Creación de empresas para comercializar los activos de propiedad intelectual en el marco de la investigación universitaria

Cathy Garner y Philip Ternouth1

La creación de nuevas empresas desempeña actualmente un importante papel en la comercialización de tecnologías elaboradas en instituciones de investigación. Aunque no sea siempre la manera más eficaz de comercialización para todas las tecnologías, las personas interesadas en el desarrollo económico consideran que el establecimiento de empresas prósperas de tecnología de punta es un medio de crear empleos de apoyo y bien remunerados. Así pues, muchos países se han esforzado por apoyar esta tendencia mediante el establecimiento de centros de fomento de empresas (“incubadoras de empresas”) y de parques científicos a fin de crear un entorno favorable. En el presente documento se exponen los factores que pueden contribuir a la creación con éxito de una empresa especializada en tecnología en el marco de la investigación científica. En este documento no se aborda específicamente el proceso de toma de decisiones que es necesario para determinar si la creación de una nueva empresa es realmente el mejor medio para comercializar esas tecnologías2.

Introducción

La tendencia a crear nuevas empresas de tecnología de punta (start ups) en el ámbito científico comenzó en los Estados Unidos como resultado de la contribución de las universidades a la defensa nacional durante la Segunda Guerra Mundial. Esta experiencia puso de relieve la necesidad de crear asociaciones y vínculos entre los sectores de la investigación industrial, universitaria y gubernamental. En los años 1940, en los Estados Unidos, Vannevar Bush, Asesor en política científica del Presidente Roosevelt, reconoció, por primera vez, el valor de la investigación universitaria como medio para aumentar el acervo de conocimientos que puede utilizar la industria gracias al apoyo gubernamental3. La historia de Silicon Valley y del éxito de sus nuevas empresas es proverbial4.

En los Estados Unidos, se asiste actualmente a la creación de numerosas empresas de tecnología de punta. Según las 214 universidades que cuentan con nuevas empresas de esa índole que respondieron a la encuesta de la Association of University Technology Managers, se han creado unas 450 nuevas empresas durante el ejercicio de 2002 para explotar las tecnologías elaboradas gracias a los descubrimientos de la investigación universitaria5. Desde 1980, se han creado unas 4.320 empresas de tecnología de punta, de las cuales 2.741 siguen operativas. Cabe destacar que el 83% de las empresas creadas en 2002 tenían su sede en el Estado en el que se encuentra la universidad. Del total de instituciones universitarias, 131 notificaron la creación de al menos una nueva empresa de alta tecnología y dos informaron sobre la creación de 23 empresas de esa índole cada uno. De las 4.509 licencias concedidas, aproximadamente el 68% estaban destinadas a nuevas pequeñas empresas o ya existentes, que contaban con menos de 500 empleados. En el 91% de los casos, las licencias concedidas a nuevas empresas eran licencias exclusivas. Comparativamente, el porcentaje de licencias concedidas a las pequeñas empresas existentes era del 45%, y del 38% respecto de las grandes empresas existentes. Del mismo modo, un informe publicado recientemente sobre las universidades del Reino Unido6 pone en evidencia que los ingresos por concepto de licencias disminuyeron en los últimos años, posiblemente debido a que las autoridades públicas promueven la creación de nuevas empresas.

Condiciones que contribuyen al éxito de las nuevas empresas de tecnología de punta

Hay una serie de factores que es necesario tener en cuenta a la hora de examinar si el mejor medio de comercializar una tecnología es el establecimiento de nuevas empresas. Sin embargo, no cabe duda de que para introducir con éxito un nuevo producto en el mercado, es más arriesgado establecer una nueva empresa que conceder, como se hace habitualmente, una licencia a una empresa que ya existe. En general, las circunstancias que favorecen el establecimiento de una nueva empresa para elaborar y comercializar productos apuntan a que la explotación mediante licencia de la tecnología por una empresa existente no ofrece las mismas posibilidades de comercialización. A la inversa, cuando ese acuerdo de concesión de licencia es posible, la nueva empresa probablemente no podrá obtener el mismo beneficio financiero para los titulares de la tecnología y no logrará comercializar el producto con tan buenos resultados como en el caso de un acuerdo de licencia.

