La inversión en intangibles, incluidos los conocimientos técnicos organizativos, la investigación y el desarrollo (I+D), los programas informáticos y los datos, las marcas, el diseño y otros tipos de propiedad intelectual (PI), representa actualmente una parte importante y creciente del producto interno bruto (PIB) mundial. Sin embargo, pese a impulsar gran parte de la economía moderna, los activos intangibles siguen midiéndose de forma insuficiente.
Publicada anualmente por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) y la Luiss Business School (LBS), esta tercera edición de Panorama de la inversión mundial en activos intangibles contribuye a subsanar esa carencia. Esta publicación, junto con la base de datos Global INTAN-Invest, ofrece estadísticas anuales y trimestrales sobre la inversión en intangibles en 29 economías, con datos actualizados para el Brasil, la India y el Japón, así como las primeras estimaciones para el Canadá y Filipinas.
El Panorama de la inversión mundial en activos intangibles 2026 muestra que, desde 2008, la inversión en intangibles ha crecido a un ritmo más de tres veces superior al de la inversión en tangibles, y en 2025 superó los 10 billones de USD. Los Estados Unidos de América, el Japón y Alemania lideran en tamaño absoluto; Suecia, los Estados Unidos de América y Francia, en intensidad; y la India, el Japón y Filipinas registraron el crecimiento más rápido.
El tema especial del Panorama de la inversión mundial en activos intangibles de este año examina las marcas como activos estratégicos (véase la tendencia 8). También actualiza el análisis de la interacción entre la inteligencia artificial (IA) y los activos intangibles (véase la tendencia 6).
Más adelante este año se publicarán los perfiles OMPI-LBS de la economía intangible complementarios, junto con una publicación sobre una economía mundial cada vez más inmaterial (Corrado et al., de próxima publicación).
Las ocho tendencias estilizadas que se presentan a continuación resumen las principales conclusiones de la edición de 2026 del Panorama de la inversión mundial en activos intangibles.
Tendencia estilizada 1: La inversión en intangibles sigue superando a la inversión en tangibles, con un crecimiento más de tres veces superior desde 2008
En las 29 economías abarcadas en este informe, que representan el 57 % del PIB mundial, la inversión en intangibles alcanzó en 2025 un máximo histórico de más de 10 billones de USD.
La inversión en intangibles se ha expandido a una tasa anual compuesta del 3,5 % entre 2008 y 2025 en términos reales, es decir, 3,6 veces más rápido que la inversión en tangibles, que aumentó un 0,98 % durante el mismo período.
¿Qué son los activos intangibles? A diferencia de los activos físicos, como fábricas, maquinaria o equipos, los activos intangibles no tienen forma material. Comprenden los conocimientos técnicos organizativos, la I+D, los programas informáticos y las bases de datos, las marcas, el diseño y otros tipos de propiedad intelectual. Piénsese en un automóvil eléctrico: gran parte de su valor reside ahora en la tecnología de baterías, los programas informáticos y la marca, más que en el acero y la carrocería. Un modelo de lenguaje de gran tamaño, la IA que sustenta los asistentes conversacionales actuales, va todavía más allá: casi no tiene forma física alguna y su valor descansa por completo en la investigación, los datos y los programas informáticos.
¿Por qué son importantes? Los activos intangibles son los que distinguen a las empresas de éxito: sustentan la innovación, la calidad de los productos, la reputación de marca y la fidelidad de los clientes. Para el conjunto de la economía, elevan la productividad, respaldan empleos mejor remunerados y fortalecen la competitividad a largo plazo.
¿Por qué medirlos con precisión? A pesar de su importancia, los activos intangibles siguen siendo poco comprendidos y se miden de forma insuficiente, en parte porque muchos no se registran en las estadísticas oficiales. Una medición deficiente oculta las fuentes del rendimiento empresarial y ofrece a los gobiernos una imagen incompleta de los factores que impulsan el crecimiento. Por lo tanto, disponer de datos actualizados sobre la inversión en intangibles es esencial para adoptar decisiones empresariales acertadas y formular políticas eficaces.
La misma tendencia a largo plazo se observa a escala nacional, aunque las economías difieren en la medida en que han avanzado hacia los activos intangibles. Entre 2015 y 2025, la inversión en intangibles creció más rápido que la inversión en tangibles en 22 de las 29 economías de la muestra. Entre las mayores economías abarcadas se observan tres grandes patrones, ilustrados respectivamente en las figuras 2, 3 y 4.
El primer patrón, en economías de ingresos altos e intensivas en conocimiento, es una brecha cada vez mayor: la inversión en intangibles sigue aumentando mientras que la inversión en tangibles se estabiliza o disminuye (figura 2).
El Japón es el caso más llamativo. Hasta 2019, la inversión en tangibles y la inversión en intangibles crecieron a un ritmo similar, con una ligera ventaja de la primera; desde entonces, la inversión en tangibles ha caído por debajo de su nivel de 2015, mientras que la inversión en intangibles ha seguido creciendo. Entre 2014 y 2024, la inversión en intangibles creció un 1,5 % anual, mientras que la inversión en tangibles se estancó: un cambio estructural y no una fluctuación cíclica.
