Salud pública y patentes

Introducción

A pesar de las mejoras que la innovación científica y tecnológica ha traído consigo en lo tocante a las condiciones de salud, las crisis sanitarias, en particular relacionadas con el VIH/SIDA, la malaria, la tuberculosis y, más recientemente, la gripe aviar, siguen provocando graves problemas en muchas regiones del mundo. En los distintos foros nacionales e internacionales se buscan soluciones en relación con el papel de las patentes en la innovación farmacéutica y el acceso justo y asequible a los cuidados de salud.

El sistema de patentes se creó a fin de promover la innovación y disponer asimismo de un mecanismo para garantizar el acceso de la sociedad al fruto de dicha innovación. En el contexto de la salud pública, los encargados de formular políticas se enfrentan con el desafío de buscar un equilibrio óptimo entre los derechos de los titulares de patentes, autores de innovaciones tecnológicas que mejoran las condiciones sanitarias, y las necesidades del público en general.

Generalmente, el desarrollo de nuevos medicamentos requiere grandes inversiones e investigación a largo plazo, así como pruebas clínicas onerosas y procedimientos de aprobación reglamentarios. El derecho exclusivo que confiere una patente es uno de los incentivos que llevan a los creadores de nuevos medicamentos a hacer las inversiones necesarias para investigar. Si se aclarasen algunas cuestiones, como la titularidad y las políticas de concesión de licencias relativas a innovaciones derivadas de la investigación pública, se contribuiría a promover un reparto más eficiente de los fondos públicos y los programas públicos de I + D. Además, el sistema de patentes también beneficia a la sociedad, dado que pone la información sobre patentes a disposición de los investigadores de forma gratuita para que sigan perfeccionando las tecnologías existentes. Con vistas a garantizar el acceso a las tecnologías patentadas y facilitar su comercialización, el sistema de patentes se basa principalmente en la concesión de un derecho exclusivo y está dotado de un mecanismo de concesión de licencias voluntarias. Sin embargo, en aras del interés público y de los objetivos políticos subyacentes del sistema de patentes, se han incluido en éste varios mecanismos flexibles, como la posibilidad de otorgar licencias obligatorias, las excepciones a los fines de la investigación y las importaciones paralelas.

Por otra parte, algunos consideran que el sistema de patentes vigente no tiene debidamente en cuenta las crisis de salud pública. Afirman que los incentivos comerciales del sistema de patentes no bastan para garantizar el desarrollo de nuevos productos en determinados ámbitos, como el de las enfermedades desatendidas, y que la aplicación de los derechos de patentes se basa en consideraciones comerciales y mercantiles e impide el acceso a medicamentos esenciales o provoca un aumento de su precio. Algunos críticos afirman que los mecanismos de salvaguardia incluidos en el sistema de patentes, como las licencias obligatorias o las excepciones a los fines de la investigación, no son suficientes para abarcar todas las necesidades existentes. Asimismo, el número y el alcance de las patentes otorgadas a las investigaciones fundamentales realizadas en un primer momento han planteado preocupaciones en relación con los abanicos de patentes y la acumulación de regalías. En particular, se considera que las reivindicaciones de utilidad eventual de las patentes relativas a herramientas de investigación representan obstáculos potenciales a la investigación y el desarrollo futuros.

 

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