Informe del director general a las Asambleas de la OMPI – 7 a 15 de julio de 2026

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Excelentísimo embajador Carlos Sorreta, presidente de la Asamblea General de la OMPI,

Excelencias, ministros,

Jefes de Oficinas de PI, jefes de delegaciones, 

Queridos amigos, queridos colegas: 

Me complace muchísimo darles la bienvenida a la sexagésima octava serie de reuniones de las Asambleas de los Estados miembros de la OMPI.

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Queridos colegas:

Cada año, la comunidad mundial de la propiedad intelectual se reúne en estas Asambleas para hacer balance del año transcurrido y mirar hacia el futuro.

Desde la pandemia de COVID-19, afirmar que estamos asistiendo a grandes cambios en el panorama político, económico, cultural y tecnológico mundial es ya casi un tópico. Pero no puedo evitar pensar que esos cambios han sido especialmente profundos este último año.

En el plano político, han aumentado los conflictos y las divisiones. En el plano económico, la incertidumbre sigue siendo elevada y el crecimiento económico es desigual. La cultura está cada vez más globalizada, pero al mismo tiempo se ha convertido en un foco de tensión dentro de los propios países. Y, en el plano tecnológico, el auge de la inteligencia artificial está transformando profundamente nuestra forma de crear e innovar.

En estos tiempos de incertidumbre, es natural que el camino que tenemos por delante no esté del todo claro.

Pero creo que también se nos presenta una oportunidad para reflexionar, volver a lo esencial y aprovechar esa reflexión para ver con mayor claridad el camino a seguir.

Permítanme, pues, compartir algunas reflexiones:

Mucho antes de que existieran las oficinas de PI, los registros de patentes o marcas —de hecho, antes incluso de que surgiera la civilización—, los seres humanos ya inventaban, innovaban y creaban. Basta con pensar en las herramientas de piedra, las flechas, las pinturas rupestres, las esculturas de hueso y los collares de caracol: nuestra curiosidad, inventiva y creatividad nos permitieron transformar radicalmente el mundo, dando lugar a la agricultura, a las ciudades y a la civilización.

Somos una especie de innovadores y creadores desde tiempos inmemoriales, pero hace más de 500 años se inició en Venecia una revolución en la forma de innovar que se extendió a Europa y luego a todo el mundo. Esa revolución fue la propiedad intelectual.

La PI dio un gran impulso a la innovación, permitiendo que los inventores o creadores conectaran sus ideas y expresiones directamente con la economía y la sociedad, en lugar de tener que solicitar permiso o el patrocinio de señores o reyes. Otorgó valor económico a las invenciones al dotarlas de derechos exclusivos que podían hacerse valer y rentabilizarse. Además, favoreció la difusión del conocimiento mediante la creación de registros públicos a los que cualquiera podía acceder para consultar y conocer las últimas invenciones. La PI contribuyó a crear nuestro mundo moderno de tecnología, innovación, ciencia, diseño, cultura y las artes.

Si entendemos la PI desde esta perspectiva, es natural que consideremos que nuestra labor de comunidad mundial de la PI no consiste únicamente en administrar el registro de los derechos de PI, sino también en construir un mundo que apoye a nuestros innovadores y creadores y mantenga vivo el espíritu humano de innovación y creatividad.

Prosperar juntos gracias a la PI

La PI no solo está profundamente vinculada a un instinto humano, sino que además posee una característica única. A diferencia de los bienes tangibles y de carácter fijo, permite ampliar y compartir el valor de forma potencialmente ilimitada. Basta con pensar en cómo una sola marca puede franquiciarse en distintos países, cómo una tecnología puede concederse en licencia para beneficiar a muchas personas, o cómo contenidos, como los partidos del Mundial, pueden retransmitirse en línea a miles de millones de personas al mismo tiempo. La PI hace posible todo ello.

