World Intellectual Property Organization

La faceta económica del fomento de la innovación

Diciembre de 2010

Foto: C. Fink
Foto: C. Fink

En medio de una de las crisis económicas internacionales más graves y extendidas que han sacudido al planeta y ante el veloz ritmo a que progresa la técnica y cambia la geografía económica, los gobiernos y las empresas deben abordar la cuestión ineludible de fomentar la innovación, asegurar el crecimiento económico e impulsar el desarrollo. En esta entrevista, Carsten Fink, Economista Jefe de la OMPI, estudia la faceta económica de la función de la P.I. para fomentar la innovación, el crecimiento y el desarrollo.

¿Cuáles son sus obligaciones por su condición de primer Economista Jefe de la OMPI?

En el curso de la historia, el desarrollo económico constituye uno de los principales motivos por los que el Estado busca proteger los derechos de propiedad intelectual (P.I.). Así ocurrió ya en 1474, cuando la República de Venecia decretó que los nuevos dispositivos fruto de la invención quedarían protegidos contra su reproducción por terceros. Lo mismo sucede en el mundo actual, en que los bienes denominados “inmateriales” (los conocimientos, la información y las ideas) se consideran imprescindibles para producir casi todas las mercancías y servicios.

Por supuesto, la función del sistema de P.I. ha cambiado con los siglos y no cesa de renovarse, quizás más rápido que nunca antes. Los progresos de la técnica y las nuevas formas de actividad comercial desbordan los conceptos y normas de la P.I. ya consagrados, como se puede apreciar en la revolución que ha representado la biotecnología para las ciencias de la vida y en la enorme difusión entre las empresas y los consumidores de los modernos medios de información y de las comunicaciones. A su vez, la mayor integración económica obliga a renovar los criterios sobre la administración internacional de los derechos de la P.I., que hoy competen mayormente al ámbito nacional.

Ante dicho panorama, la función del Economista Jefe es informar a los Estados miembros de la OMPI y el público en general de las tendencias actuales en el sistema de P.I. y analizar el efecto que producen las distintas orientaciones políticas en la actividad económica de los países. Gracias a los datos estadísticos recopilados durante años por la OMPI, junto con mis colegas de la División de Economía y Estadística, creada hace poco, nos dedicamos a elaborar nuevos datos prácticos sobre las diferentes políticas que se pueden aplicar en el campo de la P.I. y que afectan a los Estados miembros. Asimismo colaboramos estrechamente con economistas, quienes nos aportan sus conocimientos especiales para estudiar esas distintas orientaciones.

¿Por qué es importante que la OMPI preste mayor atención a los aspectos económicos de la P.I.?

Como es lógico, todo economista opinará que ese giro se debía haber dado hace mucho tiempo, pero siendo objetivos, los formuladores de políticas de hoy solicitan más análisis económico que dos o tres decenios atrás. El uso de los sistemas de patentes y marcas registra cifras nunca vistas, pues las compañías de numerosas ramas y países recurren al sistema de P.I. para aventajar a la competencia. Además, numerosas cuestiones relacionadas con la P.I. figuran en el primer plano de la escena política (baste señalar los recientes debates sobre la P.I. y el cambio climático o la descarga de archivos mediante Internet). Por último, la conclusión del Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC), de la Organización Mundial del Comercio, impulsó numerosas reformas legislativas, particularmente en los países en desarrollo, y ello suscitó el debate sobre sus efectos económicos.

En lo que respecta a la OMPI, la Agenda para el Desarrollo, adoptada en 2007, constituyó un importante hito, que permitió mejorar la evaluación de las políticas de P.I. Además, una de las nueve metas estratégicas aprobadas por los Estados miembros en 2008 establece que la OMPI se convierta en “fuente de referencia en el mundo de información y análisis en materia de P.I.”. Dicha meta estratégica se recoge asimismo en el Plan Estratégico a Mediano Plazo para el período 2010-2015, que fue presentado hace poco a los Estados miembros. En vista de los antecedentes señalados, resulta lógico que la Organización se ocupe más del análisis económico.

