Contribución de las indicaciones geográficas a la sostenibilidad del medio ambiente: el caso del Madd de Casamance

Junio de 2020

Por Pape-Tahirou Kanouté, economista agrícola, ETDS, Ziguinchor (Senegal); y Michele Evangelista, Registro de Lisboa, OMPI

En medio de la crisis climática en que vivimos actualmente, la necesidad de preservar el medio ambiente natural se ha convertido en una creciente preocupación pública. Los consumidores, sobre todo los jóvenes, apelan al compromiso activo de los gobiernos y el sector privado para que adopten estrategias y políticas que favorezcan la sostenibilidad ambiental.

El madd (o Saba senegalensis) es una especie de fruto silvestre, una baya de cáscara dura y amarilla que se encuentra principalmente en los bosques y ciertas sabanas de Burkina Faso, el Senegal, Guinea, Guinea-Bissau, Malí, Ghana y Côte d'Ivoire. Se trata de una planta trepadora con zarcillos que le permiten aferrarse a los troncos y ramas de los árboles del bosque, donde crece de forma silvestre. (Foto: Cortesía de ETDS)

Además, la población mundial está aumentando, y se prevé que alcance unos 9.800 millones de habitantes en 2050. Estos factores plantean importantes retos con relación a la cantidad y la calidad de los alimentos que se requieren para cubrir las necesidades y al impacto de la agricultura y los sistemas de producción alimentaria en el medio ambiente. Ahora bien, ¿qué tiene todo esto que ver con el derecho de propiedad intelectual conocido como indicación geográfica?

La respuesta se encuentra en el hecho de que hay productos de calidad cuyo origen geográfico concreto les confiere unas características o calidad específicas o una reputación única, por lo que resultan altamente comercializables y crean valor para millones de productores de todo el mundo. Los productores suelen proteger y comercializar esos productos de calidad vinculados a su origen como indicación geográfica, un tipo de distintivo que generalmente consiste en la denominación geográfica donde se origina el producto o que incluye esa denominación. Si bien la sostenibilidad ambiental no es un requisito indispensable para adquirir una indicación geográfica, el proceso de obtención de la condición de indicación geográfica puede ser un instrumento valioso para promover objetivos de sostenibilidad ambiental.

Desde el principio, los actores locales de la cadena de valor del Madd de Casamance reconocieron la importancia fundamental de preservar el entorno en el que crece este fruto.

Indicaciones geográficas: un incentivo para la gestión eficaz de los recursos naturales

Las indicaciones geográficas permiten identificar productos que se originan en determinadas localizaciones geográficas. La calidad, la reputación o las características de esos productos están intrínsecamente vinculadas a su origen geográfico y son esencialmente atribuibles a este. El estrecho vínculo que mantienen los productos comercializados bajo una indicación geográfica con la región donde se producen (incluidos los factores naturales y humanos) supone para los productores un incentivo para mantener la integridad de los recursos naturales que permiten producirlos. Ello explica por qué indicaciones geográficas bien establecidas, como Grana Padano, Scotch Whisky y Banano de Costa Rica, adoptaron políticas ecológicas mucho antes de que los consumidores y la opinión pública comenzaran a cuestionar a las grandes empresas y marcas con relación a los efectos de sus operaciones en el medio natural.

No obstante, esa conciencia ambiental no se limita a las indicaciones geográficas establecidas. Los productores de bienes con potencial para acogerse a la protección de las indicaciones geográficas, como el fruto Madd de Casamance, también velan por la incorporación de las consideraciones relativas a la sostenibilidad en los reglamentos y mecanismos de control que establecen para regular las prácticas de recolección y la elaboración de productos derivados.

El Madd de Casamance

El madd (o Saba senegalensis) es una especie de fruto silvestre, una baya de cáscara dura y amarilla que se encuentra principalmente en los bosques y ciertas sabanas de Burkina Faso, el Senegal, Guinea, Guinea-Bissau, Malí, Ghana y Côte d'Ivoire. Se trata de una planta trepadora con zarcillos que le permiten aferrarse a los troncos y ramas de los árboles del bosque, donde crece de forma silvestre. Sus flores, de color blanco amarillento y blanco verdoso, son muy aromáticas, y sus frutos, de color naranja cuando están maduros, tienen forma ovoide y miden hasta 10 centímetros de largo y 8 centímetros de ancho y están llenos de semillas recubiertas de pulpa. Los frutos son ricos en carbohidratos y vitaminas A, K y C. Si se comen frescos, las semillas tienen un sabor agrio y suelen aderezarse con azúcar, sal o pimienta o utilizarse como condimento.

El fruto también se utiliza para hacer zumos, siropes y conservas. El Madd de Casamance, que crece en la región de Casamance, situada en la zona meridional del Senegal, goza de una gran reputación por su sabor y sus propiedades medicinales y ha sido comercializado con cierto éxito por las mujeres, en particular, en ciudades como Dakar. Este fruto tiene un gran potencial para convertirse en una indicación geográfica emblemática de la región, y en la primera indicación geográfica de África para un producto silvestre.