Una empresa existente, que ya dispone de la infraestructura necesaria: canales de comercialización, instalaciones y gestión comercial, conocimientos del sector y una red de contactos, representa, en la mayoría de los casos, un riesgo menor. Ahora bien, cuando la nueva tecnología es tan innovadora que vuelve obsoleta la tecnología anterior en ese sector y/o está alejada del mercado, como es el caso de las tecnologías elaboradas en el marco de la investigación universitaria, la creación de una “nueva empresa” es probablemente la única alternativa realista. Además, la prioridad que se da actualmente a nivel político a la creación de nuevos empleos y al desarrollo económico local es un factor suplementario que respalda la opción de crear una “nueva empresa”.

Una nueva empresa, creada a partir de instituciones de investigación, puede beneficiarse, al comienzo, de una existencia como empresa “virtual”. Esta fase puede durar mucho tiempo hasta que se establezcan empresas derivadas (spin outs) en el marco de las universidades. De hecho, ha ocurrido con frecuencia que haya empresas que sólo existen en las universidades, sin límites claramente definidos. La fase “virtual” puede contribuir a preparar la empresa para una existencia autónoma y, habida cuenta de la inestabilidad actual de la financiación destinada a la creación de empresas en ciertos sectores tecnológicos, a permitir que las nuevas tecnologías tengan posibilidades de comercialización sin la carga de una existencia jurídica oficial. En el Reino Unido, para obtener ciertos fondos iniciales destinados al desarrollo económico (la Scottish Enterprise Proof of Concept Fund7 es un buen ejemplo), el modelo virtual es una condición de la financiación. Sin embargo, llegado el momento, las empresas deben tener una existencia independientemente y generalmente llegan a ser entidades jurídicas (“sociedades”) de pleno derecho establecidas para llevar a cabo actividades comerciales.

La experiencia ha demostrado que los siguientes factores son fundamentales para el éxito o el fracaso de una empresa:

  • Tecnología.  Una tecnología que proporciona una mejora considerable aunque progresiva a una categoría de producto ya existente (por oposición a una tecnología de plataforma) tiene muchas probabilidades de ser explotada de forma eficaz mediante una licencia concedida a una empresa ya existente. Los productos de esa categoría cuentan con mercados que tienen canales establecidos y clientes fieles con los que puede ser arriesgado entrar en competencia. Por otra parte, las tecnologías de plataforma son las que permiten la producción de una gama de productos diferentes, probablemente para diferentes mercados. En este caso, la manera de sacar el mejor provecho de esos productos y de garantizar que la tecnología sea plenamente explotada suele ser la creación de una nueva empresa. Esa creación de una empresa puede, o no, estar dirigida directamente hacia los mercados, en función de los costos marginales de cada mercado y de los beneficios que se puedan obtener. Las tecnologías de plataforma suelen ser interesantes para los inversores dado que los mercados potenciales que puedan crearse ofrecen mayores garantías de rendimiento cuando no tiene éxito la aplicación inicialmente prevista. Del mismo modo, queda claro que las posibilidades de rendimiento son más elevadas que en el caso de una tecnología centrada en un sólo producto.

  •  Desarrollo de mercados.  Un mercado existente (definido como las ventas de un determinado tipo de productos a un grupo específico de consumidores) tiene mayores probabilidades de atraer diversos competidores con clientes fieles y canales de distribución establecidos. En esta situación, una licencia convencional es probablemente el mejor camino para la comercialización. A la inversa, cuando un mercado es nuevo, puede ocurrir que no sea posible obtener una licencia o que el costo marginal sea superior para un licenciatario potencial. En este caso, las expectativas de rendimiento de las inversiones serán mayores, lo que, en definitiva, hace que la licencia sea una opción interesante. Todos estos factores apuntan a que el establecimiento de una nueva empresa puede ser la mejor opción desde el punto de vista financiero siempre que exista un mercado potencial.