El Canadá y Alemania reflejan esta misma brecha: La inversión en intangibles del Canadá creció en torno al 3 % anual entre 2014 y 2024, mientras que la inversión en tangibles disminuyó cerca de un 1 %; por su parte, la inversión en intangibles de Alemania aumentó un 4 % anual entre 2015 y 2025, mientras que la inversión en tangibles alcanzó su máximo en 2019 antes de disminuir alrededor de un 1,7 % anual hasta 2025. En conjunto, la brecha creciente de la figura 2 refleja un desplazamiento más amplio hacia los activos basados en el conocimiento en las economías de ingresos altos.
El segundo patrón se observa en Francia, el Reino Unido y los Estados Unidos de América, donde ambas formas de inversión se expandieron entre 2015 y 2025, si bien la inversión en intangibles superó sistemáticamente a la inversión en tangibles (figura 3). Los Estados Unidos de América encabezan la lista: la inversión en intangibles creció un 5,6 % anual entre 2015 y 2025, aproximadamente el triple que la inversión en tangibles, que registró un 1,9 %. Francia (3,6 frente al 1,3 %) y el Reino Unido (3,2 frente al 1,3 %) siguen trayectorias similares.
El tercer patrón se observa en las economías de ingresos medianos de rápido crecimiento: el Brasil, la India y Filipinas (figura 4). En su etapa de desarrollo, la inversión en tangibles suele crecer más rápido, reflejo de un proceso de convergencia en infraestructura física. No obstante, la inversión en intangibles también ha seguido expandiéndose junto con la inversión en tangibles y, en el caso del Brasil, incluso por delante de ella.
En la India y Filipinas, la inversión en intangibles creció a una tasa anual del 5,3 % entre 2013 y 2023 y del 3,9 % entre 2012 y 2022, respectivamente —tasas superiores a las de varias economías de ingresos altos—, mientras que la inversión en tangibles, en consonancia con el desarrollo de infraestructuras a gran escala, creció aún más rápido, con tasas del 7,8 % y el 7,2 %. El Brasil es la excepción: pese a las difíciles condiciones económicas, su inversión en intangibles creció un 1,9 % anual entre 2011 y 2021, mientras que la inversión en tangibles disminuyó un 1,5 %.
Las cinco economías de ingresos altos en las que la inversión en tangibles superó a la inversión en intangibles entre 2015 y 2025 son Italia, Letonia, los Países Bajos, Portugal y Eslovenia.
Tendencia estilizada 2: La inversión en intangibles resultó ser más resiliente que la inversión en tangibles, con un crecimiento anual del 5,5 % pese al endurecimiento de las condiciones de financiación
La superioridad a largo plazo de la inversión en intangibles ha demostrado ser duradera frente a condiciones económicas adversas: financiación más estricta, tipos de interés elevados, incertidumbre en la política comercial e inversión física generalmente débil en el conjunto de la economía.
En las economías para las que se dispone de datos trimestrales —a saber, 22 economías de la Unión Europea (UE), el Reino Unido y los Estados Unidos de América—, la inversión en intangibles creció anualmente un 5,5 % en términos reales entre 2020 y 2025, frente al 3,2 % de la inversión en tangibles, que, no obstante, se benefició de un auge de la inversión física relacionada con la IA concentrado en los Estados Unidos de América (véase el recuadro 2).
Esta resiliencia refleja la forma en que se acumulan ambos tipos de activos. La inversión en tangibles en fábricas, maquinaria y equipos suele requerir grandes desembolsos, a menudo financiados con deuda y con horizontes prolongados, lo que la hace sensible a las condiciones de financiación. El aumento de los tipos de interés hasta máximos de varias décadas en 2022 y 2023, revertido solo parcialmente desde entonces, pesó especialmente sobre ese tipo de gasto, aun cuando las empresas siguieron invirtiendo en programas informáticos, datos, I+D, capital organizativo y formación.
Tras años de escaso crecimiento, la inversión en tangibles está recuperando fuerza, aunque la reactivación es limitada. Está impulsada en gran medida por la infraestructura física relacionada con la IA: centros de datos, semiconductores y los sistemas eléctricos necesarios para su funcionamiento (FMI, 2026; OCDE, 2026; véase también el recuadro 2 de OMPI y LBS, 2025). Ello refleja la rápida ampliación de la capacidad de cálculo que requieren los modelos avanzados de IA, junto con la inversión asociada en infraestructura energética y de redes para atender una demanda de electricidad más elevada y sostenida. Tanto el Fondo Monetario Internacional (FMI) como la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) señalan la inversión relacionada con la IA como uno de los principales factores que sostienen la inversión en tangibles y la actividad económica mundial en un período de incertidumbre en la política comercial.
Sin embargo, el despliegue de la IA no está impulsando la inversión física de forma generalizada. La inversión en estructuras convencionales —edificios, infraestructura de transporte, hospitales y escuelas— sigue siendo moderada en la mayoría de las economías de ingresos altos (OCDE, 2025). El resurgimiento del capital físico refleja las necesidades de una única tecnología, más que una recuperación generalizada de la formación de capital.