El madd (o Saba senegalensis) es de color naranja cuando está maduro, tiene forma ovoide y está lleno de semillas recubiertas de pulpa; además, es una fuente rica de carbohidratos y vitaminas A, K y C. (Foto: Cortesía de ETDS)

El camino hacia el registro de Madd de Casamance como indicación geográfica

El proceso de registro de Madd de Casamance como indicación geográfica comenzó en 2017, con una conferencia subregional organizada por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), en colaboración con la Organización Africana de la Propiedad Intelectual (OAPI) y la Agencia Senegalesa para la Propiedad Industrial y la Innovación Tecnológica (ASPIT). En un estudio pdf que se presentó durante una de las reuniones de la conferencia se evaluaba el potencial de este fruto como indicación geográfica, así como el grado de interés entre los productores locales por participar en el proceso de registro. En el estudio se reconocía la reputación y las características distintivas del fruto y sus productos derivados. También se señalaban otros factores fundamentales para apoyar su registro como indicación geográfica, entre ellos la necesidad de definir los límites geográficos de la zona de producción y de establecer la trazabilidad del fruto y los productos derivados reconocidos por la indicación.

Los productores locales confirmaron su interés en proteger el fruto, y, en 2019, con el apoyo de la Agencia Nacional de Asesoramiento Agrícola y Rural (ANCAR), la ASPIT, la FAO, la OAPI y la OMPI, pusieron formalmente en marcha un proyecto piloto para el desarrollo y el registro de Madd de Casamance como indicación geográfica. El proyecto también permitirá apoyar el desarrollo de la región de Casamance, en consonancia con el objetivo previsto en la Ley III de descentralización del Senegal de organizar el país en territorios de desarrollo viable, competitivo y sostenible para 2022.

Organización comunitaria: la unión hace la fuerza

Desde el inicio del proceso, actores locales como la organización no gubernamental senegalesa ETDS (Economie Territoires et Développement Services) comenzaron a trabajar con los productores locales (en un principio, la mayoría mujeres) interesados en añadir valor a los productos que obtenían del madd recolectado en la región.

La primera prioridad de ETDS fue apoyar a los productores locales - que serían los responsables de regular la indicación geográfica una vez registrada - para establecer una asociación formal encargada de gestionar y administrar la indicación geográfica. Estos esfuerzos culminaron con la puesta en marcha, en noviembre de 2019, de la APPIGMAC (Association pour la Protection et la Promotion de l'Indication Géographique Madd de Casamance). El objetivo de la Asociación es aglutinar a todos los que se dedican a la recolección, producción y distribución del fruto de la región y se encarga de proteger y promover el Madd de Casamance y sus productos conexos.

Reunir a los productores locales en torno a la APPIGMAC les permite intercambiar ideas y acordar estrategias comunes para la gestión de la cadena de valor de la indicación geográfica. Por ejemplo, les permite elaborar y aplicar un plan de garantía de la calidad para asegurar que el fruto se recolecte en condiciones específicas y satisfaga las normas establecidas. La APPIGMAC también está trabajando en la búsqueda de nuevos mercados y estrategias para aumentar el valor y la venta de sus productos distintivos.

El madd que crece en la región de Casamance, situada en la zona meridional del Senegal, goza de una gran reputación por su sabor y sus propiedades medicinales y ha sido comercializado con cierto éxito por las mujeres, en particular, en ciudades como Dakar. (Foto: Cortesía de ETDS)

Los productores apuestan por la sostenibilidad ambiental

Conscientes de la importancia fundamental de preservar el medio ambiente en el que crece el Madd de Casamance, los productores locales han trabajado desde el principio del proceso de registro de la indicación geográfica para asegurarse de que sus prácticas de recolección y producción se rigen por consideraciones de sostenibilidad. ¿Qué motivos tienen para ello? La razón es que los bosques de la región de Casamance están amenazados por el crecimiento demográfico, la expansión urbana y la explotación desenfrenada de los recursos naturales. La sobreexplotación de los bosques, los incendios, las sequías y el pastoreo excesivo han aumentado el riesgo de inundaciones y erosión y han provocado la desaparición de numerosas especies animales, lo que supone una verdadera amenaza para la producción del Madd de Casamance.

En vista de ello, los recolectores y procesadores locales de la cadena de valor del Madd de Casamance han acordado métodos precisos de explotación forestal para recuperar y mantener la integridad del ecosistema forestal original. Estas prácticas óptimas permiten equilibrar la explotación de los recursos naturales con la necesidad de regenerar los bosques donde crece el fruto y forman parte de los requisitos obligados (pliego de condiciones) que cada productor tendrá que respetar si desea etiquetar sus productos con la indicación geográfica, una vez que se haya registrado. La Asociación confía en completar el proceso de registro antes de que finalice 2020.

