¿Dónde están las oportunidades de innovación?

Las oportunidades de innovación siguen estando distribuidas desigualmente y a menudo no se aprovechan. Para que la estrategia dé sus frutos es necesario reconocer las vías de diversificación óptimas y revelar el potencial oculto en los ecosistemas mundiales.

Dado que la mayoría de las economías tienen dificultades con la diversificación inteligente y la gestión estratégica de las capacidades, reconocer las oportunidades sin explotar se convierte en algo esencial para tomar decisiones políticas con conocimiento de causa. Dos perspectivas complementarias nos dicen dónde reside el potencial de innovación: en qué ámbitos cada una de las economías puede ampliar estratégicamente sus capacidades y en cuáles el sistema mundial de innovación presenta lagunas sistemáticas.

Un círculo virtuoso: a mayor solidez de los ecosistemas mayores oportunidades

La primera perspectiva analiza las oportunidades de diversificación al examinar la proximidad de posibles nuevos campos con respecto a las bases de conocimiento existentes y la complejidad necesaria para dominarlos. No todas las vías de diversificación son igual de accesibles: las economías pueden desarrollar más fácilmente capacidades estrechamente relacionadas con las capacidades existentes, mientras que los campos más alejados requieren una mayor inversión estratégica. La pregunta clave es: ¿qué nuevos campos ofrecen la combinación óptima de accesibilidad y creación de valor a largo plazo?

Analizar la facilidad con la que las economías pueden acceder a campos complejos y de rápido crecimiento revela importantes perspectivas estratégicas sobre las vías de diversificación y las capacidades subyacentes que permiten una expansión satisfactoria.

La relación entre las oportunidades de diversificación revela un patrón fundamental: las economías bien posicionadas para dominar capacidades complejas suelen ser también las mejor situadas para introducirse en campos de rápido crecimiento (véase el gráfico 3.1). Sin embargo, surgen notables excepciones: Alemania y el Japón. Esas dos economías maduras pueden acceder más fácilmente a nuevos campos de rápido crecimiento que desarrollar capacidades complejas totalmente nuevas. Portugal ejemplifica el modelo típico de alto rendimiento en ambas dimensiones, mientras que Uganda se enfrenta a retos en los dos ámbitos, lo que pone de relieve cómo las economías con diferentes niveles de desarrollo afrontan distintas dificultades en lo que respecta a la diversificación estratégica.

Este círculo virtuoso se ha reforzado con el tiempo, aunque de forma desigual según los tipos de oportunidades (véase el gráfico 3.2). Desde 2001, la capacidad de las economías para acceder a campos de innovación de rápido crecimiento se ha duplicado con creces (2,25×), mientras que el acceso a campos complejos ha crecido más modestamente (1,60×). Esta divergencia sugiere que, si bien las oportunidades de diversificación han aumentado en general, se ha ampliado de hecho la brecha entre el acceso a los mercados emergentes y el desarrollo de capacidades sofisticadas, lo que podría acrecentar las disparidades de desarrollo existentes.

Este fenómeno se observa también en las capacidades de innovación individuales (véase el gráfico 3.3), lo que pone de manifiesto las distintas vías estratégicas que siguen los diferentes tipos de ecosistemas.

  • En general, las capacidades científicas se perfilan como el punto de entrada más accesible, adecuado para economías con una complejidad limitada, incluida la investigación básica, las publicaciones académicas y los estudios fundamentales.

  • Las capacidades empresariales son más compatibles con ecosistemas de baja complejidad y rápido crecimiento.

  • Muchas capacidades de producción suelen necesitar una alta complejidad, pero ofrecen un crecimiento moderado.

  • Las capacidades tecnológicas exigen sofisticación y se dirigen a economías de rápido crecimiento tecnológico.

Esta segmentación da a entender que las estrategias de diversificación exitosas deben alinear los objetivos de capacidades con los niveles de desarrollo del ecosistema (véase el cuadro 3.1). Los análisis realizados con respecto al ecosistema de innovación revelan cómo los niveles de desarrollo determinan en gran medida las oportunidades de diversificación. Por ejemplo, las oportunidades más rentables de Portugal se concentran en el desarrollo de tecnologías avanzadas, lo que refleja sus capacidades actuales. Mientras tanto, las oportunidades del Afganistán se centran en la investigación científica fundacional y las actividades de producción básicas, que representan puntos de entrada accesibles para crear capacidades iniciales de innovación.

Si se invierte esta perspectiva y se examina qué economía está mejor posicionada para desarrollar cada campo de innovación específico, se confirma esta jerarquía de complejidad (véase el cuadro 3.2). Los campos más sofisticados concentran las oportunidades entre los principales centros de innovación, mientras que los más sencillos favorecen cada vez más a las economías menos desarrolladas. Esta doble perspectiva proporciona información estratégica valiosa tanto para los encargados de formular políticas que planifican el desarrollo de capacidades como para las empresas que desean determinar cuáles son las ubicaciones óptimas para invertir en innovación.

