Francis Gurry fue director general de la OMPI del 1 de octubre de 2008 al 30 de septiembre de 2020.

Discurso del director general – 2020

Asambleas de la OMPI – 21 al 25 de septiembre de 2020

[Cotéjese con el texto pronunciado]

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Excelentísimo Sr. Omar Zniber, presidente de la Asamblea General de la OMPI;

Sr. Daren Tang, director general electo;

Excelentísimos señores y señoras, representantes permanentes y embajadores;

Distinguidos delegados:

Junto al presidente de la Asamblea General de la OMPI, es para mí un gran placer dar la más cordial bienvenida a todas las delegaciones a las Asambleas de 2020, que se celebran en las difíciles e inusuales circunstancias de la pandemia de COVID-19.

Doy las gracias a las delegaciones que han podido desplazarse para estar presentes en persona, así como a las que se conectarán a distancia para participar en las reuniones desde varias partes del mundo.

Me satisface mucho que el Sr. Daren Tang, director general electo, se haya unido a nosotros en la sesión de apertura. Como todos ustedes saben, Daren Tang asumirá el cargo de director general la semana que viene, tras meses de dedicada preparación desde que fue designado en mayo. Le deseo todos los éxitos posibles en su mandato, que estoy seguro será excepcional y llevará a la Organización hacia adelante en todos los sentidos.

Quiero dar las gracias al presidente de la Asamblea General, embajador Omar Zniber, por la esmerada atención que presta a la Organización y la ardua labor realizada en los últimos doce meses en las numerosas reuniones y consultas que ha dirigido para garantizar que las presentes reuniones de las Asambleas puedan celebrarse y lograr lo que sea posible en las restrictivas y difíciles condiciones impuestas por la pandemia de COVID-19.

Asimismo, quiero aprovechar la oportunidad para dar las gracias al presidente saliente del Comité de Coordinación de la OMPI, embajador François Rivasseau, de Francia, y felicitarlo por haber llevado a buen puerto el proceso de nominación del nuevo director general. Doy las gracias también a los numerosos presidentes de los demás órganos, comités y grupos de trabajo de la Organización, por su enorme esfuerzo y dedicación para llevar adelante la labor de la Organización.

Permítanme ahora abordar los asuntos que están sobre el tapete de las Asambleas. Como dejaré mi cargo dentro de diez días, me gustaría comenzar con unas palabras sobre los progresos realizados por la Organización en los últimos 12 años. Luego me referiré brevemente al impacto de la pandemia de COVID-19 en las actividades de la Organización y, terminaré exponiendo una o dos consideraciones de carácter más general.

En lo que respecta a los 12 años transcurridos, debo decir que una constante en mi vida es que, cuando estoy a punto de acabar un trabajo es cuando me siento por primera vez cualificado para empezarlo. Es obvio que a ningún empleador le gusta oír eso. Pero pese a ese inconveniente, la Organización ha sido capaz de prosperar y progresar en los últimos 12 años.  He preparado un informe escrito muy detallado sobre todos los avances de la Organización, que está disponible a la salida de la sala de reuniones. No voy a entrar en detalles aquí, pero creo que todos los interesados y los numerosos contribuyentes a las actividades de la Organización, comenzando por los Estados miembros, tienen motivos para estar satisfechos con los avances que la Organización ha logrado como resultado del esfuerzo colectivo.

Ha sido un período de crecimiento y expansión que puede medirse por varios indicadores. Los sistemas mundiales de propiedad intelectual de la Organización han ampliado su alcance geográfico y aumentado considerablemente su base de usuarios en todo el mundo. Se ha logrado una aceptación sin precedentes de los tratados administrados por la Organización, con más de 400 nuevas adhesiones, la mayoría de las cuales proceden de países en desarrollo y países menos adelantados. Se han adoptado dos nuevos tratados, los tratados de Beijing y de Marrakech, que han entrado en vigor. Un tercero, el Arreglo de Lisboa, ha sido revisado sustancialmente y fruto de esa revisión ha entrado en vigor el Acta de Ginebra. 

La situación financiera de la Organización ha sido próspera, con superávits constantes que le han permitido estar libre de deudas y acumular activos netos, que ahora ascienden a unos 364 millones de francos suizos, por encima del nivel fijado como objetivo por los Estados miembros. Al mismo tiempo se han mantenido constantes las tasas de los sistemas mundiales de propiedad intelectual, que son la fuente de los ingresos de la Organización.

