Wafrica: el estudio de la identidad a través del diseño

Diciembre de 2018

Por Catherine Jewell, División de Comunicaciones, OMPI

A finales de la década de 2000, el diseñador camerunés Serge Mouangue, fundador y director artístico de Wafrica, abandonó el mundo del diseño industrial y de los prototipos de automóviles para emprender el camino de una nueva narrativa estética que cuestiona la idea del origen y la identidad a través del diseño artístico. Fascinado por su experiencia como africano residente en el Japón, y por las similitudes entre las culturas del Japón y África Occidental, resolvió crear una estética nueva que fusionara la elegancia y la sofisticación de los referentes culturales japoneses con los colores vibrantes y la exuberancia de África Occidental. El diseñador habla de su trabajo y de por qué es tan importante para los creadores recurrir al sistema de propiedad intelectual (PI) para proteger su obra.

La obra de Serge Mouangue (arriba) fusiona la elegancia y sofisticación de los referentes culturales japoneses con los colores vibrantes y la exuberancia de África Occidental. “Juego con símbolos y referencias profundamente arraigados, y les añado nuevos matices para que la gente contemple nuevas perspectivas,” afirma (foto: James Duncan Davidson).

¿Cuál fue su inspiración para diseñar kimonos a partir de tejidos africanos?

Cuando vivía en el Japón, vi algunas similitudes notables entre África y ese país. Los africanos y los japoneses pueden parecer diferentes, pero los dos países abrazan el mundo espiritual del animismo y poseen un fuerte sentido de los códigos y la jerarquía. La relación que mantenemos con nuestros mayores también es la misma. En esas similitudes vi una historia que podía transformarse en una estética nueva que aunara dos referentes culturales de peso –los tejidos estampados de África Occidental y el kimono japonés– y que permitiera al público examinar el significado de la identidad.

¿Qué más nos puede explicar sobre Wafrica?

Wafrica es una marca registrada, pero no es una marca de moda. Es una plataforma creativa en la que se pueden encontrar diversas colecciones de kimonos, actuaciones en vivo y una serie de obras de arte singulares que creamos con nuestros socios. La idea de combinar las estéticas de África Occidental y el Japón es un elemento fundamental de Wafrica. “Wa” es el antiguo nombre del Japón y significa armonía. El objetivo que persigo con Wafrica es ir más allá del ámbito mercantil para crear un movimiento, o un fenómeno, que atraiga a la gente y le permita valorar la diversidad y verla como algo verdaderamente positivo.  

¿Cuál ha sido la reacción a sus kimonos? 

Los deslumbrantes kimonos de Serge Mouangue centraron el interés de un evento cultural organizado por el Gobierno del Japón y la OMPI durante la serie de reuniones anuales de las Asambleas de la OMPI en septiembre de 2018 (foto: Violaine Martin / OMPI).

En el Japón, hay quienes dudan y no saben cómo interpretarlos. Piensan que los kimonos están bien y están intrigados por el toque diferente que les hemos dado. Algunos los rechazan, diciendo que no son japoneses. Otros consideran que son el futuro. No es algo japonés ni tampoco africano, es simplemente el modo en que debería evolucionar el mundo. En África, les encantan los kimonos. No siempre saben cómo ponérselos, pero eso es algo positivo, porque no quiero imponer cómo se han de vestir mis diseños.

¿Con qué otros referentes ha trabajado?

Poco después de empezar a diseñar kimonos, decidí hacer algo parecido con el laqueado japonés y las esculturas africanas. Así es como surgió “Blood Brothers” (hermanos de sangre). Fui a una región del Camerún en la que tallan los taburetes que utilizan los jefes pigmeos durante las reuniones de la aldea y los llevé al Japón, donde empecé a trabajar con un fabricante de laqueado urushi. Ese fabricante trabaja exclusivamente para el emperador, pero cuando le expliqué mi proyecto, se sumó de inmediato. Utilizando técnicas ancestrales, fueron necesarios dos años para completar el trabajo de laqueado. Los hermanos de sangre y otras obras similares de laqueados han insuflado nueva vida a esas viejas tradiciones. Representan un diálogo entre dos identidades ancestrales, sólidas y singulares. Sacan provecho de las nuevas posibilidades que surgen de la mezcla de referentes culturales únicos para formar una nueva conciencia internacional de carácter abierto. Su razón de ser es la esperanza.