Esta metodología permite un marco de riesgo-recompensa para las políticas de innovación, al reconocer que no existe una única vía de desarrollo. Los responsables de formular políticas deben comprender los riesgos de centrarse en campos relacionados de forma distante, al tiempo que utilizan la complejidad como guía de las posibles recompensas. Sin embargo, las oportunidades de cada país solo representan una parte del panorama de la innovación: las desigualdades sistemáticas en todo el sistema mundial revelan dónde siguen sin producirse las innovaciones previstas a pesar de las condiciones favorables.

Dónde sigue sin aprovecharse el potencial de innovación

Los ecosistemas de innovación rara vez funcionan a pleno rendimiento. El indicador de potencial evalúa cuánta producción adicional debería generar una economía en un sector determinado, basándose en el desempeño de áreas conexas. Por ejemplo, un país que destaca en ciencia de los materiales y fabricación de precisión debería, en teoría, sobresalir en tecnologías avanzadas de baterías, ya que sus capacidades actuales le proporcionan la base necesaria. El potencial sin explotar representa la brecha existente entre esta capacidad teórica y el rendimiento real y revela en qué ámbitos los ecosistemas no aprovechan plenamente su base de conocimientos (véase el cuadro 3.3).

Sin embargo, no todo el potencial sin explotar merece atención. Al igual que la gestión inteligente de capacidades centra los recursos en las capacidades más rentables, las economías deben dar prioridad a las carencias en campos muy complejos que ofrecen un mayor rendimiento de la inversión. El bajo nivel de complejidad y el potencial sin explotar pueden reflejar simplemente la decisión estratégica de concentrar los esfuerzos en otros ámbitos, en lugar de una verdadera pérdida de eficiencia.

La pauta más significativa se observa en la innovación tecnológica: solo el 10 % de las economías aprovechan todo su potencial en materia de patentes en función de sus otras capacidades. Esto contrasta con el 27 % que alcanzan los volúmenes de registro de marcas previstos, el 30 % que cumplen las expectativas de exportación y el 32 % que alcanza el potencial de publicaciones científicas. Esto parece indicar que existen barreras sistemáticas para convertir los conocimientos científicos y la capacidad de fabricación en innovaciones patentables, lo que pone de relieve un cuello de botella crítico en el sistema mundial de innovación.

La dimensión global de la innovación sin explotar pone de manifiesto la pérdida de numerosas oportunidades en la mayoría de los ámbitos. A nivel mundial, los ecosistemas de innovación registran colectivamente cada año unos resultados inferiores a los esperados en aproximadamente 339 000 tecnologías, lo que representa el 26 % de todas las innovaciones tecnológicas reales, mientras que sigue sin materializarse el registro de 40 000 marcas (el 15 % del volumen real) y el 17 % del potencial de exportación (véase el Cuadro 3.4).

La ciencia presenta unos patrones muy diferentes. Solo 7 500 publicaciones científicas complejas siguen sin aprovecharse a escala mundial, lo que representa apenas el 5 % de todo el potencial científico no explotado. El 95 % restante de las publicaciones científicas sin aprovechar se concentra en campos que ofrecen un valor estratégico limitado para los ecosistemas.

Estos patrones indican que, si bien la mayoría de las dimensiones de la innovación se enfrentan a barreras sistemáticas que impiden el pleno aprovechamiento de las capacidades existentes, la investigación científica muestra una alineación más eficaz entre el desarrollo de capacidades y la publicación estratégica en campos complejos y de alto valor.

Los patrones regionales en cuanto al potencial tecnológico revelan disparidades mundiales en la eficacia de los sistemas de innovación (véase el gráfico 3.4). Solo Asia y América del Norte superaron sistemáticamente la producción prevista de patentes, y los logros de América del Norte aumentaron drásticamente, pasando del aprovechamiento del potencial total en 2001 al del 60 % por encima del potencial en 2023. Asia ha mantenido un sólido rendimiento superior a la media, aunque ha descendido el aprovechamiento del 65 % al 31 % por encima del potencial. En cambio, Europa solo aprovecha el 63 % de su potencial tecnológico, mientras que Oceanía aprovecha únicamente el 49 %. La tendencia más preocupante se observa en África, donde el aprovechamiento del potencial tecnológico ha disminuido de una cifra ya escasa en 2001, el 34 %, a solo el 19 % en 2023.

Estas tendencias divergentes sugieren una creciente concentración de sistemas de innovación eficaces especifícamente en capacidades tecnológicas complejas. América del Norte ha fortalecido su capacidad para convertir capacidades en patentes sofisticadas, lo que indica una mejora en la comercialización de sus conocimientos más avanzados. En cambio, el declive de Asia sugiere una disminución de la eficacia a la hora de traducir las capacidades existentes en innovaciones tecnológicas más complejas, a pesar de mantener su fortaleza en general. Este fenómeno pone de manifiesto que no basta con poseer capacidades científicas y de fabricación; las regiones necesitan marcos institucionales cada vez más sofisticados para desarrollar plenamente su potencial en materia de innovación tecnológica de alta complejidad.