Se ha incorporado la dimensión de desarrollo, y la Agenda para el Desarrollo ha pasado de una serie de recomendaciones a iniciativas concretas emprendidas en muchos ámbitos. Además, hemos forjado alianzas fructíferas entre los sectores público y privado, que contribuyen de diversas maneras a la aplicación de los objetivos de desarrollo sostenible.

Hemos añadido nuevos programas y servicios, como plataformas de TI y bases de datos, que han sido bien recibidos en todo el mundo, así como análisis económicos, el Índice Mundial de Innovación y análisis estadísticos y de datos.

Hemos renovado el recinto de la OMPI, con la construcción de dos grandes edificios, entregados a tiempo y conforme al presupuesto previsto.

Además, la Organización ha apostado por la transformación digital, y los servicios que presta de cara al exterior funcionan en plataformas electrónicas y todos los procedimientos administrativos y de gestión están digitalizados.

El año 2020 ha sido un año problemático para todo el mundo, como todos sabemos, y la pandemia de COVID-19 ha traído consigo el sufrimiento generalizado y la disrupción económica y social. En el caso de la OMPI, en términos generales, hasta la fecha las repercusiones negativas han sido limitadas. Gracias a la adopción de la transformación digital, durante el confinamiento los servicios mundiales de PI han podido seguir funcionando a niveles cercanos al máximo haciendo uso del teletrabajo. Las dos esferas que han resultado afectadas negativamente son las reuniones y comités de carácter normativo, en general, y la cooperación para el desarrollo, las cuales han sufrido evidentemente las consecuencias de las restricciones de viajes y las medidas de distanciamiento social. Mis colegas han puesto enorme empeño en que se mantengan las comunicaciones con los Estados miembros en todo el mundo a fin de mitigar las repercusiones negativas. Sin embargo, se ha reducido la capacidad operativa plena en esos ámbitos.

En cambio, hasta este preciso momento, la posición financiera de la Organización no se ha visto afectada negativamente. En los primeros ocho meses de 2020 hemos obtenido un sólido superávit, como consecuencia del omnipresente desempeño de nuestros sistemas mundiales de PI, que han puesto de manifiesto una resiliencia notable, habiéndose producido el aumento de la demanda en el marco del PCT, la principal fuente de ingresos, y una reducción no demasiado pronunciada en los demás sistemas. Aunque sabemos que la incidencia de las recesiones económicas no suele notarse de inmediato en el PCT debido a que las solicitudes internacionales presentadas en el marco del PCT reflejan normalmente la actividad existente a nivel nacional el año anterior, los resultados positivos y la resiliencia observados en términos generales resultan no obstante sorprendentes en cierto modo.

Si bien resulta evidente la importancia fundamental que entraña para la planificación, la presupuestación y la gestión comprender la evolución de la demanda de nuestros sistemas mundiales de PI a lo largo de los meses y años venideros, en esta etapa no haríamos sino especular si tratáramos de explicar lo que está ocurriendo. Estamos en estrecho contacto con los países de los que proceden la mayor parte de las solicitudes de títulos de PI. La situación existente en esos países no es distinta de la que experimentamos nosotros en este momento. Hemos considerado varios factores que podrían explicar lo que sucede, aunque, como he dicho, a día de hoy se trata de meras especulaciones.

Un factor que ha tenerse en cuenta es que, en el curso de los diez últimos años, las solicitudes de títulos de PI han crecido de manera sistemática por encima de la economía mundial. Por lo tanto, quizá no resulte sorprendente que experimenten una disminución menos acusada que la de la economía mundial como consecuencia de la recesión, poniendo de manifiesto la importancia que desde los ámbitos económicos y de políticas se otorga en general a la tecnología en cuanto que fuente de ventajas competitivas y crecimiento. Igualmente, quizá tengan algo que ver con ello los cambios que se han producido en la composición geográfica de las fuentes principales de la demanda de solicitudes internacionales de títulos de PI. Asia ha experimentado un auge en el porcentaje relativo de solicitudes presentadas, y actualmente más del 50% de las solicitudes PCT proceden de dicha región. Los datos preliminares recabados en el primer semestre de 2020 indican un acusado aumento de las solicitudes PCT procedentes de China, que viene a añadirse a lo que ya era el volumen más grande de solicitudes PCT procedentes de un solo país.

A pesar del desempeño relativamente satisfactorio de 2020, es necesario no bajar la guardia. Difícilmente podemos imaginar que la Organización atravesará indemne el 2021, pero nos hallamos en una posición financiera sólida para capear el temporal.

