Los puntos críticos de la cadena de valor que producen mayor impacto medioambiental son la agricultura/extracción de la fibra, el procesamiento del tejido, el transporte y el fin de la vida útil (Niinimäki y otros, 2020). Las materias primas de los tejidos proceden de fibras naturales o sintéticas, siendo el algodón la fibra natural más utilizada y el poliéster la principal fibra sintética y el material más utilizado en general (Textile Exchange, 2022). La extracción de fibras sintéticas necesita mucha energía, ya que estas derivan de polímeros, cuya fuente principal es el petróleo.
Externalizar la responsabilidad medioambiental
Los impactos negativos en el medio ambiente se concentran en los países fabricantes de tejidos y prendas de vestir, y en los países que importan ropa de segunda mano; ello es consecuencia de la desintegración vertical de la industria y la externalización masiva de la producción y la gestión de residuos a países en los que la mano de obra tiene menor costo.
Para lograr economías de escala y alcance, lleva a cabo los diversos procesos de producción industrial una red de distintas empresas y proveedores, y no una única empresa. Las marcas y los minoristas de la moda rara vez son propietarios de fábricas, sino que se dedican exclusivamente al diseño, el abastecimiento y la distribución de productos, dejando por cuenta de subcontratistas independientes la fabricación de tejidos y prendas de vestir.
Una de las consecuencias de este cambio estructural es un desplazamiento del equilibrio de poder en la cadena de suministro, que pasa de los fabricantes a los minoristas, quienes pueden externalizar la responsabilidad medioambiental y trasladar las externalidades negativas de la producción a los proveedores de los países en desarrollo.
Existen muchos ejemplos de contaminación y degradación medioambiental resultantes de la producción industrial en los países en desarrollo, pero es probable que esa actividad industrial forme parte de una extensa cadena de suministro. Por lo tanto, es necesario adoptar un enfoque sistémico que contemple toda la cadena de valor textil para analizar las externalidades de su proceso de producción y consumo. La evolución de la legislación sobre la diligencia debida abordará esta cuestión al imponer a las empresas de la moda la carga de asumir la responsabilidad de sus cadenas de suministro.
Productos químicos nocivos y consumo de agua
La degradación medioambiental puede producir graves efectos socioeconómicos desde el punto de vista de la salud, el bienestar y la calidad de vida de las personas afectadas por la producción textil. Los productos químicos nocivos presentes en los plaguicidas utilizados en el cultivo convencional del algodón se filtran en los cursos de agua y pueden provocar problemas neurológicos y reproductivos. Por ejemplo, el uso de agroquímicos en las aldeas dedicadas al cultivo del algodón en la India crea entornos tóxicos que causan sufrimiento físico y psíquico y angustia a los agricultores, con tasas de suicidio significativamente más altas que la media nacional (Kannuri y Jadhav, 2018).
Se necesitan grandes cantidades de agua para cultivar algodón y para teñir, procesar y acabar los tejidos. En Bangladesh, el segundo mayor exportador mundial de prendas de vestir confeccionadas y centro de fabricación, que da empleo a cuatro4 millones de trabajadores, el alarmante agotamiento de los niveles de agua subterránea se ha atribuido a la industria de la confección, debido al elevado consumo de agua de muchas fábricas de tejidos (Ahmed y Jaiswal, 2023).
Los productos químicos tóxicos utilizados en el procesamiento de tejidos, si no se contienen dentro de un sistema de circuito cerrado, suponen un riesgo para el medio ambiente, los trabajadores y las comunidades, puesto que pueden ser bioacumulativos, alterar el sistema hormonal y ser cancerígenos tanto para los seres humanos como para la fauna silvestre (Perry, 2017).
El teñido del algodón conlleva un consumo considerable de agua, con un uso estimado de aproximadamente 125 litros por kilogramo de fibras de algodón durante los procesos de teñido y acabado. Además del volumen de agua necesario, se consume una cantidad significativa de energía para calentar el agua y generar vapor con el fin de lograr el acabado deseado.
Los tejidos sintéticos son una fuente importante de microplásticos, que se introducen en los ecosistemas globales y están presentes en animales marinos y terrestres, así como en los seres humanos (Boucher y Friot, 2017; Agencia Europea de Medio Ambiente, 2021). Los microplásticos se desprenden a lo largo de todo el ciclo de vida de los tejidos sintéticos, pero la mayor parte se desprende durante la fase de uso por los consumidores, tras el lavado de las prendas en el hogar (Periyasamy y Tehrani-Bagha, 2022). Las soluciones actuales se centran en la fase de uso por los consumidores (filtros para lavadoras domésticas), mientras que las innovaciones para la fabricación de tejidos adaptados todavía se encuentran en una etapa de exploración.