También presenta una fuerte concentración geográfica. Solo los Estados Unidos de América representan aproximadamente el 62 % del gasto mundial privado de capital relacionado con la IA, y los desembolsos de un reducido número de grandes empresas tecnológicas son ya lo bastante importantes como para influir en la dinámica agregada de la inversión (Stanford HAI, 2026; FMI, 2026).
Fuera de los Estados Unidos de América, la incidencia de la inversión en tangibles relacionada con la IA es limitada. En términos de gasto mundial en infraestructura de IA, los Estados Unidos de América representaron el 76 % del gasto total en 2025, seguidos de la República Popular China, con el 12 % (IDC, 2025).
Los datos trimestrales a nivel de país confirman que la inversión en intangibles es menos cíclica y se ha mantenido más sólida que la inversión en tangibles durante las recientes perturbaciones económicas, aunque los patrones varían entre economías (figura 5).
En Francia y Alemania, la inversión en intangibles cayó menos durante la desaceleración de 2020 y volvió rápidamente a su senda de crecimiento, mientras que la inversión en tangibles descendió más y siguió siendo débil; desde entonces, la brecha se ha ampliado. En Suecia, el Reino Unido y los Estados Unidos de América, ambas formas de inversión se recuperaron rápidamente de la desaceleración de 2020, pero la inversión en intangibles siguió creciendo más deprisa.
Las excepciones son Italia, Portugal, Grecia y Letonia, donde la inversión en tangibles se recuperó en paralelo con los intangibles —o con más fuerza que estos—, lo que refleja el perfil intensivo en tangibles de estas economías (véase también la tendencia 3).
Tendencia estilizada 3: La proporción de la inversión en intangibles en el PIB ha aumentado en todas las economías desde 1995 y, a nivel agregado, supera la proporción correspondiente a la inversión en tangibles
La inversión en intangibles representó en 2025 una proporción mayor del PIB que en 1995 en todas las economías abarcadas (figura 6). En el conjunto de las economías de la muestra, los intangibles representaron el 12,8 % del PIB en 2025, frente al 11,8 % de los tangibles.
Suecia mantiene su posición como la economía con mayor intensidad en intangibles, con un 17,4 % del PIB en 2025, frente a cerca del 12 % en 1995. Le siguen los Estados Unidos de América, con un 15,6 %, y Francia, con un 15,2 %. La intensidad en intangibles de Dinamarca aumentó hasta cerca del 15 % en 2025, frente al 9,2 % en 1995, situándose por delante de Finlandia (14,8 %) y el Reino Unido (13,5 %).
Un avance notable es el aumento de la intensidad en intangibles en varias economías del norte y el este de Europa. La de Lituania se duplicó con creces, al pasar del 5,7 % del PIB en 1995 al 13,3 % en 2025, por delante de Alemania (11,7 %), el Japón (11,5 %) y el Canadá (10,7 %).
En las economías de ingresos medianos, los amplios sectores informales complican la medición, por lo que, siempre que es posible, las estimaciones se refieren únicamente al sector formal. Aún no se dispone de ajustes comparables para el sector formal del Brasil y Filipinas; se está trabajando en la elaboración de esas estimaciones para futuras ediciones.
Si se considera únicamente el sector formal, la intensidad de la inversión en intangibles de la India alcanzó el 10 % del PIB en 2023, frente al 9,7 % en 2011, un nivel cercano al de economías europeas como Letonia (10,1 %) y Portugal (9,7 %). La proporción del Brasil aumentó modestamente, del 7 % en 2010 al 7,6 % en 2023, una cifra comparable a la de España (8 %), mientras que Filipinas se situó en el 4,4 % en 2022, frente al 4 % en 2010. Las proporciones del Brasil y Filipinas son destacables porque, a diferencia de la India, se miden en relación con el PIB del conjunto de la economía, incluido el sector informal.
La figura 7 muestra las intensidades de la inversión en intangibles y en tangibles de cada economía, ambas expresadas como proporción del PIB, correspondientes al último año disponible. La diagonal de 45 grados indica una intensidad igual; el Canadá se sitúa cerca de esta línea.
La figura 7 revela un patrón claro. Un grupo de economías de ingresos altos se sitúa en la zona de mayor intensidad en intangibles del gráfico (por encima de la diagonal), donde los activos intangibles representan una proporción del PIB mayor que el capital físico. Los Estados Unidos de América (15,6 % en intangibles frente al 10,3 % en tangibles) y Francia (15,2 % frente al 11,1 %) muestran las brechas más amplias, seguidos de cerca por el Reino Unido (13,5 % frente al 9,8 %), Dinamarca (14,9 % frente al 11,4 %) y los Países Bajos (12,8 % frente al 10,6 %).
En cambio, varias economías europeas se agrupan por debajo de la diagonal; Letonia (10,1 % en intangibles frente al 21,5 % en tangibles), Rumanía (9 % frente al 21,2 %) y Croacia (10,8 % frente al 20,7 %) son las más alejadas de la línea. La zona de mayor intensidad en tangibles también incluye economías de ingresos medianos, a saber, el Brasil (7,2 % en intangibles frente al 13,8 % en tangibles), la India (10 % frente al 19,3 %) y Filipinas (4,4 % frente al 20 %), donde la infraestructura y el desarrollo en curso siguen impulsando mayores proporciones de inversión en tangibles.