En lo que atañe a la gestión y a las medidas adoptadas como consecuencia de la pandemia de COVID-19, cabe observar que el teletrabajo ha funcionado satisfactoriamente y que es probable que se convierta en un elemento permanente del panorama de gestión de los recursos humanos. El 80% de los casi 1.000 funcionarios que han regresado al lugar de trabajo han escogido el teletrabajo como opción, lo cual les permite trabajar a distancia tres días por semana, como parte del proceso de reintegración al lugar de trabajo. Tendrán que efectuarse numerosos ajustes en la gestión y los aspectos normativos si esta opción pasa a formar verdaderamente parte de la nueva realidad.

En lo concerniente a la programación, a mi modo de ver, la persistencia de la crisis exige que los Estados miembros adopten un nuevo enfoque respecto de las reuniones. Quizá sea necesario invertir en plataformas virtuales más eficaces, prestar mayor atención a los preparativos y a los debates que preceden a la celebración de las reuniones y, en último término, retocar algunos procedimientos. Esta tendencia ha encontrado cierta resistencia, pero tenemos que considerar detenidamente cuánto tiempo ha de pasar hasta que se levanten las medidas adoptadas en relación con los viajes y la salud nacional de modo que sea posible viajar a Ginebra sin restricciones desde todos los puntos del globo para asistir a las reuniones. Es posible que transcurra mucho tiempo a ese respecto. En espera de ello, la agenda normativa sigue estancada en muchos aspectos, mientras la tecnología continúa avanzando a velocidad creciente, planteando inevitablemente cuestiones problemáticas que exigen nuestra atención.

Permítanme hacer ahora una o dos observaciones de naturaleza más general. Está claro que la tecnología y, sobre todo, Internet y las plataformas, modelos de negocios y empresas basadas en la red, han conectado el mundo de maneras que resultan completamente diferentes a cualquier cosa que hayamos visto antes. En 2020, alrededor de 3.500 millones de personas usan teléfonos inteligentes en todo el mundo. Alrededor de 4 mil millones de personas utilizan el correo electrónico y todos los días se envían en todo el mundo cerca de 306.000 millones de correos electrónicos, el 55% de los cuales, por cierto, son correos basura. Las aplicaciones mundiales de mensajería móvil experimentan volúmenes de tráfico similares. Hay unos dos mil millones de usuarios activos de WhatsApp y 1.200 millones de usuarios de WeChat. Facebook cuenta mensualmente con unos 2.700 millones de usuarios activos. Podría multiplicar los ejemplos y extender los indicadores a otros ámbitos que ponen de manifiesto la interconexión de la vida económica, social y cultural en todo el mundo. No hay duda alguna de que el mundo está más interconectado, y de que probablemente sea más abierto y transparente, que nunca.

Sin embargo, existe una corriente que fluye en sentido contrario al desarrollo de las conexiones. Se observan cada vez más señales de enclaustramiento en el mundo. La inversión extranjera directa ha caído en picado, el proteccionismo ha cobrado vigor, se están desmantelando o reorganizando las cadenas globales de valor y se han endurecido las condiciones de inspección de las inversiones extranjeras. No se trata de fenómenos ocasionados por la pandemia de COVID-19, sino que surgieron antes de que esta hiciera aparición. Claro que, por supuesto, las medidas de restricción necesarias para la gestión de la crisis sanitaria han precipitado su eclosión.

Así pues, nos hallamos en una coyuntura en la que la lógica de los avances tecnológicos mide sus fuerzas con los vaivenes de la política en un contexto de corte geopolítico. De lo aprendido a lo largo de la historia, me sorprendería que, a largo plazo, no prevaleciera la tecnología. Pocos son los ejemplos, si los hay, en los que se ha invertido la marcha de una tecnología esencial que ha arraigado en el tejido económico, social y cultural de las sociedades.

El enfrentamiento de estas dos tendencias presenta numerosos riesgos, que van del distanciamiento entre los pueblos y los gobiernos a la disrupción de la vida económica y social. Habida cuenta del carácter global de las dos tendencias, solo hay al parecer una única manera de encauzarlas hacia una confluencia pacífica. La solución reside en la cooperación internacional de carácter mundial o, dicho de otro modo, el multilateralismo.