Dada esta característica de la PI, debemos evitar la tentación de replegarnos sobre nosotros mismos en estos tiempos difíciles y contemplar la PI desde una perspectiva de suma cero. Por el contrario, debemos reconocer que la colaboración y la cooperación son fundamentales en el mundo de la PI. Por eso, la OMPI considera que este puede ser un espacio en el que los Estados miembros salgan ganando juntos, incluso en un mundo en el que crece el escepticismo hacia el multilateralismo y las instituciones multilaterales.

De hecho, nuestros datos y nuestra interacción con los distintos actores muestran una convergencia cada vez mayor en la forma en que el mundo percibe y utiliza la PI, a medida que esta pasa de la periferia al centro.

El año pasado, la inversión en activos intangibles superó por primera vez los 10 billones de dólares EE.UU. y creció a un ritmo más de tres veces superior al de la inversión en activos tangibles. Aún más llamativo es que este impulso se esté extendiendo de forma tan generalizada. Junto a líderes consolidados en materia de innovación, como los Estados Unidos de América, el Japón y Alemania, economías emergentes como la India, Filipinas y el Brasil están registrando un crecimiento sólido y sostenido de la inversión en activos intangibles.

De manera más general, el comercio de activos de PI superó el año pasado los 1,2 billones de dólares EE.UU., más del doble que en 2010. Los Estados Unidos de América, China y el Japón encabezan este comercio, pero entre los mayores operadores de activos de PI también figuran México y Türkiye.

El comercio mundial de bienes culturales ha alcanzado la cifra récord de 250 000 millones de dólares EE.UU., y la cultura mundial está cada vez más marcada por el afrobeats, el pop latino y el K-pop, así como por el cine y la animación de África, Asia y América Latina.

Así pues, en un mundo en el que el potencial de la PI para aprovechar la innovación y la creatividad nos brinda inmensas oportunidades, en el que la PI puede contribuir a compartir y multiplicar el valor, y en el que cada vez más países adoptan la PI como vía hacia la prosperidad, el crecimiento y el desarrollo, la OMPI puede ser un lugar en el que todos salgamos ganando.

Proceso de transformación

Queridos amigos, queridos colegas:

Dado que este es mi último discurso ante ustedes durante mi primer mandato como director general, no puedo evitar echar brevemente la vista atrás, hasta el punto en que comenzó este camino, aun cuando miro con ilusión hacia los próximos seis años con todos ustedes.

Cuando me senté por primera vez ante mi escritorio como director general de la OMPI, el 1 de octubre de 2020, el mundo estaba completamente trastocado. La pandemia de COVID‑19 había alterado gravemente no solo las economías, sino también nuestra forma de vivir y trabajar. Suspendió las interacciones presenciales y nos obligó a refugiarnos tras las mascarillas y las pantallas de las computadoras. Puso a prueba la confianza en las instituciones. La innovación y la PI pasaron a ocupar un lugar central en debates complejos.

Mi campaña se había basado en dos promesas.

En primer lugar, que, si bien la OMPI y la PI cuentan con cimientos sólidos, debemos demostrar que la propiedad intelectual no es solo un tema jurídico y técnico, sino también un potente catalizador de la innovación, la creatividad, las inversiones, el empleo, el crecimiento empresarial y, en última instancia, el desarrollo económico, social y cultural.

Y, en segundo lugar, que la OMPI y yo tenderíamos un puente entre Oriente y Occidente, Norte y Sur.

Sin embargo, en plena crisis de la COVID-19, percibí que la transformación de la PI tenía que pasar a generar aún más impacto y ser aún más rápida y, en el clima de aislamiento provocado por la pandemia, el mundo necesitaba puentes, más que otra cosa.

Me enorgullece que, en los últimos seis años, todos hayamos trabajado arduamente cada día —cada uno de ustedes, junto con este equipo— para hacer realidad esta visión.

Juntos hemos conseguido que la PI sea más comprensible, más accesible y más pertinente. Hemos llevado el debate más allá de la propia comunidad de la PI, vinculándola con la innovación, la creatividad , la economía, las finanzas, el comercio, la cultura, la tecnología y el espíritu empresarial, no solo en las altas esferas, sino también en el nivel de base.

