World Intellectual Property Organization

Combatir el déficit alimentario de África

Abril de 2011

Alhaji Tejan-Cole, asesor jurídico de la Fundación Africana de Tecnología Agrícola (AATF), explica la labor que lleva a cabo su organización para ayudar a los agricultores de África a aumentar la productividad, la rentabilidad y la sostenibilidad, e invertir el déficit de alimentos que padece el continente.

Los expertos llevan mucho tiempo dándole vueltas a la cuestión de cómo obtener un mayor rendimiento de los cultivos y producir alimentos más nutritivos de suelos pobres para que la creciente población de África pueda disponer de alimentos a precios asequibles.


Julia Odhiambo, agricultora keniana,
había dejado de sembrar maíz en este
campo debido a la striga. Con la tecnología
del maíz resistente al imazapir ahora ya
puede cultivarlo. (Foto: AATF)

Debido a que la agricultura de África se basa en gran medida en minifundios y a que la mayoría de los agricultores todavía utilizan prácticas poco eficientes que requieren grandes esfuerzos pero dan poco a cambio, el pronóstico es pesimista. Dada la confianza actual en las soluciones de mercado, a muchos de ellos sólo les espera hundirse más en la pobreza y sufrir mayores privaciones.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señala que cada incremento del 10% en la productividad de los pequeños productores agrícolas de África puede elevar a casi 7 millones de personas por encima del umbral de pobreza de un dólar por día.

En los países desarrollados ya se están explotando tecnologías protegidas para mejorar la tolerancia a la sequía, la resistencia a las plagas y las enfermedades, el potencial de rendimiento y el contenido de nutrientes de los cultivos alimentarios, y las empresas dedicadas a la investigación idean cada día mejores tecnologías.

Aunque la mayoría de los pequeños agricultores de África parecen resignarse a unos medios de subsistencia azarosos, sí que están dispuestos a adoptar nuevas opciones de tecnología protegida cuando los incentivos son los adecuados y existen oportunidades de mercado.

Teniendo esto presente, la Fundación Africana de Tecnología Agrícola se creó con el fin de facilitar el acceso y el uso de estas tecnologías protegidas a los pequeños agricultores para lograr la seguridad de alimentos y reducir la pobreza.

Facilitar la transferencia de tecnología

La Fundación busca tecnologías agrícolas protegidas que podrían beneficiar a los agricultores. A continuación, facilita la transferencia de estas tecnologías y los conocimientos técnicos conexos mediante la negociación de un acceso exento de regalías para su uso en las explotaciones agrícolas africanas. La AATF lleva a cabo esta labor teniendo en cuenta las preocupaciones legítimas tanto de los proveedores de tecnología como de los usuarios.

Pese a contar con una gran riqueza de recursos naturales y humanos, en África viven unos 239 millones de personas desnutridas, y la FAO estima que 33 millones de niños se acuestan cada noche con hambre. La Organización también señala que la tasa de aumento de la desnutrición en África es considerablemente superior a la de otras regiones en desarrollo.

El quid de la cuestión es cómo aprovechar lo mejor de la ciencia y la tecnología para ayudar al continente a aumentar su productividad agrícola, la rentabilidad y la sostenibilidad, y contribuir a mejorar la seguridad de alimentos para todos.

Entre 1980 y 1995, el África subsahariana fue la única región que experimentó una disminución en la producción de cultivos, con una reducción del rendimiento de un 8% de promedio. Esto contrasta con un aumento del 27% en Asia y del 12% en América Latina.

El predominio de la agricultura de secano frente a la de regadío, el uso mínimo de insumos y la falta de mercados competitivos que funcionen son sólo algunos de los problemas a los que se enfrenta la agricultura africana.


Un campo de demostración de la tecnología
del maíz resistente al imazapir en Tanzanía.

Se ha hecho un gran esfuerzo por invertir esta tendencia, pero con escasos resultados. La ayuda alimentaria sigue siendo una parte importante de la respuesta estratégica para frenar el hambre. No obstante, por lo general se reconoce que una respuesta efectiva a la crisis de seguridad alimentaria es aumentar el potencial de rendimiento de la tierra, en lugar de ampliar el área de tierra cultivada. Es esencial aumentar la producción por persona dedicada a la agricultura, ya que problemas devastadores como el VIH/SIDA, el paludismo y la tuberculosis están reduciendo la capacidad productiva de la mano de obra africana.

Existen determinadas tecnologías protegidas por derechos de propiedad intelectual que podrían ser fácilmente adaptadas a las condiciones agroecológicas de la región y puestas a disposición de los agricultores pobres. El uso de estas tecnologías en el contexto africano promete estimular un crecimiento económico más amplio y equitativo, de manera sostenible.