¿Cómo llegó al mundo del diseño?

Blood Brothers, una colaboración entre Serge Mouangue y un
fabricante de laqueado japonés urushi que utiliza técnicas ancestrales
(foto: Véronique Huyghe and Mario Simon).

Dibujar siempre había sido lo mío y por esa razón estudié diseño. Comencé con la decoración de interiores y de ahí pasé al diseño de productos. Tras terminar mis estudios, trabajé en Australia durante un tiempo con Glen Murcutt, ganador del Premio Pritzker de Arquitectura en 2002. A continuación, me fui a China a diseñar calzado y, a mi vuelta a Francia, acabé diseñando prototipos de automóviles para Renault. Me enviaron al Japón, que me pareció realmente interesante y fascinante, de manera que decidí explorar distintas vías creativas. Quería crear algo que reflejara mi experiencia como africano en el Japón. Tomé un referente del Japón y un referente de África Occidental y los fusioné en algo que no solo cuenta la historia de dos culturas, sino que labra un territorio nuevo y propio, y ofrece una estética alternativa. A decir verdad, mi primer kimono lo diseñé en 2007 por curiosidad. Generó mucha expectación y la gente me empezó a pedir que les hiciera uno. Un amigo me sugirió que debía empezar a ponerles nombre a mis creaciones y, de esa manera, al final se nos ocurrió el nombre de Wafrica.

¿Qué significa para usted el diseño?

La verdad es que no pienso mucho en el tema. Dirijo mis esfuerzos a crear y cambiar un entorno mediante la elaboración de un nuevo discurso en el que empleo cosas que podemos tocar, oír y oler, cosas con las que podemos vivir. El diseño es un modo de contar una historia a través de cosas que podemos sentir. Como seres humanos, estamos mucho más condicionados por nuestras emociones de lo que nos gustaría reconocer. En Occidente, intentamos dotar de lógica funcional a las cosas, pero la realidad es que los valores afectivos son mucho más importantes e inciden mucho más en cómo nos sentimos con respecto a las cosas que nos rodean.

¿Cuál es su fuente de inspiración?

Me atrae mucho la noción de nuestro origen y nuestro nacimiento. Es nuestro aspecto más valioso, íntimo, suntuoso y frágil, y, sin embargo, constituye el elemento más corriente que comparte el ser humano con sus semejantes. Lo que me interesa es que todos venimos de algún lugar y que todos tenemos un periplo que contar. Me llama mucho la atención cómo se mueve la gente, su lenguaje corporal y sus cualidades físicas. Los sonidos también me inspiran. Siempre tengo puestos los auriculares cuando diseño porque la música aporta un elemento emocional al proceso y da lugar a ideas nuevas. Si uno escucha a John Coltrane puede diseñar una taza de té de una manera y si escucha a Amy Winehouse el diseño resultante puede ser completamente diferente. Me gusta dejarme llevar por la música cuando diseño.

¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo?

Serge Mouangue describe su obra como "una conversación entre
dos identidades ancestrales, sólidas y singulares" (foto: Yuji Zendou).

Me gusta que mi obra desconcierte al público. Me gusta hacerle partícipe de un recorrido que le obligue a encarar nuevas perspectivas y a explorar un mundo nuevo a través de elementos que conocemos íntimamente. Juego con símbolos y referencias profundamente arraigados, y les añado nuevos matices para que la gente contemple nuevas perspectivas. Mi papel consiste en conectar objetos e ideas para conseguir que la gente sienta que estamos mucho más cerca de los otros de lo que pensamos. Con frecuencia nos quedamos atrapados en la noción de identidad como si fuera algo estático que nos pertenece, lo cual es una fantasía sin sentido. Me gusta ir más allá de las definiciones limitadas de la identidad y prestar más atención al origen universal que compartimos. Nuestra identidad cambia constantemente. Se asemeja más a un viaje, y eso es lo que me resulta más interesante e importante.

