Una empresa social híbrida lleva agua a millones de personas en el África subsahariana de manera asequible y segura
Las marcas y patentes de Jibu permiten a los emprendedores africanos llevar agua potable a millones de personas.
Cuando los fundadores de Jibu examinaron la panorámica del desarrollo en el África subsahariana, observaron con preocupación que un gran número de proyectos que salvan vidas dependían de la financiación de organizaciones benéficas extranjeras que podía agotarse con el tiempo.
Al mismo tiempo, advirtieron el enorme potencial de mercado que representaba el suministro de agua potable. En 2018, ONU-Agua estimó que solo el 27% de la población de los países del África subsahariana tenía acceso a servicios de agua potable gestionados de forma segura.
Por consiguiente, en 2012, fijándose como objetivo la sostenibilidad local real, Randy Welsch y su hijo Galen propusieron el modelo de negocio para una empresa de suministro de agua limpia que ofrecía un auténtico sentido de apropiación a los titulares de franquicias africanas y se apoyaba en el desarrollo del espíritu empresarial, sólidos incentivos y una acertada estrategia en materia de propiedad intelectual. Jibu, que significa "solución" en swahili, cuenta en la actualidad con una red de más de cien franquicias y más de 2 000 puntos de venta en siete países del África subsahariana.

"Jibu ha sido el proyecto más apasionante y gratificante que he emprendido en toda mi carrera, aunque también el más difícil", señala Randy Welsch.
El problema que Jibu trata de solucionar es acuciante: en numerosas zonas urbanas del África subsahariana, el agua se obtiene y se filtra en la fuente, pero al transitar por una anticuada red de estaciones de bombeo y de tuberías con grietas no detectadas, cuando llega a los puntos de distribución podría ya no ser potable.
Las tiendas franquiciadas utilizan el agua disponible en las ciudades y tratan, envasan y venden el producto. Cuando no disponen de acceso directo a la red de abastecimiento de agua, la empresa trabaja en colaboración con las autoridades municipales para ampliar la red de tuberías de tal forma que el agua llegue hasta ellas. Las autoridades municipales pueden posteriormente encaminar el agua desde las tuberías de Jibu hacia otros lugares, lo que redunda en beneficio de todas las partes. El agua se filtra directamente en el punto de venta y se vende en botellas de plástico resistente patentadas por Jibu, que pueden reutilizarse cientos de veces. Dado que la empresa no requiere grandes instalaciones, intermediarios o camiones de reparto -se sabe que el transporte duplica el precio del agua en África-, Jibu puede mantener un precio 3 o 4 veces más económico que el de las demás marcas de agua embotellada, es decir, alrededor de 1 dólar por 20 litros, según la empresa.
Se pueden encontrar tiendas franquiciadas de Jibu en diferentes países, como Burundi, la República Democrática del Congo, Kenya, Rwanda, Tanzanía, Uganda y Zambia, que cuentan con una licencia exclusiva para abrir y explotar pequeñas tiendas de Jibu, según un modelo que es muy ventajoso para los pequeños empresarios de Jibu.
"Hemos transformado completamente el modelo de franquicia", indica Welsch. "Invertimos de entrada alrededor del 95% y las tiendas invierten alrededor del 5 %". Las franquicias por lo general comienzan a ser rentables a los seis meses, lo que permite reembolsar la inversión inicial (la licencia), habitualmente prestada por familiares y amigos. La tasa de licencia es menos elevada en los países de bajos ingresos.
Jibu cuenta ahora con unas 150 tiendas franquiciadas, 500 puntos de distribución específicos y 4000 puntos de venta, en los que se atiende diariamente a unos 800 000 consumidores.
Definida por sus fundadores como empresa social híbrida, Jibu es a la vez una empresa comercial y una entidad de beneficencia. Así, la empresa ha creado activos de propiedad intelectual, como patentes y una marca comercial, que deben protegerse debidamente en beneficio de franquiciados e inversores. La piedra angular de la estrategia ha sido, en particular, la marca, que ha sido el instrumento indispensable para aumentar la confianza de los consumidores en la seguridad del agua de Jibu, y para promover a los titulares de franquicias.
Uno de los activos intelectuales de Jibu es la botella de agua, que fue diseñada por un químico especializado en plásticos y tuvo que someterse a algunos ajustes antes de alcanzar su forma definitiva. Al estudiar el mercado de los países seleccionados, Jibu se dio cuenta de que una buena parte de la población no podía comprar agua en grandes cantidades. Por ello, además de contener una cantidad importante de agua, la botella debía incluir un grifo y debía poder voltearse. En otras palabras, la botella debía ser polivalente, duradera y poder utilizarse cientos de veces. Se logró patentar la botella y proteger su diseño.
La marca de Jibu, muy visible y comprensible en el lenguaje comercial utilizado en muchas zonas de África Oriental, está registrada en muchos países.
Las franquicias de Jibu también venden cereal enriquecido y gas LP limpio, y la empresa está también estudiando la posibilidad de ofrecer otros servicios esenciales en el marco de su modelo de franquicia social, como agua vitaminada y aromatizada, hielo y pilas grandes que podrían alimentar pequeños aparatos electrodomésticos y ser de utilidad en determinadas zonas, como los barrios marginales, que no cuentan con energía eléctrica.