Las indicaciones geográficas tienen el potencial de contribuir a la expansión de las prácticas ambientalmente sostenibles, lo que podría resultar más difícil de lograr con empresas individuales.

Animada por los resultados positivos conseguidos mediante este enfoque, ETDS está trabajando con las comunidades locales para fortalecer otros mecanismos de gestión silvícola de base comunitaria. Así, por ejemplo, gracias al empeño de algunos grupos de voluntarios por mejorar la gestión de los bosques, Oussouyé (en la región de Casamance) fue el único departamento del Senegal que no registró ningún incendio forestal en 2019.

Las experiencias derivadas de la gestión del Madd de Casamance también están inspirando a otras comunidades a adoptar medidas ambientales positivas. Por ejemplo, los habitantes de Dablé, un barrio de la aldea de Thiobon, en el departamento de Bignona, han establecido un comité y acordado recolectar la fruta silvestre ditakh (Detarium senegalese), que constituye una parte importante de la economía local, únicamente cuando esté madura y solo los fines de semana. Quien infrinja esas normas se arriesga a que se le prohíba el acceso al bosque y a que se le confisque la fruta recolectada. También están empleando a jóvenes para supervisar el bosque y velar por la correcta aplicación de las normas. Del mismo modo, con el apoyo de ETDS, varias asociaciones locales están trabajando para regenerar los bosques de la zona alrededor de la aldea de Sindian.

ETDS está dispuesta a encontrar nuevos asociados para apoyar otras actividades de reforestación en la región.

El madd de Casamance tiene un gran potencial para convertirse en una indicación geográfica emblemática de la región, y en la primera indicación geográfica de África para un producto silvestre. (Foto: Cortesía de ETDS)

Apoyar la sostenibilidad y empoderar a las comunidades mediante las indicaciones geográficas

El ejemplo del Madd de Casamance ilustra cómo las indicaciones geográficas pueden favorecer las dimensiones ambiental, social y económica de la sostenibilidad y la transición hacia un futuro verde. Como esfuerzo colectivo, las indicaciones geográficas tienen el potencial de contribuir a la expansión de las prácticas ambientalmente sostenibles, lo que podría resultar más difícil de lograr con empresas individuales.

Además, los agentes económicos que intervienen en las cadenas de valor de las indicaciones geográficas, es decir, productores, transformadores y distribuidores, están acostumbrados a someterse a auditorías independientes, en particular en lo que concierne a la producción y la calidad de los productos. A diferencia de muchos otros bienes, los productos protegidos por indicaciones geográficas están sujetos a controles regulares para garantizar que los consumidores disfruten de sus cualidades asociadas. Por ello, puede resultar relativamente fácil adaptar los productos distinguidos con una indicación geográfica a las auditorías de sostenibilidad.

Para mantener la reputación y las características de los productos de calidad procedentes de una zona determinada, los productores deben reconocer la importancia de gestionar eficazmente los recursos que determinan las cualidades de sus artículos, en particular cuando se trata de productos y alimentos naturales y agrícolas. No se trata solamente de una obligación moral con respecto al medio ambiente, sino de una cuestión de interés económico propio. La producción sostenible de esos bienes y, de hecho, el bienestar social y económico de las comunidades encargadas de producirlos, depende de unas prácticas eficaces y sostenibles de gestión de la tierra y los recursos naturales.

En el caso del Madd de Casamance, que también es una valiosa fuente nutricional para la comunidad, el hecho de asegurar la certificación de indicación geográfica no solo apoya los objetivos ambientales de la comunidad, sino que también estimula el empoderamiento de los jóvenes y las mujeres.

Por ejemplo, los jóvenes suelen encargarse de la recolección de los frutos, y utilizan las ganancias para financiar sus estudios. Por su parte, las mujeres desempeñan un papel fundamental en la elaboración y venta de los zumos, siropes y conservas derivados del fruto, así como en la creación de la reputación de sus productos y el establecimiento de la cadena de valor. De hecho, fueron las mujeres quienes dieron los primeros pasos para conseguir la condición de indicación geográfica de Madd de Casamance.

La certificación de indicación geográfica es un esfuerzo colectivo en el que participan muchos actores de la cadena de valor, y en la medida en que toda la comunidad se compromete a alcanzar los mismos objetivos, se intensifica el impulso de la acción colectiva para cumplirlos.

En el caso del Madd de Casamance, y, de hecho, de otros productos protegidos por indicaciones geográficas, vemos que cuando la sostenibilidad ambiental se considera un objetivo de interés común, la organización comunitaria necesaria para obtener la condición de indicación geográfica puede convertirse en un importante instrumento para dar respuesta a los problemas de sostenibilidad y a las preocupaciones ambientales de nuestro tiempo.

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