Un perfil intensivo en tangibles no se limita a las economías de ingresos medianos: Italia se sitúa claramente por debajo de la diagonal. También en el Japón, la inversión en tangibles representa una proporción mayor del PIB (15,3 % en 2024) que la inversión en intangibles (11,5 %). Sin embargo, esta situación está cambiando (véanse la figura 2 y la tendencia 1): la inversión en tangibles en el Japón se ha reducido, mientras que la inversión en intangibles ha seguido creciendo desde 2019.
Tendencia estilizada 4: Los Estados Unidos de América lideran la inversión en intangibles, seguidos del Japón y Alemania
Los Estados Unidos de América representan, con diferencia, la mayor proporción de la inversión en intangibles, con casi 5 billones de USD en 2025. Esta cifra equivale a unas seis veces el nivel del Japón y a cerca de la mitad de la inversión total en intangibles recogida en este informe (el Panorama de la inversión mundial en activos intangibles aún no abarca algunas grandes economías, como la República Popular China y la República de Corea; véase el anexo).
La ventaja de los Estados Unidos de América se ha ampliado entre 2015 y 2025 (figura 8): la brecha entre los Estados Unidos de América y el conjunto de las cuatro economías siguientes prácticamente se ha duplicado, al pasar de alrededor de 1 billón de USD en 2015 a 2 billones de USD en 2025. El mismo auge de la IA que impulsa el aumento de la construcción de infraestructura física de computación en los Estados Unidos de América (recuadro 2) también está elevando la inversión en intangibles del país en programas informáticos, datos y capital organizativo, lo que refuerza esa ventaja.
El Japón ocupa el segundo lugar, con una inversión en intangibles de aproximadamente 810 000 millones de USD en 2024, por delante de Alemania (695 000 millones de USD). La brecha entre ambos países se ha reducido considerablemente entre 2015 y 2024, hasta situarse en 115 000 millones de USD en 2024, frente a los 180 000 millones de USD de 2015. Francia superó al Reino Unido en 2023 y ocupa ahora el cuarto lugar, con 664 000 millones de USD en 2025 frente a los 610 000 millones de USD del Reino Unido.
Las economías de ingresos medianos de rápido crecimiento también registran niveles absolutos considerables (figuras 9 y 10). El Brasil se sitúa entre las siete principales economías, con 312 000 millones de USD en 2023, justo por detrás de Italia (317 000 millones de USD) y al mismo nivel que el Canadá (312 000 millones de USD). Los 78 000 millones de USD de la India en 2023 superan los de varias economías de la UE, entre ellas Dinamarca, Chequia y Finlandia, y los 49 000 millones de USD de Filipinas en 2022 se sitúan justo por detrás de Portugal (52 000 millones de USD).
Tendencia estilizada 5: La India, el Japón y Filipinas lideran el crecimiento reciente de la inversión en intangibles entre las 15 economías más grandes
Según los datos más recientes disponibles, entre las 15 economías más grandes de la muestra, la India encabeza el crecimiento de la inversión en intangibles, con un 7,9 % (2022-2023), seguida del Japón, con un 4,8 % (2023-2024), y Filipinas, con un 4,6 % (2021-2022).
Tradicionalmente, las tres han figurado entre las economías de la muestra con mayor intensidad en tangibles. La India y Filipinas han mantenido en los últimos años una inversión física de gran escala: La formación bruta de capital de la India aumentó del 32 % del PIB en 2021 al 33 % en 2023, mientras que la de Filipinas pasó del 21 % del PIB en 2021 a casi el 25 % en 2022 (Índice Mundial de Innovación (GII) de la OMPI, indicador 3.2.3). El Japón, por su parte, cuenta con una base manufacturera consolidada. Sin embargo, esas economías registran ahora el crecimiento más rápido de la inversión en intangibles entre las principales economías.
En el conjunto de la muestra, varias economías europeas destacan por su fuerte crecimiento durante el último año (figuras 12a y 12b): Lituania (14,6 %), Rumanía (7,1 %), Eslovaquia (5,6 %), Estonia (5,1 %), Eslovenia (4,9 %), Croacia (4,6 %) y Letonia (4,4 %) superaron a economías de Europa Occidental como Alemania (3,3 %), Francia (2,5 %) e Italia (1,9 %).
La divergencia entre el crecimiento reciente de la inversión en intangibles y en tangibles es especialmente pronunciada en Estonia, Francia, Alemania, Hungría y el Japón, donde la inversión en intangibles creció mientras que la inversión en tangibles se contrajo (figura 12a), en consonancia con el patrón a largo plazo documentado en la tendencia 1. Dinamarca y Portugal son las dos únicas economías de la muestra en las que la inversión en intangibles disminuyó en el último año, un –3,2 % y un –3,7 %, respectivamente.
Al mismo tiempo, la inversión en tangibles también se ha expandido en varias economías (figura 12b): Bulgaria (15 %), Letonia (12,6 %) y Filipinas (10,2 %) registraron un crecimiento de la inversión en tangibles más rápido que el de la inversión en intangibles en el año más reciente disponible.