El costo energético de la moda a través del consumo de energía y las emisiones de gases de efecto invernadero
Las etapas críticas de alto consumo energético son la extracción de fibras sintéticas y el cultivo de fibras naturales, así como el ulterior proceso de producción de tejidos. Las fibras sintéticas necesitan más energía que las naturales durante su extracción y producción (Niinimäki y otros, 2020; Sadowski y otros, 2021), y en la estrategia textil de la UE (Comisión Europea, 2022) se señala que el aumento de la demanda de productos textiles fomenta el uso ineficiente de recursos no renovables, como los combustibles fósiles para la producción de fibras sintéticas.
Existe una relación bien establecida entre el aumento de los tejidos sintéticos, que representan el 69 % de la producción de fibras, y el modelo de negocio de la moda rápida (Comisión Europea, 2022). El procesamiento húmedo tradicional para la producción de tejidos exige altos niveles de energía térmica destinada a calentar grandes tanques de agua para el pretratamiento, el teñido, el estampado y el acabado. Pasar al procesamiento en seco reduciría significativamente las emisiones durante la fabricación de tejidos (Apparel Impact Institute y Fashion for Good, 2021).
La elevada huella de carbono de la industria de la moda es consecuencia del alto consumo energético de los procesos de producción y se ve influida por la fuente de energía utilizada, por ejemplo, carbón o fuentes renovables (Niinimäki y otros, 2020). La red energética de la mayoría de los países productores se basa en el carbón, con un crecimiento interanual de la generación de electricidad a partir del carbón en los principales países productores, entre ellos la República Popular China, Bangladesh, la India y la República Socialista de Vietnam, entre 2010 y 2021 (Stand.Earth, sin fecha).
En su documento de trabajo, Sadowski y otros, (2021) estimaron las emisiones totales de GEI de la industria de la confección en 2019 utilizando datos de la Sustainable Apparel Coalition, Higg y Textile Exchange, desglosadas por proporción en cada tramo de la cadena de suministro, tal como se muestra en la figura 1.
La problemática del cuero
El consumo industrial masivo de cuero animal tiene un impacto medioambiental significativo en términos de emisiones de carbono, deforestación, contaminación del agua y uso excesivo de la tierra (Common Objective, 2021).
El cuero es un subproducto de la industria cárnica, ya que el mayor valor del ganado reside en la carne y no en la piel, por lo que la huella de carbono de la cría de ganado suele atribuirse a la industria cárnica y no a la industria de la moda. La mayor parte del cuero utilizado en el calzado y la confección de prendas de vestir procede de ganado vacuno (Common Objective, 2021), y la carne vacuna produce la mayor huella de carbono de todos los alimentos (Poore y Nemecek, 2018).
El método más popular para curtir el cuero utiliza cromo, un tipo de metal pesado que, en algunas formas, ha sido declarado cancerígeno. Los residuos del curtido al cromo, que contienen restos de cromo, suelen contaminar los cursos de agua, lo que supone un riesgo para la salud de los trabajadores del cuero y las comunidades locales (Common Objective, 2021). Aunque el curtido de cuero sin metales es posible y está ganando terreno, es un sistema menos popular que el curtido al cromo debido al costo y el consumo de energía que conlleva.
Las cadenas de suministro fragmentadas aumentan la huella de carbono del transporte.
La externalización masiva de la producción para disminuir los costos de mano de obra ha dado lugar a una cadena de suministro fragmentada geográficamente, con diversas operaciones situadas en lugares dispares, lo que genera una mayor huella de carbono debido al transporte de mercancías durante los procesos de transformación de la fibra en producto acabado.
Con el fin de que los productos acabados estén disponibles para su compra por los consumidores lo antes posible, el transporte aéreo es cada vez más popular en el sector de la moda, pero deja una huella de carbono significativamente mayor que el transporte marítimo (Niinimäki y otros, 2020). Sin embargo, la huella de carbono del transporte de prendas de vestir es prácticamente insignificante en comparación con la de los procesos de producción, como la extracción de fibras, el hilado y la fabricación de tejidos (Peters y otros, 2021).
Menos del 1 % de los productos textiles se reciclan para fabricar nuevos productos textiles.