Un número cada vez mayor de personas interactúa con la OMPI a través de nuestros medios sociales y plataformas digitales. Las celebraciones del Día Mundial de la PI de este año, centradas en el tema “La PI y el deporte”, llegaron a un público récord, en todo el mundo, de 85 millones de personas, y eso demuestra que, cuando la PI se refiere a temas con los que la gente se identifica, despertamos el interés de todos.

Por lo tanto, me complace anunciar que el tema del Día Mundial de la PI del próximo año será “La PI y la moda”, otro ámbito que está relacionado con todos los tipos de PI.

Al mismo tiempo, la OMPI ha consolidado su papel de foro en el que se está forjando el futuro de la PI. Juntos, hemos demostrado que el multilateralismo puede dar resultados a pesar de los desafíos, gracias al éxito de la conclusión histórica de dos tratados en 2024: el Tratado de la OMPI sobre la PI, los recursos genéticos y los conocimientos tradicionales asociados, y el Tratado de Riad sobre el Derecho de los Diseños.

Pero este trabajo no consiste únicamente en negociaciones formales. Cada vez más, es la OMPI el lugar donde gobiernos, jueces, empresas, innovadores, creadores, expertos, académicos y la sociedad civil se reúnen para analizar cuestiones emergentes -desde el uso de las TI en las oficinas de PI hasta la financiación respaldada por la PI, el análisis de patentes y, cada vez con mayor frecuencia, las oportunidades y los desafíos que plantea la IA. En un mundo en rápida evolución, nuestra responsabilidad va más allá de responder pasivamente a los cambios, sino que consiste en plasmar el futuro de manera proactiva.

Asimismo, hemos seguido fortaleciendo nuestra “sala de máquinas”: los registros mundiales de PI de los Sistemas del PCT, de Madrid, de La Haya y de Lisboa. En los últimos seis años se han protegido a escala internacional cerca de dos millones de patentes, marcas y diseños por conducto de los sistemas internacionales de la OMPI y hemos seguido modernizando nuestros servicios mundiales de PI para que sean más rápidos y más fáciles de usar y estén mucho más orientados al cliente. Nuestros servicios de solución de controversias por medio del Centro de Arbitraje y Mediación de la OMPI siguen alcanzando niveles récord de actividad y hemos ampliado el apoyo dado a la observancia de la PI mediante la legislación, el fortalecimiento de capacidades, las plataformas contra la piratería como WIPO Alert y WIPO Alert Pay, así como la mejora del registro aduanero.

Asimismo, hemos apoyado firmemente la digitalización de las instituciones de PI. Más de 90 oficinas de PI utilizan nuestra plataforma IPAS para modernizar sus operaciones, y los organismos de gestión colectiva de casi 60 países aprovechan las ventajas de WIPO Connect. También estamos impulsando iniciativas prácticas como la Plataforma Mundial de Cesión de títulos de PI, cuyo objetivo es reducir las dificultades y la complejidad que entraña la transferencia y la cesión de la PI.

Al mismo tiempo, un número cada vez mayor de gobiernos aprovecha al máximo nuestros datos y análisis, por ejemplo, el Índice Mundial de Innovación, para coordinar las políticas y reforzar los ecosistemas de innovación y creatividad. Además, mediante el desarrollo continuo de plataformas como WIPO GREEN demostramos cómo la PI contribuye a resolver los desafíos mundiales comunes.

Todo este trabajo gira en torno a las políticas y las instituciones, pero uno de los cambios más importantes en nuestra forma de trabajar consiste en hacer llegar los beneficios de la PI de forma tangible y visible a quienes están sobre el terreno. Nos hemos centrado en el impacto y la inclusividad.

En todo el mundo, ayudamos a las mujeres, la juventud, las pymes, las personas de zonas rurales, los Pueblos Indígenas y las comunidades locales a utilizar la PI para hacer realidad sus diversas aspiraciones.