Tendencia estilizada 6: Los programas informáticos y las bases de datos, el capital organizativo y las marcas son los tipos de activos intangibles que crecen con mayor rapidez
La inversión en programas informáticos y bases de datos registró la mayor tasa de crecimiento real agregado de todas las categorías de activos intangibles entre 2013 y 2023, con un 7,3 % anual, lo que refleja la difusión generalizada de las tecnologías digitales y la IA (figura 13).
Entre las economías, el crecimiento de los programas informáticos y las bases de datos ha sido más intenso en Filipinas, con un 18,3 % anual entre 2012 y 2022, seguida de Rumanía (15,2 %), Estonia (13,4 %) y Bulgaria (13,3 %). Un segundo grupo registra una expansión sólida: India (8,2 %), Francia (7,2 %), Canadá (5,9 %) y Brasil (4,9 %), este último por delante de varias economías de ingresos altos, como Alemania (4,5 %).
Es probable que el auge de la IA amplifique aún más la inversión mundial en programas informáticos y datos.
La OMPI y la LBS (2025) explican que el auge de la IA se manifiesta en dos oleadas: primero, un despliegue físico —los chips, centros de datos y centrales eléctricas en los que se basa la IA—, concentrado en un reducido número de empresas y economías; segundo, una oleada más lenta de inversión en intangibles, a medida que las empresas reorganizan sus datos, competencias y procesos en torno a la IA. El punto central era que el efecto económico duradero de la IA procede menos de los equipos físicos que de los activos intangibles construidos sobre esa infraestructura, como ocurre con cualquier tecnología de uso general.
Un año después, el panorama es más claro. La mayor parte del gasto en IA siguió destinándose a infraestructura física, con una intensidad de capital mayor de lo previsto, en particular en los Estados Unidos de América (J.P. Morgan, 2025; véase el recuadro 2). La brecha entre las empresas productoras de IA y las demás se ha ampliado, y las empresas de IA y servicios de Internet invierten mucho más que otros sectores. La implantación está aumentando en la manufactura, la logística y la defensa, pero en la mayoría de los sectores no tecnológicos la reorganización más profunda del trabajo en torno a la IA se encuentra todavía en una fase inicial (Deloitte, 2026; McKinsey & Company, 2025). Las industrias productoras de programas informáticos y de tecnologías de la información, en general, ya hacen un uso intensivo de la IA, mientras que en los Estados Unidos de América su adopción también es elevada en el sector de servicios profesionales, científicos y técnicos, aunque la adopción más amplia sigue siendo modesta en otros sectores y fuera de los Estados Unidos de América (Bontadini et al., 2026; Çakır Melek y Miller, 2026).
En suma, la IA está impulsando la inversión en toda la gama de activos intangibles, aunque de distintas formas. Los mayores efectos se observan en el capital organizativo, a medida que las empresas reconstruyen sus procesos y su gestión en torno a la IA, y en la I+D, donde la IA acorta el ciclo de descubrimiento. Está impulsando una fuerte inversión en programas informáticos y datos, y permite que las marcas se posicionen como garantes de confianza, lo que aumenta su valor. Está transformando el diseño y orientándolo hacia opciones generadas por IA, aumentando el valor de los contenidos creativos y los derechos como material de entrenamiento, propiciando nuevos productos financieros basados en IA y obligando a invertir de forma sostenida en competencias allí donde la escasez de talento en IA constituye el principal obstáculo para su adopción. El recuadro 3 expone estos efectos activo por activo, a corto y a más largo plazo.
A partir del marco conceptual más amplio de la OMPI y la LBS (2025), este recuadro plantea lo siguiente: a medida que la IA pasa de ser una herramienta que utilizan las empresas a convertirse en una parte autónoma de su funcionamiento, ¿qué activos intangibles requiere y de qué manera? La IA y los intangibles se transforman mutuamente: La IA aumenta el rendimiento de cada activo, y cada activo configura lo que la IA puede hacer. El cuadro presenta los principales tipos de activos por orden de tamaño y muestra en qué invierten ahora las empresas (a corto plazo) y hacia dónde se dirige esa inversión a medida que madura la IA (a largo plazo).
El capital organizativo y las marcas constituyen la segunda y la tercera categoría de crecimiento más rápido, con un 4,9 % y un 4,4 %, respectivamente (sobre las marcas, véase el tema especial del Panorama de la inversión mundial en activos intangibles en la tendencia 8). El crecimiento del capital organizativo ha estado liderado por economías europeas más pequeñas: Lituania (14,2 % anual entre 2015 y 2025), seguida de Croacia (8,5 %), Eslovaquia (7,9 %), Luxemburgo (7,9 %) y Rumanía (7,1 %). Entre las economías más grandes de la muestra, destacan Polonia (6,3 %) y los EE. UU. (5,2 %).
El crecimiento de la inversión en diseño está liderado por Lituania (7,9 % entre 2015 y 2025), Polonia (6,7 %) y Hungría (6,4 %). Brasil, India y Filipinas registran tasas de crecimiento más moderadas de la inversión en diseño, situadas entre el 2,5 % y el 2,7 % anual.
