.

Además, de las 25 economías que presentan un rendimiento en innovación superior al que se podría esperar teniendo en cuenta su nivel de desarrollo, ocho corresponden al África Subsahariana. Es interesante señalar que la India, Kenya, Moldova y Viet Nam llevan diez años consecutivos en el grupo de los “artífices de la innovación”.

En cuanto a los polos de ciencia y tecnología, el Índice Mundial de Innovación 2020 también revela que la innovación se concentra en determinados países de ingresos altos y en China. Tokio-Yokohama (Japón) sigue siendo el polo más dinámico, seguido de Shenzhen-Hong Kong-Guangzhou (China), Seúl (República de Corea), Beijing (China) y San José-San Francisco (Estados Unidos de América).

¿Por qué el Índice Mundial de Innovación de este año se centra en la financiación de la innovación?

La capacidad de garantizar el acceso a unas fuentes de financiación sostenibles es un desafío constante para los innovadores de todo el mundo, y actualmente es especialmente difícil debido a la pandemia de la COVID-19. La financiación desempeña un papel en todas las etapas del ciclo de innovación, desde la concepción del producto, servicio o tecnología hasta su comercialización, entre otras.

Antes de la pandemia, en el panorama de la financiación de la innovación estaban apareciendo nuevos actores, como fondos soberanos y organizaciones sin ánimo de lucro. Además, si bien los regímenes públicos seguían siendo un vehículo fundamental de la financiación de la innovación, habían comenzado a surgir nuevos mecanismos de financiación, como los mercados de PI, la financiación colectiva y las soluciones de tecnofinanzas. A pesar de que la crisis actual ha puesto freno a esos avances, y dado que es poco probable que desaparezcan, merecen un examen más exhaustivo.

Principales sectores en los que se concentra la inversión en I+D en relación con el total de los principales inversores en I+D (2018-2019)

Fuente: Índice Mundial de Innovación 2020, pág. 4

¿Cuáles son los efectos de la crisis de la COVID-19 en la innovación?

Para comprender el impacto en la innovación, es importante observar primero el contexto en el que surgió la crisis de la COVID-19. El Índice Mundial de Innovación 2019 transmitía un mensaje muy optimista en cuanto a las previsiones de la innovación mundial.

En el último decenio, el crecimiento del gasto promedio en innovación fue mayor que el de la economía mundial, que no se había recuperado completamente de la crisis financiera mundial de 2009, el capital riesgo alcanzó niveles sin precedentes y la actividad mundial de presentación de solicitudes de registro de derechos de propiedad intelectual (PI) registró un nuevo máximo cada año. Además, en todo el mundo emergió con una firmeza abrumadora la determinación política de impulsar la innovación a fin de lograr los objetivos nacionales de desarrollo social y económico. El panorama mundial de la innovación estaba en un momento de prosperidad. Entonces, la COVID-19 conmocionó el mundo.

Es probable que escaseen el capital riesgo y otras fuentes de financiación de la innovación, especialmente para las empresas con horizontes de investigación más alejados. Estos riesgos de deterioro tienen efectos negativos en el desarrollo futuro de las principales innovaciones de vanguardia.

Según la bibliografía económica, cabe esperar que la crisis de la COVID-19 tenga graves efectos negativos en la innovación. Históricamente, las fases posteriores a las pandemias son períodos prolongados de escasez de inversión en innovación. Igual que en recesiones anteriores, como la crisis financiera mundial de 2009, es probable que el gasto en investigación y desarrollo y otros sectores de la innovación disminuya en 2020.

Sin embargo, los efectos de la crisis en la innovación dependerán de las situaciones de recuperación y de las prácticas en los ámbitos de la empresa y la innovación, así como de las políticas que se adopten. Las crisis pasadas han afectado de forma diferente a los distintos sectores y países, algunos de los cuales han experimentado unos mayores niveles de innovación. Esto puede volver a suceder en la actualidad. De hecho, la crisis de la COVID-19 ya está catalizando la innovación, especialmente en el sector sanitario, donde se están invirtiendo sumas sin precedentes en la carrera para elaborar una vacuna y otras terapias y diagnósticos relativos a la COVID-19.

¿Cuál es la situación actual de la financiación empresarial de la I+D?

El Índice Mundial de Innovación 2020 muestra que el gasto en investigación y desarrollo (I+D) está muy concentrado en unos pocos miles de entidades de I+D en todo el mundo. Las 2.500 principales empresas que invierten en I+D abarcan más del 90% de la financiación empresarial del I+D en todo el mundo. Para la mayor parte de estas compañías, la innovación es fundamental para su estrategia empresarial.

¿Cuáles son los sectores con mayor probabilidad de responder de manera resiliente a la crisis?

Estimulados por la digitalización actual, los sectores de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) y de los programas informáticos probablemente recuperarán unos ingresos sólidos y un buen crecimiento de la I+D. En la carrera para obtener tratamientos eficaces contra la COVID-19, las compañías farmacéuticas y biotecnológicas también tienen posibilidades de obtener unos resultados muy positivos en el contexto actual. Puede afirmarse lo mismo respecto del sector de las energías alternativas.