Iniciativas como IP GAP, nuestro primer plan de acción en materia de género; IP YES!, nuestra primera estrategia de empoderamiento de la juventud; y CLIP —Creators Learn IP reflejan nuestra determinación de garantizar que los beneficios de la PI lleguen a un número más amplio que nunca de personas sobre el terreno.

Los resultados hablan por sí solos.

Desde 2020, la Academia de la OMPI ha impartido formación a más de 800 000 personas, que llegan a ser 1,3 millones si se suman las instituciones de formación en PI. Más de 100 000 pymes han utilizado nuestra herramienta de diagnóstico de PI y, de ellas, 60 000 tan solo en el último año.

Nuestra red de 1800 centros de apoyo a la tecnología y la innovación atendió más de 2,5 millones de consultas, el año pasado, en cerca de 100 países. Y hemos superado, en todo el mundo, los 25 000 beneficiarios en nuestros proyectos de PI adaptados a cada caso, proyectos con una duración de entre 6 y 12 meses, no solo en regiones en desarrollo, sino también en países desarrollados.

La base es, por supuesto, la sólida gestión financiera y de rendimiento de la OMPI. Hemos prestado especial atención a este aspecto y hemos mantenido una sólida situación financiera, cerrando el bienio con un resultado de explotación de 144,1 millones de francos suizos y un superávit global de 224,5 millones de francos suizos. Nuestras reservas han aumentado, lo que nos permitió invertir en tecnología, en infraestructura y en nuestros recursos para prestar un servicio de calidad sin aumentar el peso de las contribuciones. Hemos conseguido todo eso modernizando, al mismo tiempo, nuestras operaciones, invirtiendo en nuestra gente y conformando una organización más ágil, más eficiente y mejor preparada para el futuro.

Cabe decir que detrás de todas esas estadísticas e informes hay personas reales cuyas vidas han cambiado, y quiero contar la historia de una sola de esos 1,3 millones de personas a las que hemos ayudado en los últimos seis años; se trata de la historia de Peserverance Muzeya, una empresaria de Zimbabwe.

Cuando Peserverance viajó a Rwanda en 2023 para asistir a una cumbre de la OMPI sobre agroindustria, tenía en su haber una empresa excepcional, levantada con determinación, ingenio y años de duro trabajo. Sin embargo, a pesar de la calidad de sus productos, su empresa, Alzanael Group, carecía de una marca distintiva y de protección para su PI, y tenía escasa presencia en los mercados internacionales.

Mediante nuestro Programa de mentoría en PI, ayudamos a Peserverance a desarrollar una marca distintiva, crear un nuevo diseño para el embalaje de sus productos y proteger su marca.

Los resultados fueron revolucionarios. Peserverance consiguió una importante subvención internacional para la innovación, aumentó sus ventas del 50 %, amplió la protección de sus marcas en toda África y estableció una presencia en línea. El año pasado, celebró un contrato de empresa conjunta por 20 millones de dólares con una empresa internacional, y eso fue posible, entre otras cosas, porque su negocio se había convertido en una marca reconocida y atractiva para los inversores.

Pero quizá lo más importante de esta historia es lo que pasó después. Tras haber comprobado de primera mano el valor de la PI, Peserverance ahora asesora a otros empresarios, ayudándolos a crear sus propias empresas. Su historia nos recuerda que la PI no solo protege las ideas, sino que abre nuevas oportunidades, genera valor y cambia vidas.

sans-serif">De cara al futuro

Estimados colegas, queridos amigos:

En los últimos seis años, hemos sentado unas bases sólidas y hemos iniciado la transformación de la OMPI y del significado mismo de la PI. Ustedes han reafirmado esa transformación en repetidas ocasiones y, de hecho, seguiremos avanzando juntos por ese camino.

Dicho esto, a muchos de ustedes les intriga saber cuáles son mis aspiraciones para los próximos seis años, así que voy a aprovechar esta ocasión para hablarles de cuatro sueños que me gustaría hacer realidad.