El crecimiento de la inversión en I+D ha sido mayor en las economías que parten de una base relativamente reducida. Filipinas registró un crecimiento anual de la I+D del 20,1 % entre 2012 y 2022, y Croacia del 18 % entre 2013 y 2023. Bulgaria, Estonia, Grecia, Letonia, Lituania, Polonia y Eslovaquia también registraron tasas de crecimiento de la I+D de entre el 4,5 % y el 6,5 %, muy por encima del promedio de la muestra. Estas tasas son coherentes con el panorama mundial más amplio: pese a un entorno macroeconómico difícil, el gasto mundial en I+D ha seguido aumentando (Bonaglia et al., 2025).
En Filipinas, la I+D y los programas informáticos y las bases de datos representan solo alrededor del 15 % de la inversión total en intangibles, pero son las dos categorías de crecimiento más rápido con diferencia: entre 2012 y 2022, la inversión en I+D se multiplicó por más de seis en términos reales. La inversión en programas informáticos y bases de datos se multiplicó por más de cinco durante el mismo período (figura 4.1).
Otras categorías de activos intangibles, que representan una parte dominante de la inversión en intangibles de Filipinas, crecieron a un ritmo mucho más moderado: las marcas, un 4,8 % anual; el diseño, un 2,7 %; y el capital organizativo, un 1,4 %. Una base inicial reducida explica en parte estas tasas de crecimiento, pero su magnitud y persistencia a lo largo de todo un decenio sugieren algo más que un artefacto estadístico.
Tendencia estilizada 7: El capital organizativo y la I+D: los dos pilares de la inversión en intangibles, que representan más de la mitad de la inversión en intangibles en 2023
Alrededor del 62 % de la inversión en intangibles no se mide en las estadísticas oficiales, ya que el capital organizativo, el diseño, los estudios de mercado y las marcas, los modelos operativos, las cadenas de suministro y las competencias no se tratan como inversión en las cuentas nacionales (figura 14; véase también la figura A.1 del anexo).
La alianza entre la OMPI y la LBS existe para hacer visible lo invisible. Cuando se mide toda la gama de activos intangibles, el capital organizativo aparece como la categoría individual más importante, con más del 30 % de la inversión total en intangibles en 2023, seguido de la I+D, con casi el 21 % (figura 15). Juntos representan más de la mitad de toda la inversión en intangibles, por delante de los programas informáticos y las bases de datos (alrededor del 18 %), las marcas (alrededor del 15 %) y el diseño (11 %).
Los patrones específicos de cada país muestran diferencias notables en la composición de la inversión en intangibles (figuras 16a y 16b).
La I+D destaca especialmente en el Japón y Alemania, con el 33,5 % y el 30,8 % de la inversión total en intangibles, respectivamente, en 2023, en consonancia con sus sólidas bases industriales y manufactureras. Dinamarca (28,8 %), Croacia (28,4 %) y los EE. UU. (22,7 %) también registran proporciones elevadas de I+D, mientras que el Reino Unido (13,5 %) y Francia (13,4 %) se sitúan en niveles más moderados. La I+D representa una proporción considerablemente menor en las economías de ingresos medianos: el 12,7 % en la India, el 6,6 % en el Brasil y el 5,5 % en Filipinas.
La composición del Japón es singular: La I+D predomina con el 33,5 %, mientras que el capital organizativo representa solo el 8,8 %, muy por debajo de los EE. UU. (35,1 %), el Reino Unido (32 %) y Francia (31,7 %). El patrón de Alemania también difiere: el diseño representa una proporción elevada, del 21,3 %, reflejo de su base industrial impulsada por la ingeniería, mientras que los programas informáticos y las bases de datos, con un 8,2 %, tienen una participación menor que en la mayoría de las economías analizadas.
El Canadá, Francia, el Reino Unido y los Estados Unidos de América tienen el capital organizativo como categoría más importante, pero difieren en la segunda: programas informáticos y bases de datos en el Canadá y Francia (16,8 % y 23,1 %, respectivamente), mientras que las marcas constituyen la segunda categoría más importante en el Reino Unido, con el 25 %. La composición de los Estados Unidos de América ha cambiado a lo largo de tres décadas: aunque sigue siendo la segunda categoría más importante, la proporción de la I+D disminuyó del 24,8 % en 1995 al 22,7 % en 2023, mientras que la de los programas informáticos y las bases de datos aumentó del 10,6 % al 17,3 %. En el Reino Unido, las marcas constituyen la segunda categoría más importante, con el 25 %.
La India destaca por su orientación hacia los programas informáticos y las bases de datos, que representan casi el 45 % de su inversión total en intangibles en 2023 —la proporción más elevada de la muestra—, reflejo de su gran sector de tecnologías de la información y servicios de programas informáticos. El capital organizativo representa otro 21,8 % de la inversión en intangibles de la India, mientras que las marcas (9,3 %) constituyen una proporción menor, aunque creciente.
En Filipinas, el capital organizativo representa alrededor del 48 %, la proporción más elevada de la muestra, seguido de las marcas, con alrededor del 29 %; entre 2010 y 2022, la proporción de la I+D se duplicó con creces, hasta alcanzar el 5,5 %, y la de los programas informáticos y las bases de datos aumentó hasta el 9,4 % (véase también el recuadro 4).