Todos somos conscientes de que, por desgracia, el deseo o la capacidad de llevar a cabo ese tipo de intervención multilateral están disminuidos en este momento. Restaurar ese deseo, acompañado de los inevitables cambios estructurales que traiga consigo, es uno de los retos más importantes que afrontará el mundo en los próximos años y decenios. No voy a ponerme a describir la empresa excepcionalmente compleja que implica esa tarea de restauración. Basta con decir que es ardua y prolongada y que los riesgos de fracasar en ella nos llevan a aguas desconocidas y peligrosas. La tarea abarca casi todas las dimensiones de la política, incluida la seguridad, las libertades personales y políticas, la supervisión del mercado y la competencia, la administración fiscal, la integridad de la información y los datos y la gestión de la vida social y cultural.

La propiedad intelectual forma parte intrínseca de esos retos políticos. Históricamente ha sido un vector de conexiones internacionales, un medio de intercambiar y consumir activos intelectuales y culturales. En los dos últimos decenios hemos visto surgir mercados o audiencias mundiales de obras musicales, audiovisuales y literarias, publicaciones científicas y tecnologías basadas en diferentes modelos de negocios, la mayoría de los cuales se basan en la conectividad digital. El proceso de ajuste al nuevo mundo que se ha forjado, y se está forjando, siguiendo el rumbo de la tecnología es extraordinariamente complejo y difícil y requiere la buena voluntad de todos los Estados miembros. Albergo la esperanza de que, en el pequeño mundo de la propiedad intelectual, la OMPI siga contribuyendo a ese ajuste.

Deseo ahora expresar mi gratitud a las numerosas personas que me han prestado apoyo y asistencia en los 12 últimos años. En primer lugar, agradezco a los Estados miembros su participación activa y su apoyo a la Organización y, especialmente, su tolerancia ante las inevitables imperfecciones. Doy las gracias, sobre todo, al Gobierno de Australia por haberme nominado al puesto de director general y por su apoyo a lo largo de los años.

Doy las gracias a todos los miembros del personal. En la OMPI tenemos la suerte de contar con unos funcionarios de gran talento y profesionalidad que han respondido con nota alta a los muchos desafíos y cambios que traen consigo la reforma y la transformación digital. En particular, doy las gracias al equipo directivo, a los cuatro directores generales adjuntos, Sylvie Forbin, Mario Matus, John Sandage y Binying Wang, a los cuatro subdirectores generales, Minelik Getahun, Naresh Prasad, Ambi Sundaram y Yo Takagi, al consejero jurídico, Frits Bontekoe, y a la directora del Departamento de Gestión de los Recursos Humanos, Cornelia Moussa. Todos ellos han hecho contribuciones sobresalientes y han dirigido sus sectores con dedicación y aplomo, logrando que avancen en una dirección sumamente positiva. Debo mencionar especialmente a aquellos de entre ellos que me han acompañado durante todo este periplo de 12 años, Binying Wang, Naresh Prasad, Ambi Sundaram y Yo Takagi. De ellos, Naresh Prasad es probablemente el que más ha tenido que sufrir dada la estrecha relación que tiene con mis funciones, en calidad de jefe de Gabinete. Doce años es mucho tiempo para soportar a alguien y les estoy profundamente agradecido por su perseverancia, tolerancia e indulgencia. Ellos, como los otros miembros del equipo directivo superior, han prestado un apoyo inmenso.

Permítanme que mencione a cuatro personas que han tenido que padecer más que el resto las incomodidades derivadas de la labor de apoyo, a saber, mis asistentas, Christine Collard, Cécile Müller, Tatiana Narciss y Marie‑Antoine Rideau. Dos de ellas han trabajado conmigo durante 25 años. No habría podido llevar a cabo mis tareas sin su apoyo, tan esmerado como profesional.

En la actualidad, la OMPI es una organización bastante grande que depende de muchos proveedores de servicios externos, especialmente en los ámbitos de la seguridad, la limpieza, los idiomas, las TI y la restauración. Estos proveedores de servicios forman parte de la Organización y de sus logros. Han efectuado importantes contribuciones en su labor y les doy las gracias a todos.

Asimismo, doy las gracias a las organizaciones no gubernamentales del sector privado, de los distintos ámbitos profesionales y de la sociedad civil que han seguido, apoyado y orientado la labor de la Organización. Su contribución es cada vez más importante para obtener buenos resultados.

Ha sido un privilegio poder desempeñar la función de director general. Ahora bien, el mayor privilegio de todos ha sido poder conocer a tantas personas procedentes de muy diversos ámbitos y condiciones. Esa circunstancia me ha brindado la oportunidad de disfrutar de la riqueza y diversidad del mundo y de comprender que todos los seres humanos compartimos un patrimonio, una experiencia y una identidad comunes.