El primero de ellos es que la PI se convierta en un elemento esencial para todo el mundo: que deje de considerarse algo técnico, lejano o propio de especialistas, y pase a ser reconocida en todas partes como una de las herramientas más importantes que existen para apoyar a emprendedores, creadores, investigadores, empresas y comunidades. Cuando alguien habla de tecnología, marcas, diseño, arte, cultura, agricultura, comercio o economía, debería ser consciente de que la PI reviste una importancia fundamental en todos esos ámbitos. Hemos dado algunos pasos en esa dirección, pero aún queda mucho camino por recorrer.

En primer lugar, tendremos que seguir mejorando y reforzando nuestra sala de máquinas —los servicios mundiales de PI—, sacando el máximo partido a la IA y a otras tecnologías digitales sin renunciar al factor humano. Además, seguiremos ocupándonos de todo el ciclo de vida de la PI, desde la protección, el registro y la solución de controversias hasta la comercialización, la monetización y la financiación. Aspiramos a que las buenas ideas gocen de una protección sólida mediante el registro de derechos de PI, pero también a que esos derechos lleguen al mercado y que su potencial jurídico se traduzca en valor económico.

En segundo lugar, tendremos que ampliar nuestra repercusión. Debemos aprovechar lo que hemos aprendido en los últimos seis años y pasar de los proyectos ad hoc a los programas susceptibles de expansión. Debemos aumentar nuestro alcance pasando de cientos de miles a millones de personas. Sin embargo, no podemos lograr ese objetivo en solitario. Para ampliar la repercusión, será fundamental contar con alianzas, y ahí es donde su apoyo será muy importante.

En tercer lugar, tendremos que respaldar a las instancias encargadas de formular políticas para que consideren la PI no solo como un marco jurídico, sino como un elemento esencial para el futuro de sus países, empresas y comunidades plasmado en datos y análisis, mediante la creación de ecosistemas de innovación y creatividad que contribuyan al crecimiento y a hacer frente a los desafíos mundiales a los que nos enfrentamos.

El segundo de mis sueños consiste en crear un movimiento mundial en materia de PI: un movimiento en el que tanto los países desarrollados como los países en desarrollo, las economías emergentes y los PMA sean creadores, usuarios y beneficiarios del sistema internacional de PI; en el que la innovación no se concentre en unos pocos lugares, sino que florezca en todas las regiones del mundo y en el que todos los países tengan la oportunidad de contribuir a la economía mundial de los conocimientos y de beneficiarse de ella.

Para hacer realidad esta visión, tendremos que superar las diferencias y divergencias, fomentar la confianza y seguir buscando ámbitos de consenso y convergencia que permitan hacer avanzar la agenda de la PI. No obstante, esto también nos exige crear un ecosistema de PI más inclusivo, en el que las mujeres, la juventud, las pequeñas empresas, los Pueblos Indígenas, las comunidades locales y otros colectivos participen plenamente y se beneficien de las oportunidades que generan la innovación y la creatividad.

El tercer sueño que tengo es confirmar que el ecosistema mundial de PI esté preparado para el futuro y sea adecuado para los innovadores, los creadores y las empresas del mañana, en lugar de los de ayer.

Para ello, seguiremos modernizando dicho ecosistema, velando por que nuestros tratados, servicios, plataformas de datos y herramientas digitales evolucionen al ritmo de la propia innovación, anticipándonos a los cambios en lugar de reaccionar ante ellos, y ofreciendo servicios más rápidos, más inteligentes y más accesibles para todos.

Sin embargo, la modernización no solo tiene que ver con las herramientas, sino también con el ecosistema y la arquitectura. Tenemos que estar preparados para el futuro, de manera que la PI no solo siga siendo pertinente, sino que también esté llena de dinamismo, en la era de la IA y en un contexto en el que el modo en que innovamos es, cada vez más, una combinación de innovación industrial, digital y cultural.