La proporción de las marcas en el Brasil también destaca dentro de su combinación de inversión en intangibles: con el 25,3 %, supera la del Reino Unido (25 %) y se sitúa muy por encima del agregado del 15 %.
Tendencia estilizada 8: Las marcas constituyen una categoría de inversión de más de un billón de dólares
Las marcas son el tema especial del Panorama de la inversión mundial en activos intangibles 2026 de este año.
En la bibliografía, las marcas se reconocen cada vez más como activos intangibles productivos: conjuntos de capacidades de mercadotecnia, confianza de los consumidores y fortaleza de distribución que respaldan la diferenciación, la innovación, la ampliación de escala y primas de precio sostenidas (OMPI, 2013). Estos efectos dependen de complementariedades: las marcas son más eficaces cuando se combinan con inversiones en calidad, I+D, diseño, capital organizativo y datos.
Las marcas también configuran la apropiación de valor, ayudando a las empresas a obtener mayores márgenes en las fases finales de la cadena de valor y a ascender en ella, pasando de la producción por contrato a estrategias de marca propia (OMPI, 2017). Cuando la calidad es difícil de observar, la reputación —a nivel de empresa y de país— determina el acceso a los mercados y los precios; sin ella, los productores corren el riesgo de quedar atrapados en segmentos de baja calidad y bajo precio (Cagé y Rouzet, 2015).
Las marcas también tienen valor de imagen: los consumidores pueden preferir un producto y pagar una prima considerable por obtenerlo, aun cuando otros productos ofrezcan los mismos atributos y calidad (OMPI, 2013). A medida que las economías se enriquecen, es probable que este valor de imagen impulse parte del aumento de la inversión en marcas que se documenta a continuación.
El papel de las marcas ha aumentado a medida que las economías se vuelven más intensivas en intangibles y se basan más en plataformas. El recuadro 5 expone por qué las marcas importan más que nunca y cómo las tecnologías digitales y la IA están remodelando sus rendimientos y riesgos.
La OMPI (2013) identificó una "importancia renovada" de las marcas impulsada por la globalización, la fragmentación de la comunicación en canales digitales ricos en datos y la creciente fragilidad de la confianza. Desde entonces, esas fuerzas se han acentuado.
En primer lugar, las marcas ayudan a las personas a saber en qué confiar. La proliferación de imágenes, vídeos y textos generados por IA ha hecho más difícil para los consumidores distinguir qué es auténtico. En este entorno más saturado, una marca reconocida actúa como atajo, al señalar a un productor con una trayectoria documentada. La producción de contenidos a menor costo también intensifica la competencia por captar la atención, lo que da ventaja a las marcas conocidas y reputadas.
En segundo lugar, las marcas son activos duraderos controlados por las empresas. A medida que se endurecen las normas de privacidad y el seguimiento en línea se vuelve menos fiable, las empresas se alejan de la publicidad basada exclusivamente en datos y reinvierten en el reconocimiento de la marca y en las relaciones directas con los clientes. Las marcas conocidas también convierten la atención en ventas cuantificables de manera más eficiente (Nielsen, 2025).
En tercer lugar, las marcas determinan quién capta valor en las economías basadas en plataformas. A medida que aumentan las transacciones en plataformas digitales, las marcas sólidas pueden reducir el riesgo percibido y el tiempo de decisión, aumentando así las tasas de conversión, la fidelidad de los clientes y las compras reiteradas. Estas ventajas se basan en la confianza acumulada de los consumidores, que los competidores no pueden reproducir fácilmente.
Por último, las tecnologías digitales están amplificando tanto los rendimientos como los riesgos de la inversión en marcas. En cuanto a los rendimientos, la IA puede hacer que la mercadotecnia sea más escalable y rentable: las herramientas generativas reducen el costo de producir contenido creativo y textos publicitarios, facilitan la personalización a gran escala y aceleran las pruebas y la orientación de las campañas (McKinsey & Company, 2024; IAB, 2025; Nielsen IQ, 2024). En cuanto a los riesgos, sin embargo, esas mismas herramientas aumentan la exposición a crisis de reputación. Los ultrafalsos y los medios sintéticos pueden suplantar marcas o fabricar avales, y la desinformación generada por IA puede propagarse rápidamente, lo que acrecienta la importancia de proteger los activos de marca (Deloitte, 2024; Naffi, 2025). En conjunto, la IA aumenta tanto lo que puede lograr la inversión en marcas como los riesgos que conlleva (De Bruyn et al., 2020).
Sin embargo, la inversión en marcas no suele tratarse como capital en las cuentas nacionales, a diferencia de intangibles como la I+D; forma parte del aproximadamente 62 % que no se mide (véase la tendencia 7).
Para abordar esta cuestión, el Panorama de la inversión mundial en activos intangibles estima el gasto de mercadotecnia como formación de capital intangible en marcas, distinguiendo los componentes "adquiridos" (servicios de publicidad y estudios de mercado contratados externamente) de los componentes "por cuenta propia" (personal interno que trabaja en creación de marca y mercadotecnia).
Sobre esta base, la inversión en marcas en las economías de la muestra alcanzó 1,4 billones de USD en 2025 —una categoría de inversión superior al billón de dólares— y creció a una tasa anual compuesta del 4,2 % desde 2015.