Los más optimistas prevén que estos sectores con un alto grado de I+D contribuirán a evitar una rápida recesión de la I+D a medio y largo plazo. A pesar de que los más perjudicados por el parón económico causado por la COVID-19 son las empresas, especialmente las dedicadas a los artículos de uso doméstico (al por menor y al por mayor), los viajes y el ocio, y los profesionales de los sectores creativos (entre ellos, los espacios de conciertos y los artistas), estos no suelen formar parte de los grandes inversores formales en innovación.

Empresas que más gastan en I+D por sectores (2018-2019)

Fuente: Índice Mundial de Innovación 2020, pág. 4

¿Cuáles son los efectos esperados en la financiación de la innovación?

A diferencia de la crisis económica mundial de 2009, afortunadamente la situación actual no tiene su origen en una crisis de los sectores financiero o bancario. La mala noticia es que los indicadores de capital riesgo, del que dependen las empresas, especialmente las emergentes, muestran que se está agotando el dinero para financiar las iniciativas innovadoras.

Los datos preliminares indican que el aumento de los niveles de aversión al riesgo está limitando el acceso al capital por parte de las empresas jóvenes. En efecto, es probable que escaseen el capital riesgo y otras fuentes de financiación de la innovación, especialmente para las empresas con horizontes de investigación más alejados. Estos riesgos de deterioro tienen efectos negativos en el desarrollo futuro de las principales innovaciones de vanguardia.

Al mismo tiempo, es probable que países de ingresos altos como los Estados Unidos de América y economías emergentes en rápido crecimiento como China, que son imanes para el capital riesgo, se recuperen rápidamente. Existe una gran atracción hacia la innovación y un deseo de aportar capital para obtener un rendimiento. Los acuerdos de capital riesgo, por ejemplo, se han reducido a la mitad a principios de año debido a la pandemia, pero ya se están recuperando con fuerza y sirven de catalizador de la educación en línea, la inteligencia de datos, los programas informáticos y la robótica.

Las medidas normativas que estimulan la inversión, desbloquean las fuentes futuras de crecimiento y alientan la consecución de objetivos a largo plazo tendrán una importancia fundamental en el futuro.

¿Qué están haciendo los encargados de formular las políticas para mitigar los efectos de la crisis actual en la innovación?

La mayor parte de los gobiernos de las economías de ingresos altos y medianos están adoptando medidas de apoyo de urgencia para atenuar los efectos del confinamiento y la crisis inminente y para prevenir el daño a las economías nacionales a corto y medio plazo. Se estima que, hasta ahora, se han destinado a este fin 9 billones de dólares de los Estados Unidos.

Sin embargo, por lo general estas medidas todavía no están dirigidas de forma explícita a financiar la innovación y las empresas emergentes. Es más, muchas empresas emergentes no cumplen los requisitos de los regímenes disponibles o, si los cumplen, tienen dificultades para acceder a ellos. No obstante, unos cuantos países, principalmente europeos, están creando fondos especiales para apoyar a las empresas emergentes. Por ejemplo, en Francia se han reservado 80 millones de euros para colmar la escasez de financiación en materia de innovación a la que se enfrentan las empresas emergentes. Igualmente, en Suiza se han destinado 154 millones de francos suizos a préstamos para las empresas emergentes con problemas de liquidez debidos a la pandemia.

¿En qué deberían centrarse los gobiernos a largo plazo?

Tras haber superado las consecuencias más graves del confinamiento, será fundamental que los gobiernos adopten estrategias de innovación con visión de futuro, aunque conlleven una mayor deuda pública. Si no se frena el descenso del gasto en innovación, se reducirán las oportunidades de crecimiento a largo plazo.

Después de la crisis económica mundial de 2009, algunos gobiernos adoptaron políticas de apoyo al crecimiento que comprendían medidas para estimular la innovación y su financiación, lo que les ayudó a salir fortalecidos. En algunos países ya se está trasladando la atención de la contención a la recuperación. En los Estados Unidos de América y en China, por ejemplo, se estudia la posibilidad de invertir grandes sumas de dinero adicionales que sirvan de estímulo para construir infraestructura e impulsar la innovación.

Tras haber superado las consecuencias más graves del confinamiento, será fundamental que los gobiernos adopten estrategias de innovación con visión de futuro, aunque conlleven una mayor deuda pública.

Las medidas normativas que estimulan la inversión, desbloquean las fuentes futuras de crecimiento y alientan la consecución de objetivos a largo plazo tendrán una importancia fundamental en el futuro. Habida cuenta de que los efectos de la crisis económica causada por la pandemia son desiguales en los distintos sectores y países, la formulación de políticas basada en información objetiva será todavía más importante para comprender mejor esos efectos.

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