La gestión de los residuos de productos textiles es un problema cada vez mayor, ya que la mayoría se incinera, se envía a vertederos o se exporta a países en desarrollo, donde puede acabar en vertederos o basureros a cielo abierto (Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, 2023; Changing Markets Foundation, 2023; National Geographic, 2024). Tan solo en Europa, se generan más de 15 kilogramos de residuos textiles por persona, de los cuales el 85 % está constituido por ropa y textiles para el hogar desechados por los consumidores.
En 2022, menos del 1 % del mercado mundial de fibras proviene de productos textiles reciclados antes y después del uso (Textile Exchange, 2023). El potencial de mejora es muy grande, y algunas previsiones sugieren que el reciclaje de fibra a fibra podría alcanzar entre el 18 % y el 26 % de los residuos textiles brutos en 2030 (McKinsey & Co., 2022).
Reciclar no significa “nuevos productos textiles”. Si bien la reutilización de tejidos como materia prima para otros sectores puede aportar ciertas ventajas económicas, contribuye muy poco a impulsar la economía circular de la moda. Más concretamente, la tendencia actual de utilizar residuos plásticos para fabricar productos de la moda —a menudo calificada como “sostenible”— en realidad no aborda el problema de los propios residuos de la industria ni mitiga las consecuencias medioambientales negativas del uso de tejidos derivados del plástico. Esas prendas y artículos de vestir siguen siendo sintéticos, por lo que liberan microplásticos tanto en los ecosistemas como en el cuerpo humano.
Un desafío importante para incorporar de manera significativa el reciclaje en esta industria está dado por el uso generalizado de tejidos mixtos. Por ejemplo, materiales como el elastano, que es un complemento habitual en los tejidos y se utiliza para mejorar la flexibilidad y el ajuste, son casi imposibles de separar y reciclar, y actualmente no existen métodos viables para procesarlos a gran escala.
Incluso cuando el reciclaje es técnicamente factible, el proceso no hace más que trasladar los productos químicos industriales incorporados en el tejido original, lo que a su vez perpetúa su presencia en las nuevas prendas. Además, la aceleración de la tendencia, impulsada en gran medida por la moda rápida, de combinar múltiples materias primas en una única prenda añade una capa adicional de complejidad. Aunque su objetivo sea mejorar la textura de la prenda y reducir el costo de la producción, hace que la separación y el reciclaje sean tan complejos como para parecer imposibles.
Altos índices de devolución en las compras en línea
En las compras en línea se observa una elevada tasa de devoluciones, siendo la ropa la categoría de productos que más se devuelve de entre los adquiridos en línea (Statista, 2023a). Entre el 25 % y el 50 % de las prendas de vestir compradas en línea se devuelven al minorista, en función del tipo de prenda y la época del año (Butler, 2022; Circular, 2023). En 2022 los índices más altos de devolución de prendas de vestir adquiridas en línea en Europa se observaron en Suiza, donde el 45 % del total de los pedidos de artículos de vestir en línea fueron devueltos (Statista, 2023b). Las devoluciones aumentan las emisiones de carbono debido al transporte adicional necesario para devolver los artículos, así como los residuos textiles, ya que los artículos devueltos pueden acabar en vertederos (Renwick, 2020) en lugar de ser revendidos.
Predominio del modelo de negocio lineal
El modelo de negocio de la moda rápida obstaculiza el avance hacia una economía circular de la moda. Las tendencias de la moda cambian sin cesar y eso hace que la atención se centre por un lado en la rapidez de comercialización y, por el otro, en el bajo costo de las operaciones de la cadena de suministro. Ello significa que los intereses comerciales prevalecen sobre las preocupaciones medioambientales y sociales, lo que da lugar a recortes y a que se dé preferencia a opciones de menor costo o menos sostenibles, como el poliéster virgen frente al poliéster reciclado, o el transporte aéreo frente al marítimo.
Combinado con la sobreproducción —se estima que un tercio del total de la ropa producida nunca se vende (Niinimäki y otros, 2020)—, el elevado consumo de recursos y las emisiones de GEI son inevitables en el actual modelo de negocio de la industria de la moda, lo que supone una grave amenaza para la sostenibilidad medioambiental.
Sigue prevaleciendo el sistema lineal de producción y consumo, es decir, el uso de recursos vírgenes finitos para fabricar artículos que no se aprovechan al máximo antes de ser desechados, y la ropa desechable de baja calidad que acaba incinerada, depositada en vertederos o arrojada al medio ambiente.