¿La globalización ha representado una oportunidad para usted?

Sí. Esa es la historia que cuento. Desde la perspectiva del creador, la globalización ofrece una oportunidad magnífica para que artistas y creadores de distintas partes del mundo se pongan en contacto y trabajen juntos para conseguir algo nuevo y diferente. Todos somos seres humanos y hay mucho más que contar que la historia de la “identidad”. Pongamos las cosas en común y unamos a las personas. Sigamos creando juntos, compartamos las historias de cada uno y cuestionemos nuestros orígenes e identidades. Aún queda mucho por descubrir.

¿Por qué es importante que los diseñadores protejan su obra?

Los diseñadores son gente creativa y necesitan proteger su obra. Desafortunadamente, muchos creadores no son conscientes de la importancia que tiene ese aspecto. Los creadores existen porque aportan obras singulares al mercado. Tienen que proteger esa singularidad. Si alguien copia sus trabajos no podrán ganarse la vida ni sobrevivir como creadores. Por lo tanto, decir que los derechos de propiedad (PI) son importantes se queda corto. Los derechos de PI también obligan a los diseñadores a ser más creativos y a generar ideas y enfoques nuevos que destaquen con respecto a los de otros creadores. Si queremos seguir creando y ser de utilidad al mundo como seres humanos, tenemos que proteger nuestras creaciones. De lo contrario, no sobreviviremos. Nadie lo ha conseguido sin proteger sus obras.

Los creadores existen porque aportan obras singulares al mercado. Tienen que proteger esa singularidad. Si alguien copia sus trabajos no podrán ganarse la vida ni sobrevivir como creadores. Por lo tanto, decir que los derechos de propiedad (PI) son importantes se queda corto.

Serge Mouangue

¿Cómo le gustaría que evolucionara el sistema de PI?  

Dado que, por lo general, los creadores no saben lo suficiente sobre derechos de PI, es muy importante que la OMPI y otras autoridades de PI se dirijan a los creadores y les expliquen qué les pueden ofrecer ese tipo de derechos. Sin embargo, se trata de un reto, porque habitualmente los creadores no reconocen la importancia de los derechos de PI y no dedican tiempo a conocerlos, lo cual es un grave error. También es necesario que baje el costo de la protección. Para la mayoría de los creadores sigue siendo muy caro proteger sus obras. Quienes no ganan mucho por su trabajo prefieren invertir su dinero en la compra de nuevas herramientas y materiales. Los creadores están enganchados a la creación y no les resulta interesante la vertiente administrativa de las cosas. Sería un gran avance conseguir que la protección de la PI fuera más barata y fácil. En ese caso, más creadores la adoptarían. 

“Me gusta que mi obra desconcierte al público. Me gusta hacerle partícipe de un recorrido en el que se vea obligado a encarar nuevas perspectivas," afirma Serge Mouangue (foto: Violaine Martin / OMPI).

¿Cuál es el momento más destacado de su carrera?

Hasta la fecha, el momento más destacado ocurrió en 2011, cuando el Museo de Arte y Diseño de Nueva York exhibió mi obra en un cartel para una exposición que organizaron para dar a conocer el trabajo de los 100 mejores artistas africanos. Esto suscitó gran interés en mi obra, por lo que me sentí muy orgulloso.

¿Cuáles son sus planes para el futuro?

No busco la cantidad, sino la calidad y la profundidad de mi mensaje. Quiero seguir encontrando nuevas maneras de fusionar las estéticas del Japón y de África Occidental, y ver a dónde me llevan. Tengo varios proyectos interesantes en curso.

¿Qué consejo daría a los aspirantes a diseñador?

Que sientan, dibujen, creen, compartan, escuchen la opinión de la gente y sigan adelante. Se trata de convertir las ideas en realidad y de divertirse.

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