Las compañías internacionales, al tiempo que poseen la titularidad de los derechos de propiedad intelectual de la mayoría de estas tecnologías protegidas, tienen pocos incentivos para comercializarlas en África, dados los elevados costos que entrañan la identificación, el desarrollo y el ensayo del producto, el procedimiento normativo de aprobación, la responsabilidad, la fabricación y el desarrollo del mercado. Por consiguiente, estas empresas se centran en los mercados más grandes, donde pueden obtener con mayor facilidad rendimientos de su inversión.

Las tecnologías que localiza y promueve la AATF varían en función de las necesidades prioritarias definidas por los agricultores a través de organizaciones subregionales y sistemas nacionales de investigación agrícola. Pueden ser soluciones químicas, mecánicas, biológicas o de procesos.

"Trabajamos a lo largo de toda la cadena alimentaria para ofrecer tecnologías agrícolas patentadas a través de alianzas innovadoras y una intendencia eficaz de tecnología y productos", dice el Dr. Daniel Mataruka, Director Ejecutivo de la AATF.

El punto fuerte de los asociados de la Fundación reside en la determinación, adquisición, adaptación y suministro de tecnologías patentadas para los agricultores con escasos recursos. Entre los socios actuales figuran gobiernos, agricultores, productores agrícolas y consumidores, e instituciones y organismos agrícolas regionales y nacionales.

El proceso comienza con la determinación, en colaboración con las organizaciones de desarrollo agrícola, de los problemas que deben ser resueltos. A continuación, la AATF consulta con los titulares de tecnologías protegidas para determinar qué tecnologías serán las más adecuadas y efectivas para hacer frente a las prioridades definidas por los agricultores.

La AATF actúa como intermediaria, negociando con los propietarios de la tecnología en nombre de los posibles beneficiarios y, si llegan a buen término, concluyen acuerdos de concesión de licencias que le permiten acceder y utilizar la tecnología protegida por razones humanitarias, exenta de regalías. La Fundación celebra a continuación arreglos contractuales con instituciones de la región y de otros lugares para continuar la labor de investigación, adaptación y difusión.

Principales proyectos

La Fundación tiene actualmente cinco grandes proyectos en ejecución, y varios más en preparación. Uno de estos proyectos se ocupa de la lucha contra la striga en el maíz. También conocida como hierba bruja, la striga es una hierba parásita que extrae los nutrientes del maíz y reduce la producción hasta en un 80%.

La AATF está fomentando entre los agricultores de África oriental y central las semillas de maíz no transgénico resistente al imazapir (StrigAway ®), que han mostrado ser eficaces contra esta mala hierba. El proyecto de lucha contra la striga se encuentra en su fase de implantación, y la AATF está trabajando con los principales interlocutores y un amplio espectro de partes interesadas para alentar a los agricultores a probar y adoptar la tecnología.

En las regiones occidentales de Kenya, por ejemplo, la striga ha causado tantos problemas a los agricultores que son muchos quienes asocian sus efectos a la brujería.

"Como herborista, siempre he creído en la forma tradicional de hacer las cosas, pero hoy puedo decir que debemos adoptar los métodos modernos de la agricultura", dice Kennedy Okumu, uno de los agricultores que trabaja actualmente con la AATF para difundir el imazapir.

El uso de la tecnología del maíz resistente al imazapir para luchar contra la striga lleva a rendimientos de entre el 38 y el 82% superiores a los que actualmente se obtienen de las variedades de maíz tradicional. En Kenya, una estimación conservadora indica que, una vez adoptada, la tecnología propuesta dará lugar a 62 mil toneladas de maíz adicionales solamente en la provincia occidental. Esto se traduce en 5,3 millones de dólares EE.UU. anuales sobre la base de las estimaciones correspondientes a 2002 de los precios al productor de maíz en Kenya.

La AATF también está desarrollando variedades de caupí resistente a la maruca, actualmente en fase de prueba bajo condiciones controladas, para hacer frente al barrenador de vainas (Maruca vitrata). Esta plaga causa daños graves en los cultivos de caupí de los campos de los agricultores, lo que se traduce en unas pérdidas de rendimiento de entre el 70 y el 80%. Debido a los elevados precios, los agricultores no pueden pagar la fumigación con insecticidas, y quienes lo hacen están a menudo expuestos a graves riesgos para la salud. Al facilitar el desarrollo de variedades de caupí transgénico resistente a plagas de maruca, la AATF confía en reducir al mínimo el uso de insecticidas y sus efectos nocivos para la salud y el medio ambiente.

La Fundación ha tenido acceso, a través de una licencia de patente exenta de regalías, a un gen que confiere al caupí resistencia al barrenador de vainas maruca, y está facilitando el cumplimiento estricto de la reglamentación sobre bioseguridad para su desarrollo e implantación en África occidental.

Otro de los proyectos tiene por objeto mejorar la resistencia de los cultivos de banana al marchitamiento bacteriano. Las bananas y los plátanos son una fuente importante de alimento para más de 100 millones de personas del África subsahariana. En las tierras altas de África oriental y la mayor parte de la región de los Grandes Lagos, la banana es un alimento básico importante y una fuente de ingresos para más de 50 millones de pequeños agricultores.