En un sistema circular, los productos se diseñan para durar, y los productos y materiales existentes se mantienen en uso durante tanto tiempo como sea posible conservando su máximo valor, mediante el intercambio (trueque, alquiler, reventa), la reparación, la reutilización, el suprarreciclaje o el reciclaje.
Mitigar el impacto medioambiental de la industria de la moda
La creciente sensibilización acerca de la magnitud del impacto medioambiental negativo de la moda y las limitaciones de las iniciativas voluntarias han despertado la atención de quienes se encargan de formular políticas para imponer medidas y exigir la presentación de informes en toda la cadena de suministro (Business of Fashion y McKinsey & Co., 2023).
La creciente sensibilización de los consumidores, las empresas y los encargados de formular políticas ha colocado la sostenibilidad medioambiental en la industria de la moda en el primer plano de la agenda pública. La sostenibilidad medioambiental que respalda la transición hacia una economía baja en carbono y eficiente en el uso de los recursos está regida por una serie de iniciativas voluntarias (por ejemplo, la Carta de la Moda, de la ONU y la Sustainable Apparel Coalition), los informes medioambientales, sociales y de gobernanza para los inversores y, cada vez más, por la reglamentación y la legislación.
El seguimiento del origen de los recursos utilizados en la industria de la moda se remonta a la Ley estadounidense Dodd‑Frank sobre minerales de conflicto, de 2012, y la legislación sigue evolucionando con requisitos obligatorios de rastreo y divulgación. Puesto que la autorregulación y las iniciativas voluntarias no han logrado la transformación deseada, se han promulgado y pronto entrarán en vigor nuevas leyes en la UE y en los EE. UU. que exigen a las marcas y a los fabricantes intensificar las iniciativas destinadas a reducir las emisiones de carbono y los residuos (Business of Fashion & McKinsey & Co., 2023).
La Directiva relativa a la presentación de información sobre sostenibilidad por las empresas, una nueva normativa de la UE que entró en vigor en 2024, exige a todas las grandes empresas que publiquen informes periódicos sobre las actividades que producen impacto medioambiental y social en un marco estandarizado, y que establezcan procedimientos de diligencia debida para abordar los efectos negativos de sus acciones sobre los derechos humanos y el medio ambiente, también a lo largo de sus cadenas de valor, en todo el mundo.
El Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono, de la UE, impone un gravamen sobre la importación de determinados productos a la UE, aunque los productos textiles aún no están incluidos. Está ideado para hacer frente a la “fuga de carbono”, que se produce cuando las empresas trasladan sus actividades de producción a países con políticas climáticas menos estrictas, lo que ocasiona un aumento de las emisiones en esos países.
La Ley sobre la Moda, del Estado de Nueva York, (Ley de Sostenibilidad y Responsabilidad Social en la Moda) obligará a las marcas a divulgar y abordar el impacto medioambiental y social de sus actividades. Las empresas con ingresos anuales superiores a 100 millones de dólares estadounidenses que deseen vender en el mercado de Nueva York deben fijar y alcanzar objetivos en materia de emisiones basados en datos científicos, trazar mapas de la cadena de suministro mundial disponibles al público y publicar datos sobre la gestión del uso de productos químicos.
La Iniciativa de Objetivos Basados en datos científicos (SBTi, por sus siglas en inglés) ofrece a las empresas orientación concreta específica para cada sector, con el fin de reducir las emisiones fijando objetivos y estableciendo vías para alcanzarlos. Las empresas de la industria de la moda también pueden completar un inventario de emisiones de GEI de conformidad con el Protocolo de GEI, que establece las normas para que las empresas, las ciudades y los países midan y rastreen las emisiones de GEI (Protocolo de GEI, 2023). Con arreglo a ese protocolo, las emisiones de gases de efecto invernadero de una empresa pueden clasificarse de la siguiente manera:
Las emisiones de alcance 1 son emisiones directas procedentes de recursos propiedad de la empresa y controlados por ella.
Las emisiones de alcance 2 son emisiones indirectas procedentes de la generación de energía adquirida a un proveedor de servicios públicos ( por ejemplo, mediante la adquisición de electricidad, vapor, calefacción y refrigeración).
Las emisiones de alcance 3 son todas emisiones indirectas que no están incluidas en el alcance 2 y que se producen en la cadena de valor de la empresa, tanto las emisiones de actividades anteriores como posteriores.
Las emisiones de alcance 3 son las mayores fuentes de emisión en la cadena de valor. Sin embargo, pueden ser difíciles de medir porque la industria se vale de una red mundial de proveedores.