  • ¿Producto, sistema o componente?  Si el producto es un sistema completo, será posible, teóricamente, establecer una nueva empresa de tecnología de punta o una empresa derivada para poder comercializarlo, dado que la empresa puede aportar una solución a los usuarios finales. Si el producto es un componente de un sistema más amplio, será necesario canalizarlo por medio de empresas establecidas en ese sector que lo integrarán en un sistema completo, a menos que, por otras razones, la tecnología pueda ser concedida bajo licencia a empresas existentes con objeto de añadir nuevos productos a los sistemas o reemplazar la tecnología existente (en cuyo caso, una licencia puede ser una solución viable).

  •  Disponibilidad de personal de gestión.  Sin personal de gestión competente, es muy difícil elaborar una tecnología. Una buena comercialización de la tecnología (dando a conocer los beneficios que presenta el producto) permitirá utilizar los activos de la tecnología para sacar el máximo provecho de los recursos en gestión disponibles en el mercado. A la inversa, si resulta difícil atraer a personas competentes que se interesen en la propuesta, esto puede deberse a que no se han satisfecho las condiciones necesarias para la creación de una empresa. Optar por una licencia permite obtener la contribución del personal de gestión de las compañías existentes para la comercialización de un nuevo producto.

  •  Concentración del mercado.  Un mercado concentrado es un mercado que obtiene la mayor parte de su valor de un número limitado de clientes. Un mercado difuso es un mercado cuyo valor está disperso entre un gran número de clientes. Es más fácil localizar un número limitado de clientes importantes y ponerse en contacto con ellos que tener que habérselas con un gran número de pequeños clientes. En este último caso, la explotación de un canal de distribución existente en el marco de un acuerdo de distribución puede ser el único medio de comercializar el producto aunque exista un verdadero potencial para nuevos productos o nuevas empresas.

  •  Complejidad de la tarea de ventas.  Cuando la tarea de ventas es compleja, lo que puede ser el caso para un nuevo producto o cuando el cliente no conoce ese tipo de producto y los beneficios aún no se han demostrado, puede que sólo los creadores del producto sean capaces de describir sus características de forma pertinente y de trabajar con clientes innovadores para demostrar su utilidad. En esos casos, la mejor opción será contratar un operador competente y organizar mecanismos de formación adecuados para permitir al operador presentar el producto correctamente.

  •  Disponibilidad de inversiones.  Por lo que respecta al proceso desde la elaboración de la tecnología hasta su comercialización, puede ocurrir que no sea posible financiar todo el proyecto por razón de los altos costos y de los riesgos que entraña. La concesión de una licencia puede ser la única forma de obtener una financiación. Si esta opción es posible, esto significa quizás que están reunidos los otros factores favorables a la concesión de una licencia. El ejemplo clásico es el del proceso de elaboración y de comercialización de un medicamento, en el marco del cual los costos de los ensayos clínicos y de los procedimientos reglamentarios pueden ser superiores a los 100 millones de dólares EE.UU. y el porcentaje de desgaste superior al 90%.

  •  Complejidad de la cadena de producción.  Cuando la cadena de producción en relación con un producto o un servicio es muy compleja, quizás será necesario recurrir a los servicios de un equipo de coordinación y poseer un conocimiento a fondo de la tecnología en la que se basa el producto. Las nuevas empresas que se proponen explotar las ciencias de la biotecnología tienen que hacer frente a un entorno en el que es necesaria la colaboración. En una cadena de valores compleja, es necesario pasar por muchas etapas diferentes antes de llegar a la comercialización del producto: determinación del objetivo, diseño o síntesis y selección de los componentes, y, a continuación, elaboración y comercialización del medicamento. Para ello, es necesario una infraestructura de apoyo que puede incluir, en particular, la producción de modelos animales de la enfermedad, la bioinformática, la secuenciación de los genes, la síntesis química, la química combinatoria, la aplicación, la preparación y la fabricación del medicamento, la gestión de los ensayos clínicos, la bioestadística y la gestión de las autorizaciones reglamentarias.