Con una producción anual de unos 16,4 millones de toneladas métricas, la región produce cerca de una quinta parte de las bananas del mundo, si bien continúa habiendo muchos factores bióticos y abióticos que reducen considerablemente la productividad. En 2001, un brote de marchitamiento bacteriano de la banana en Uganda causó pérdidas económicas valoradas en unos 200 millones de dólares EE.UU..

Otra iniciativa es la creación de variedades mejoradas de arroz. La AATF ha negociado una licencia de patente para esta tecnología con Arcadia Biosciences, que llevará a cabo la transformación de plantas, los ensayos en invernadero y los ensayos en parcela en los Estados Unidos, y después trabajará con investigadores contratados por la AATF en África para transferir y adaptar la tecnología.

Estas variedades se caracterizarán por un uso eficiente del nitrógeno y tolerancia a la sal. Se adaptarán a las necesidades de los agricultores que cultivan arroz en las tierras altas con suelos más pobres y con recursos limitados para adquirir fertilizantes, así como de quienes cultivan arroz en las tierras bajas con suelos más salinos.


Banano resistente al marchitamiento
bacteriano en un campo de demostración
en Uganda.

El arroz es uno de los cultivos alimentarios más difundido en África, con un consumo en el continente que experimenta un crecimiento anual del 6%. Esta demanda ha provocado una escasez anual de 6,5 millones de toneladas métricas, un vacío que han ocupado las importaciones con un costo de alrededor de 1,7 mil millones de dólares EE.UU. cada año.

Maíz de eficiencia hídrica para África (WEMA)

El mayor proyecto en curso de la AATF es el denominado “maíz de eficiencia hídrica para África” (WEMA, por sus siglas en inglés). El maíz es el cultivo de primera necesidad más extendido en África, y hay más de 300 millones de personas que dependen de él como principal fuente de alimento. Sin embargo, se ve muy afectado por frecuentes sequías, lo que lleva a rendimientos promedio casi siete veces inferiores a los de otros países desarrollados.

El objetivo del proyecto WEMA es la obtención de maíz africano tolerante a la sequía mediante el fitomejoramiento convencional, y asistido por marcadores, y la biotecnología. Los beneficios y la seguridad de las obtenciones de maíz serán evaluados por las autoridades nacionales con arreglo a los estrictos requisitos normativos de bioseguridad de los países participantes: Kenya, Mozambique, República de Tanzanía, Sudáfrica y Uganda.

La AATF está colaborando con el Centro Internacional de Mejoramiento del Maíz y del Trigo (CIMMYT), Monsanto, y los respectivos sistemas de investigación agrícola de los países. El CIMMYT proporciona variedades de maíz de alto rendimiento que se adaptan a las condiciones africanas, así como conocimientos técnicos en fitomejoramiento convencional y la prueba de tolerancia a la sequía. Monsanto ha proporcionado germoplasma patentado, herramientas avanzadas de fitomejoramiento y conocimientos técnicos conexos, así como transgenes tolerantes a la sequía desarrollados en colaboración con la empresa química alemana BASF.

Las variedades obtenidas a través del proyecto serán distribuidas por la AATF, exentas de regalías, a las empresas de semillas africanas, y se pondrán a disposición de los pequeños agricultores. Los sistemas nacionales de investigación agrícola, los grupos de agricultores y las empresas de semillas están contribuyendo con sus conocimientos técnicos en pruebas de cultivo, multiplicación y distribución de semillas.

Ya se han aprobado ensayos de cultivo en Kenya, Sudáfrica y Uganda, mientras que se espera la aprobación regulatoria en Mozambique y República Unida de Tanzanía.

Está previsto que las variedades convencionales estén disponibles en torno a 2014, y las variedades transgénicas tienen programada su implantación en 2017.

"Las variedades de maíz tolerantes a la sequía moderada que se espera obtener del proyecto se traducirán en 2 millones de toneladas adicionales de maíz para los países participantes, lo que significa que entre 14 y 21 millones de personas tendrán más para comer y vender", señala el Dr. Silvestre Oikeh, director del proyecto WEMA.

Colaboración con la OMPI

El convenio de colaboración firmado recientemente entre la AATF y la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) supone un paso más en la respuesta al llamamiento del Director General de la OMPI, Francis Gurry, a los Estados miembros a fin de que velen por que el sistema de propiedad intelectual sirva de estímulo para dar solución a los desafíos mundiales a que se enfrentan los responsables de la formulación de políticas de todo el mundo.

Esta colaboración también promete poner de manifiesto que el sistema de propiedad intelectual responde tanto a las necesidades de los países desarrollados como a las de los países en desarrollo y menos adelantados, y que África tiene la capacidad de convertirse en un beneficiario de la transferencia de tecnología protegida por derechos de propiedad intelectual.

La OMPI en Internet