Sen embargo, no ha de extrañar que ese mayor interés por el análisis económico no se limite a la OMPI, pues últimamente varias Oficinas de P.I. crearon el cargo de Economista Jefe o uno semejante (hay que señalar la Oficina Europea de Patentes y las Oficinas de Australia, Canadá, Francia, Suiza, el Reino Unido y los Estados Unidos de América). Hace poco establecimos una red que agrupa a los economistas de dichas Oficinas y tenemos grandes esperanzas de colaborar con ellos.

¿Qué iniciativas se han emprendido?

Mencionaré solo algunas. Hemos creado una serie de seminarios sobre los aspectos económicos de la P.I., a la cual se invita a economistas de todo el planeta quienes exponen las conclusiones de sus últimas investigaciones ante los especialistas de la materia presentes en Ginebra. La idea es estimular el debate sobre los aspectos económicos de las actuales cuestiones relativas a la P.I., como el patentamiento de las innovaciones financieras, los costos de transacción y el derecho de autor. Hemos tenido el honor de contar con la presencia de destacados economistas como Josh Lerner, de la Harvard Business School, y Hal Varian, economista jefe de Google.

Hay en preparación un informe analítico anual concebido expresamente para acercar a los formuladores de políticas la doctrina económica más moderna sobre una determinada cuestión de la P.I. Ello complementará nuestra publicación “Indicadores mundiales de propiedad intelectual”, el informe estadístico que expone las tendencias mundiales sobre el uso de la P.I.

Por último, en abril de 2010, el Comité de Desarrollo y Propiedad Intelectual aprobó un proyecto de investigación trienal sobre la P.I. y el desarrollo socioeconómico, por el cual siento particular entusiasmo, pues podremos trabajar con algunos de los economistas de mayor prestigio internacional para comprender mejor el nexo entre la P.I. y el desarrollo. A diferencia de los países desarrollados, en que numerosas universidades e institutos de estudios se dedican a investigar la función económica del sistema de P.I., las naciones en desarrollo poseen escasa capacidad en esa esfera, por lo cual tengo la esperanza de que con este proyecto se contribuya a resolver ese problema.

¿Qué dice la doctrina más actual sobre el vínculo entre la P.I., el crecimiento y el desarrollo?

La pregunta es interesante. En primer lugar, deberíamos preguntarnos lo que sabemos sobre las causas por las que determinados países, a diferencia de otros, registran elevados porcentajes de crecimiento económico en determinado momento de su historia, pero vemos que los economistas especializados en el problema del desarrollo no tienen una respuesta sencilla para el asunto. Las causas de la prosperidad se explican fácilmente en numerosos ejemplos: la elevada tasa de ahorro en China; la inversión permanente en capital humano en la República de Corea y Singapur; la cuidadosa administración de los recursos naturales en el caso de Noruega. Sin embargo, dichas explicaciones resultan invariablemente parciales, pues por lo general, en las economías en que se aprecian buenas condiciones previas semejantes no registran tasas de crecimiento elevadas. A no dudarlo, si hubiera una receta sencilla para acelerar el desarrollo económico, los gobernantes ya la habrían puesto en práctica.

Con ello no quiero decir que se pueda prescindir de la política económica, en particular la política de P.I., pues se sabe que la innovación resulta decisiva para el crecimiento económico sostenido, particularmente en los países en que la rápida acumulación de capital físico y humano ha hecho que se agote la capacidad de competir, y se conoce también que las compañías responden a los incentivos creados por el marco normativo nacional; pero lo importante es la combinación de medidas acordes con las circunstancias particulares del país. Según ese punto de vista, no sería realista pensar que habrá siempre una única respuesta a la pregunta de si la P.I. es buena o mala para el desarrollo nacional, y por eso se ha decidido prestar atención a las circunstancias en que una determinada medida sirve para impulsar la innovación y el crecimiento económico en los diferentes estadios del desarrollo. Siguiendo ese criterio esperamos recopilar nuevos datos gracias al proyecto que he mencionado sobre la P.I. y el desarrollo socioeconómico.

¿En qué materias es urgente profundizar la investigación y por qué?