  • Habida cuenta de la interdependencia de las diferentes competencias y especializaciones, las posibilidades de éxito de una nueva empresa de tecnología de punta que puede elaborar y comercializar sus propios productos es muy poco probable. Además, si se tiene en cuenta el ritmo de los avances científicos a nivel mundial, el simple hecho de mantenerse al tanto de los descubrimientos pertinentes es ya una tarea muy difícil. Y lo es aún más interpretar las consecuencias que esos descubrimientos podrían tener para proyectos existentes o nuevos proyectos. La secuenciación del genoma humano ha abierto mayores posibilidades de investigación sobre las enfermedades, a las que, ni siquiera las empresas farmacéuticas más importantes, pueden hacer frente. Todas estas circunstancias hacen que la colaboración sea particularmente necesaria. La colaboración es una estrategia que permite a las grandes empresas aumentar la cartera de proyectos y a las pequeñas empresas obtener los recursos que necesitan para elaborar sus productos. La aptitud para colaborar y tener acceso a los recursos de otras empresas es válida en sí misma y las nuevas empresas de biotecnología deberían centrar su estrategia, desde el comienzo, en la promoción de esa aptitud y en la determinación de asociados potenciales. Para ello, es necesario tener una actitud de apertura y estar dispuestos a trabajar con otras empresas con miras a determinar los proyectos en los que es posible esa colaboración, demostrando un alto nivel de profesionalismo en la gestión de los aspectos formales de la protección de sus intereses comerciales. Se tratará, en particular, de la protección de las informaciones y los materiales cuya comercialización puede ser delicada, mediante acuerdos de no divulgación y de transferencia de materiales, y, sobre todo, de la protección de los activos de propiedad intelectual presentando solicitudes de patente y ocupándose de su tramitación.

Conclusión

Aunque algunas nuevas empresas de tecnología de punta en el ámbito científico han tenido un éxito muy importante y, a pesar de las repercusiones del crecimiento de esas empresas en las economías locales, como es el caso del Silicon Valley en California y de Route 128 en la Costa Oriental de los Estados Unidos, el examen anterior ha puesto de relieve la complejidad de la tarea. La decisión de comercializar nuevas tecnologías es el resultado de un conjunto de decisiones complejas que muchas universidades e instituciones de investigación no están en condiciones de tomar. Una vez creadas, las nuevas empresas deben hacer frente a muchos problemas para lograr un crecimiento sostenible y obtener beneficios para los accionistas. Rara vez la tecnología por sí sola permite alcanzar ese objetivo. Es más importante una buena gestión, un buen conocimiento de las fuerzas del mercado y beneficiarse de un entorno de apoyo eficaz en las primeras etapas. Para las empresas que tienen éxito, los beneficios que obtienen sus fundadores, las instituciones de investigación y la economía local pueden ser muy importantes. Aunque para ciertas tecnologías, la única posibilidad de comercialización puede ser la creación de nuevas empresas, es conveniente estudiar más detenidamente la cuestión de si la prioridad que se da actualmente a la creación de empresas por oposición a la concesión de licencias a empresas existentes permite garantizar un equilibrio óptimo en el desarrollo económico.

1 Cathy Garner es Directora y miembro de la Junta Administrativa del MIHR (Centro de gestión de los activos de propiedad intelectual en investigación y desarrollo en el sector de la salud). Philip Ternouth es Director de IPR Ltd. y Profesor invitado del Instituto de Ciencia y Tecnología de la Universidad de Manchester (UMIST). Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no representan necesariamente las de la OMPI.

2 Para un examen a fondo, véase Richard Mahoney (ed.) Handbook of Best Practices for the Management of Intellectual Property in Health Research and Development, MIHR, Oxford, 2004 (www.mihr.org). El MIHR es una institución de beneficencia sin fines lucrativos, registrada en el Reino Unido, especializada en prestar asesoramiento sobre gestión de la propiedad intelectual con objeto de que los más pobres obtengan beneficios económicos y sociales en el ámbito de la salud.

3 Howard Bremner, “Technology Transfer: the American Way”, Seminario Internacional sobre la concesión de licencias para la explotación de patentes, Tokio (Japón), enero de 2003.

4 The New New Thing, Michael Lewis, 2000; suplemento del Economist, marzo de 1997.

5 AUTM Licensing Survey FY2002 – véase el sitio en la dirección http://www.autm.net

6 UNICO/NUBS Survey of UK Universities 2002.

7 Scottish Enterprise – Proof of Concept Funding Programmewww.Scottish-Enterprise.com.