Los Estados Unidos de América lideran la inversión mundial en marcas por un amplio margen, con más de 566 000 millones de USD en 2025, más de cuatro veces el nivel del Reino Unido, que ocupa el segundo lugar (137 000 millones de USD). El Japón (112 000 millones de USD), Alemania (95 000 millones de USD) y el Brasil (79 000 millones de USD) completan las cinco primeras posiciones (figura 17).
Entre el siguiente grupo de la muestra, Filipinas (14 200 millones de USD) figura entre las 12 principales economías, por detrás del Canadá (30 500 millones de USD) y junto a economías de ingresos altos como Suecia y Dinamarca.
El crecimiento de la inversión en marcas ha sido fuerte, pero desigual entre las economías durante el último período decenal (figura 18). El crecimiento más rápido se registró en Luxemburgo (tasa de crecimiento anual compuesta (TCAC) del 15,6 %, 2015–2025) y Lituania (11,3 %), seguidos de Dinamarca (9,1 %) y la India (7,2 %, 2013–2023). El crecimiento fue sólido, aunque más moderado, en las grandes economías de ingresos altos, incluidos los EE. UU. (5,3 %), Francia (4,7 %), Alemania (4,1 %) y el Reino Unido (3,9 %).
La intensidad de la inversión en marcas, medida como proporción del PIB, es mayor en un pequeño grupo de economías, principalmente europeas. Luxemburgo destaca con un 5,2 %, muy por delante de Lituania (3,6 %), que ocupa el segundo lugar, y del Reino Unido (3 %). Otro grupo se sitúa en torno al 2,5 %: Bulgaria, Dinamarca, Letonia y los Países Bajos.
Entre las mayores economías avanzadas, el Reino Unido es claramente líder en intensidad de marcas, por delante de los EE. UU. y Francia (ambos con un 1,8 %), el Japón (1,6 %) y Alemania (1,5 %).
La intensidad de la inversión en marcas del Brasil, del 1,9 % del PIB, supera el promedio de las 22 economías de la UE y es mayor que la de varias grandes economías avanzadas. Estos patrones de crecimiento e intensidad apuntan a una dimensión relacionada con el desarrollo. Las economías de ingresos medianos de rápido crecimiento, incluidas la India, el Brasil y Filipinas, están creando marcas a medida que convergen, a menudo invirtiendo a tasas superiores a las observadas históricamente en las actuales economías de ingresos altos. El recuadro 6 examina este vínculo y la evidencia a nivel empresarial.
La inversión en marcas se entiende mejor como un canal de apropiación de valor y mejora a nivel empresarial, condicionado por capacidades e inversiones complementarias, que como un motor del crecimiento agregado (OMPI, 2013). Las economías más ricas suelen disponer de más recursos para dedicar a la creación de marca y de mercados de consumo más profundos que recompensan la diferenciación (Fink et al., de próxima publicación).
Además, a nivel empresarial y sectorial, se ha demostrado que la inversión en marcas favorece la mejora económica (Corrado, Hulten y Sichel, 2009; Haskel y Westlake, 2017). La rápida creación de marcas en las economías de ingresos medianos responde a una lógica económica.
La investigación sobre los "efectos del país de origen" pone de relieve un reto: los consumidores tienden a valorar los productos de las economías en desarrollo como de menor calidad percibida, incluso cuando la calidad real es comparable (Verlegh y Steenkamp, 1999). Superar esas brechas de reputación exige una inversión sostenida en calidad, coherencia y mercadotecnia durante décadas, como han demostrado el Japón y la República de Corea (Kumar y Steenkamp, 2013; Brand Finance, 2025).
La progresión típica va de la fabricación por contrato a los diseños propios y, finalmente, a la venta de productos bajo la marca propia de la empresa (Gereffi, 1999). Empresas coreanas como Samsung y Hyundai ilustran esta trayectoria, al pasar de la fabricación por contrato en las décadas de 1960 y 1970 a convertirse en marcas reconocidas mundialmente; el crecimiento sostenido exigió tanto capacidad tecnológica como presencia de marca (Kang y Lee, 2023; Lee, Song y Kwak, 2015; Kang, Jung y Lee, 2020).
La figura 6.1 refuerza estos patrones a nivel macroeconómico, al comparar el gasto en publicidad (como variable aproximativa de la inversión en marcas) con el PIB per cápita. Las economías de ingresos altos muestran por lo general una elevada intensidad publicitaria como proporción del PIB, pero algunas economías de ingresos medianos, especialmente el Brasil, China y Filipinas, alcanzan una intensidad comparable con niveles de ingresos sustancialmente inferiores. Estos patrones reflejan tanto una rápida convergencia como esfuerzos deliberados por construir reputación en los mercados.
Las empresas chinas pasaron de producir para marcas extranjeras a desarrollar las suyas propias, aprovechando el crecimiento del mercado interno y adquisiciones estratégicas de marcas extranjeras consolidadas para acelerar su reconocimiento (Frey et al., 2014; Lee, 2024). La experiencia china muestra cómo la inversión coordinada en mercadotecnia, innovación y distribución puede acelerar el desarrollo de marcas.