Para dar respuesta a las necesidades de salud mundiales se requieren diferentes enfoques y que las partes interesadas en el campo de la biotecnología realicen contribuciones significativas por distintos medios. Por ejemplo, en el caso de enfermedades endémicas como la malaria o la enfermedad de Chagas, si el objetivo es ofrecer a poblaciones subatendidas un tratamiento de bajo costo que no requiera distribución con control de temperatura y que pueda ser administrado por personal médico con formación básica, la estrategia más eficaz de asistencia podría ser impulsada por una organización benéfica o una fundación con financiación procedente de donantes, ONG, organizaciones intergubernamentales (por ejemplo, la OMS) o Gobiernos, en lugar de empresas o inversores. En cambio, es poco probable que se puedan desarrollar algunos productos biotecnológicos sin la participación del sector con fines de lucro y las partes interesadas de pequeñas, medianas o grandes empresas, así como de inversores especializados. Ninguno de los dos modelos es inadecuado, puesto que ambos contribuyen a mejorar la atención de la salud a escala mundial.
En ocasiones, aunque no siempre, los modelos pueden interactuar o solaparse, por lo que es fundamental que todas las partes del ecosistema de innovación biotecnológica tengan claro qué camino desean seguir: el de las organizaciones benéficas o el de las entidades con fines de lucro. Esperar que una fundación o una ONG invierta sumas millonarias en ensayos clínicos o produzca una vacuna muy compleja puede ser poco realista. Y suponer que una empresa de biotecnología estará dispuesta a operar con un margen de ganancia bajo o nulo es también ilusorio. Encontrar una forma creativa de cooperar y recurrir a ambos enfoques resulta complicado, pero no imposible. Por ejemplo, la Fundación Gates permite que quienes reciben financiación y descubren un tratamiento que puede servir a diferentes poblaciones dependiendo de su indicación puedan establecer dos campos de aplicación sujetos a licencia: uno destinado a atender a poblaciones subatendidas, por ejemplo, en África, y otro orientado a incentivar la inversión y las iniciativas empresariales en materia de desarrollo, ensayos clínicos, fabricación y distribución.
La pandemia de COVID-19 planteó interrogantes sobre la concesión de licencias académicas de patentes y tecnología que puedan servir para el diagnóstico o el tratamiento de la COVID-19. Estas cuestiones pueden abordarse determinando primero si la licencia se utilizará con fines benéficos o para generar ingresos, y luego utilizando los siguientes instrumentos comunes de concesión de licencias:
limitaciones por campo de aplicación
limitaciones geográficas
limitaciones temporales.
El licenciante puede considerar la concesión de una licencia exenta de regalías o de bajo costo durante la pandemia, únicamente para vacunas contra antígenos del coronavirus de 2019, y no contra antígenos asociados a otras enfermedades infecciosas, y para la venta o distribución de esas vacunas en países menos adelantados y en desarrollo. Este enfoque permite atender las necesidades humanitarias inmediatas, pero deja margen para otras aplicaciones e iniciativas que dependerán de los mecanismos habituales de inversión y dedicación con fines de lucro.