Son muchas, pero señalaré dos. Uno de los graves problemas que preocupan al mundo de la P.I. es la enorme acumulación de solicitudes de patente sin tramitar en numerosas oficinas. La intuición dice que la prolongación del plazo de tramitación provocada por ese problema crea incertidumbre y que ésta socava el objetivo de la innovación, que es la razón de ser del sistema de patentes. Empero, es evidente que las consecuencias de esa incertidumbre no son idénticas en las distintas ramas de actividad, pues para las pequeñas compañías que comienzan y que necesitan fondos de capital riesgo es imprescindible obtener los derechos que confiere una patente en el mismo momento en que inician las labores de investigación; sin embargo, en las grandes compañías, con un ciclo de investigación más extenso, el retraso del trámite no es tan importante, pero la competencia sufre incertidumbre al no saber qué ha sido patentado. Los formuladores de políticas buscan resolver el problema de la acumulación de expedientes, y por eso son necesarios más estudios prácticos para comprender mejor los efectos que el retraso del trámite provoca en la naturaleza y extensión de las actividades de investigación en las distintas ramas de la producción.

El segundo ejemplo es el uso de los derechos de la P.I. una vez obtenidos, de lo cual se sabe relativamente poco. Por ejemplo, ¿en qué circunstancias los derechos de P.I. son explotados por la propia empresa y cuándo son otorgados en licencia a otras compañías? Si se explotan los derechos en el extranjero, ¿cuándo se crean filiales y cuándo se otorga una licencia a compañías del país? La carencia de datos es uno de los grandes escollos por los que no se conocen datos prácticos fidedignos para aclarar los aspectos mencionados, pues la estadística recoge las solicitudes de patente y las patentes concedidas, lo cual no ocurre con los contratos de licencia entre particulares. Las nuevas investigaciones obligarán necesariamente a concebir bases de datos según nuevos criterios de recopilación, pues así los formuladores de políticas podrán comprender mejor el funcionamiento de los “mercados del conocimiento” nacionales e internacionales.

¿Qué utilidad tienen las estadísticas de P.I. y qué indican?

Las estadísticas de P.I. son útiles por dos razones. Primera, con ellas las Oficinas de P.I. nacionales y regionales pueden planificar su actividad (la OMPI hace lo mismo con los tratados de concesión y registro que ella administra). Permiten averiguar, por ejemplo, el volumen de solicitudes de patente o de registro de marcas previsto para 2011, a la luz de la incipiente recuperación económica, y ante ese aumento de solicitudes, cuántos examinadores de patentes o marcas será preciso contratar.

Segunda, las estadísticas de P.I. son uno de los escasos criterios para medir la innovación, actividad que deja poca huella. Sin duda, el número de patentes solicitadas o concedidas es un indicador imperfecto de las proporciones de la innovación en las empresas o en la economía nacional. Por ejemplo, los estudios sobre invenciones revelan una distribución sesgada de los valores de las patentes, en los que a una parte relativamente pequeña de patentes corresponde una parte relativamente grande del valor de todas las patentes concedidas. Además, quedan fuera del sistema de P.I. ciertas formas de innovación, como las innovaciones de servicios o las invenciones adaptativas de las comunidades indígenas. Por otra parte, las estadísticas de P.I. brindan ideas útiles sobre las tendencias de la técnica; por ejemplo, indican los países y las compañías que se destacan en determinadas ramas de la técnica, como la tecnología de la pila de combustible. Sumadas a la información sobre las características de las compañías, también ayudan a explicar el proceso de innovación en sí, esto es, el modo en que se difunden las ideas a lo largo de la historia y en las distintas regiones del planeta.

¿El cargo de Economista Jefe de la OMPI le obliga a ocuparse sólo de las patentes?

No. Sin duda, los derechos de patente son el tema fundamental cuando se habla de la innovación, pero las marcas, las indicaciones geográficas y los diseños industriales presentan problemas propios, que suelen ser dejados de lado por los entendidos. Además, los economistas tienen ideas interesantes sobre el funcionamiento del sistema de derecho de autor, particularmente en relación con las obras digitales.

Por supuesto, la División es aún joven y hay que fijar bien el rumbo, aunque espero que, con el tiempo, podamos contribuir en todos los campos de la P.I.

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