Los sistemas de innovación presentan patrones distintivos en cuanto a la forma en que los diferentes tipos de capacidades se complementan entre sí para generar potencial, patrones que trascienden la distribución subyacente de los campos de innovación (véase el gráfico 3.5). Si bien las capacidades de producción representan la categoría más importante (34 % de todos los campos) y la ciencia la segunda en importancia (25 %), los patrones de especialización regional muestran una marcada desviación con respecto a estos porcentajes de referencia.

América Latina y el Caribe son un ejemplo de sistema impulsado por la ciencia y la producción, en el que la investigación científica aporta entre el 26 % y el 36 % del potencial en todas las dimensiones de la innovación, complementado por una sólida capacidad de producción (entre el 43 % y el 53 %). Esto sugiere que son economías que destacan en investigación fundamental y fabricación, pero que tienen dificultades para traducir estas ventajas en iniciativas empresariales y avances tecnológicos.

América del Norte presenta el sistema de innovación más equilibrado, en el que las capacidades tecnológicas contribuyen de manera notable (entre el 32 % y el 37 % del potencial), al tiempo que se mantienen importantes aportaciones en todas las demás dimensiones. Cada tipo de innovación se nutre de forma más equilibrada de diferentes fuentes, lo que sugiere la existencia de flujos de conocimiento sofisticados entre las actividades.

Por el contrario, África muestra una gran dependencia de la investigación científica como motor para aprovechar su potencial (entre el 50 % y el 70 % en la mayoría de las dimensiones). Esta circunstancia, sumada a la escasa diversidad en todas las demás dimensiones, apunta a unos fundamentos académicos relativamente sólidos, pero a unas vías de comercialización más endebles. Europa y Oceanía dependen en mayor medida de las capacidades empresariales para impulsar su potencial, mientras que Asia oriental presenta un perfil relativamente equilibrado, en el que destacan las capacidades productivas junto con otras dimensiones.

El análisis del potencial sin explotar por ámbito de innovación revela una clara jerarquía de complejidad entre las regiones (véase el cuadro 3.5). Europa es la que más oportunidades ha perdido en los campos tecnológicos más sofisticados, ya que posee entre el 87 % y el 90 % del potencial sin explotar en ámbitos avanzados como los sistemas de fabricación, la electrónica, los instrumentos de física y la química. Esta concentración refleja las sólidas bases científicas y productivas de Europa, que siguen sin aprovecharse plenamente para la innovación tecnológica compleja.

A medida que disminuyen los niveles de complejidad, el potencial sin explotar se desplaza hacia otras regiones. Asia oriental destaca en los ámbitos empresariales y productivos de complejidad media, especialmente en los sectores químico, de servicios de investigación y de fabricación. El potencial sin explotar de África se concentra en áreas de menor complejidad, como la agricultura, las materias primas y las actividades de producción básicas, en consonancia con su nivel de desarrollo y sus capacidades actuales.

La distribución geográfica de las oportunidades perdidas indica que las intervenciones específicas deben centrarse en las lagunas en la transferencia tecnológica de Europa, las dificultades de comercialización empresarial de Asia y el desarrollo de capacidades básicas en África. Este patrón confirma la conclusión de que el potencial sin explotar varía sistemáticamente en función tanto de los niveles de desarrollo regional como de la complejidad de la innovación, lo que proporciona una orientación estratégica clara para determinar dónde podrían generar mayores beneficios los diferentes tipos de intervenciones políticas.

Las oportunidades como hoja de ruta para una política de innovación estratégica

Estas dos perspectivas complementarias, las oportunidades de diversificación y el potencial sin explotar, proporcionan un marco integral para determinar dónde pueden generar los mayores rendimientos las inversiones en innovación. Los datos revelan unas vías estratégicas claramente definidas: las economías deben buscar oportunidades de diversificación acordes con sus niveles de desarrollo, al tiempo que subsanan las deficiencias sistemáticas que les impiden desarrollar todo su potencial de innovación.

Los patrones son notablemente coherentes en los dos análisis. Las economías avanzadas, como las europeas, poseen sólidas capacidades fundamentales, pero tienen dificultades con la traslación tecnológica, lo que sugiere la necesidad de mejorar la infraestructura de comercialización y los mecanismos de transferencia de tecnología. Las economías emergentes de Asia presentan capacidades equilibradas, pero se enfrentan a desafíos de comercialización empresarial, lo que apunta a la necesidad de intervenir mediante políticas que refuercen los vínculos con el mercado y apoyen el desarrollo empresarial. Las economías en desarrollo, especialmente en África, deben centrarse en el desarrollo de capacidades básicas en ámbitos científicos y de producción accesibles, a la vez que avanzan paulatinamente hacia actividades más complejas.

Quizás lo más importante sea que estas conclusiones demuestran que las políticas de innovación no pueden basarse en enfoques comunes para todos. La naturaleza sistemática de las limitaciones a la diversificación y del potencial sin explotar hace pensar que las estrategias eficaces deben adaptarse a los niveles de desarrollo regional, las carteras de capacidades existentes y los contextos institucionales. Los países y regiones que adecuan las inversiones en innovación a estos conocimientos basados en datos empíricos están en condiciones de saltarse las limitaciones tradicionales de desarrollo y acelerar la transición hacia una competitividad basada en los conocimientos.