Intensificaremos nuestra labor en materia de PI e IA y la estructuraremos de manera similar a las cuatro ruedas de un coche.

En primer lugar, ofreceremos a los Estados miembros un espacio para analizar cuestiones relacionadas con la PI y la IA de forma integral y estratégica mediante el nuevo Foro Mundial sobre PI y IA, que se celebrará los días 9 y 10 de noviembre del presente año. Invitamos a los ministros y a las instancias encargadas de formular políticas de alto nivel a que se unan a nosotros en esta iniciativa.

En segundo lugar, el pasado mes de abril pusimos en marcha la Plataforma de Diálogo sobre Infraestructura de IA (AIII), con el fin de ofrecer a profesionales de una amplia gama de sectores un espacio neutral y seguro en el que examinar cuestiones técnicas relacionadas con la infraestructura de la PI, como los identificadores digitales, los metadatos y las marcas de agua, entre otras. Las aportaciones de estos especialistas se comunicarán periódicamente a los Estados miembros y servirán de base para sus debates.

En tercer lugar, la OMPI ya está desarrollando herramientas de IA que se pondrán a disposición de los Estados miembros para su uso. El proceso comenzará con el examen de marcas y se extenderá a otros ámbitos; tenemos la intención de ponerlo a prueba en algunos países a mediados del año que viene, antes de desarrollarlo e implantarlo a una escala mucho mayor. Invitamos a otras oficinas de PI a que se unan a nosotros para crear e intercambiar las herramientas que están desarrollando, con el fin de reducir la duplicación de esfuerzos y fomentar la cooperación.

En cuarto lugar, seguiremos ofreciendo asesoramiento técnico, asistencia legislativa y otras iniciativas de fortalecimiento de capacidades, entre ellas la formación de emprendedores del ámbito de la IA para que utilicen estas potentes tecnologías en beneficio de los demás. Un proyecto muy interesante en este sentido es la colaboración que mantenemos con otros organismos de las Naciones Unidas para formar a emprendedores del sector de la IA en África con el fin de tratar cuestiones relacionadas con la asistencia sanitaria.

Mi último deseo es seguir consolidando a la propia OMPI como una organización digna de la confianza que los Estados miembros depositan en ella, también en el marco de la iniciativa ONU80: aspiramos a tener una financiación responsable, sólidas capacidades digitales, excelencia operativa y una confianza ganada en todo el mundo gracias a nuestra profesionalidad e integridad.

En un mundo en el que las instituciones multilaterales se enfrentan a un creciente escepticismo, espero que la OMPI demuestre que los organismos de las Naciones Unidas del siglo XXI son digitales, eficientes, proactivos y dinámicos y, lo que es más importante, generan efectos tangibles y concretos sobre el terreno.

*** Estimados colegas, queridos amigos:

Estos ideales se derivan de las dos convicciones que he mencionado anteriormente: que el papel de la PI está íntimamente ligado al espíritu humano de innovación y creatividad, y que la PI es una forma de colaborar y cooperar entre nosotros.

Esa labor no se puede llevar a cabo de forma aislada, y por eso es necesario que esa visión se vea contrastada con el caótico mundo real. No obstante, como dijo el presidente Kennedy, decidimos hacer estas cosas no porque sean fáciles, sino porque son difíciles. En ese empeño, podemos inspirarnos en la confianza que nos transmiten aquellos a quienes prestamos servicio, así como en la notable trayectoria del propio sistema mundial de PI.

Una y otra vez, el mundo ha experimentado transformaciones políticas, económicas, culturales y tecnológicas. Sin embargo, el sistema de PI no solo ha perdurado, sino que ha evolucionado, se ha adaptado y se ha fortalecido porque se ha mantenido fiel a su objetivo fundamental: estar al servicio de innovadores y creadores.

Nos mantendremos fieles a este objetivo y, juntos, seguiremos construyendo un mundo en el que la PI esté al servicio de todas las personas y en todas partes.

Gracias.