World Intellectual Property Organization

La innovación ecológica a primer plano

Abril de 2010

Por Jo Bowman

Las empresas innovadoras y la inventiva personal están creando nuevas tecnologías que ayudarán a reducir las emisiones globales de carbono. Jo Bowman informa sobre los puentes que tiende la P.I. en el mundo en su búsqueda por una respuesta al desafío global del cambio climático.

El efecto invernadero y la cuestión de la neutralidad de carbono forman parte ahora de un debate mundial: nunca habíamos sido tan conscientes de la imperiosa necesidad de actuar. Y se trata, nada más ni nada menos, que de cambiar la forma en que vivimos y trabajamos. El Royal Institute of International Affairs, un centro de estudios de Londres, asegura que para mantener el aumento de la temperatura media global por debajo del nivel crítico de 2 grados centígrados, las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero deben llegar a su punto álgido antes de 2020, y reducirse entre un 50 y un 85% por debajo de los niveles de 2000 para el año 2050.

Las islas Maldivas, extremadamente vulnerables a las subidas del nivel del mar debido a su escasa elevación, se cuentan entre los primeros países que han apostado por alcanzar una completa neutralidad de carbono. Su Gobierno está recurriendo a fuentes de energía renovables, como la eólica y la solar, con el fin de cumplir su objetivo de carbono cero en el plazo de una década. La isla Estado de Tuvalu, en el sur del Pacífico, ha declarado que quiere que toda su energía proceda de fuentes renovables para el año 2020. El Gobierno de Noruega ha apostado por el carbono neutral para 2030; Costa Rica espera llegar al mismo punto antes de 2021. Y en Nueva Zelandia, el primer ministro ha declarado que, para 2025, el 90% de la energía del país tiene que proceder de fuentes renovables, y las emisiones del sector de transportes deben reducirse a la mitad antes de 2040. En otros países, tanto ciudades como estados han declarado asimismo sus intenciones de alcanzar la neutralidad de carbono.

Sin embargo, para que se pueda alcanzar cualquiera de estos ambiciosos objetivos, hará falta mucho más que buenas intenciones y espíritu comunitario. “Garantizar el acceso a las tecnologías respetuosas con el clima, a precios asequibles, es una cuestión crucial de las políticas públicas internacionales, que afecta a cuestiones económicas, jurídicas, geopolíticas y de seguridad”, comenta Ilian Iliev, cofundador y consejero delegado de CambridgeIP, una firma de consultoría de P.I. “Se precisa una masa crítica de inversiones, innovación y despliegue de recursos de bajo carbono que cumpla los objetivos a medio y largo plazo. Las implicaciones que ello guarda para las estrategias empresariales y los modelos de negocios son enormes”.

¿De quién es el futuro bajo en carbono?

El papel que desempeña la P.I. en la construcción de un futuro más bajo en carbono es una cuestión polémica. El instituto de estudios británico Chatman House, en su informe “¿De quién es el futuro bajo en carbono?”, apunta que, por un lado, están aquellos que proponen unos regímenes de derechos de P.I. más estrictos que estimulen la innovación en las tecnologías del clima; por otro lado, se aduce el argumento de que el sistema de P.I. debería ser más flexible para ampliar el acceso a las tecnologías, especialmente en los países en desarrollo.

Los autores de Chatman House, entre ellos el Sr. Iliev, están básicamente a favor de reforzar la protección de la P.I. Arguyen que una patente registrada puede servir para atraer capital de riesgo, estimular las alianzas estratégicas, ofrecer protección contra litigios y crear oportunidades para fusiones y adquisiciones.

El apetito por las tecnologías bajas en carbono ha desencadenado un alud de solicitudes de patente en todo el mundo, que van desde bombillas para aparatos con temporizador para autoapagado, hasta coches con combustibles alternativos y captura de carbono. El análisis de la base de datos de patentes Derwent revela que, entre 2003 y 2008, los inventos para reducir el consumo de energía llegaron a los 1.200, cuando en los cinco años anteriores habían sido apenas 481, y sólo en 2008 el número de registros fue de 340. “Esto indica una tendencia importante”, opina Steve Van Dulken, experto en información del British Library Research Service. Una búsqueda de patentes relativas a la reducción del consumo de energía de aparatos en modo de espera revela un crecimiento aún más marcado: de un total de sólo cuatro entre 1984 y 1988, a 62 entre 2002 y 2008.

“Lo que estamos viendo es típico de cualquier clase de tecnología: el despliegue de distintos tipos de tecnologías crece muy a la par del registro de patentes”, comenta Alan MacDougall, socio del bufete de abogados de P.I. Mathys & Squire. Cuenta, por ejemplo, que las patentes relacionadas con células fotovoltaicas y energía eólica han aumentado de entre 300 y 400 a cerca de 1.600 solicitudes anuales. “Existe una correlación del todo evidente entre el número de solicitudes de patente y el de productos que salen al mercado”.

El aumento de patentes indica claramente que el sistema de P.I. supone un incentivo a invertir en la investigación de tecnologías respetuosas con el medio ambiente, lo cual contribuye a que salgan al mercado más productos de este género.

Limitar las emisiones origina más patentes

Las empresas de algunas de las industrias que más energía consumen y más carbono emiten son los artífices de estas innovaciones. En el sector automovilístico, por ejemplo, Rolls-Royce presentó 425 solicitudes de patente en 2008, un número récord para esta empresa, que invirtió 885 millones de libras esterlinas en I+D ese año, “una parte importante” de la cual estaba destinada a reducir el impacto ambiental de sus productos. La industria aeronáutica mundial, entretanto, ha accedido a reducir sus emisiones netas de carbono hasta la mitad de los niveles de 2005 antes del año 2050. Se prevé que el sector aéreo, si no se somete a ningún tipo de control, responderá por hasta el 20% del total de emisiones de CO2 para el año 2050.

Uno de los mayores fabricantes de aviones, Airbus, está desarrollando nuevas tecnologías con el fin de alcanzar los objetivos de reducciones, y protege su P.I a través de patentes. Ha presentado más de 380 solicitudes de patente relacionadas con la tecnología que ha desarrollado para su nuevo aparato de doble cubierta, el A380. “Se han logrado importantes y revolucionarias innovaciones en aerodinámica, diseño de cabina, integración de motores, controles de vuelo, sistemas aeronáuticos, técnicas de fabricación y un amplio uso de los materiales compuestos, avanzados y muy ligeros,” explica la empresa. “Estos derechos de propiedad intelectual protegen las innovaciones de Airbus y constituyen una sólida base para mantener el liderazgo de Airbus en el desarrollo de nuevas tecnologías.” Una de las patentes se refiere a un nuevo proceso de juntas para fabricar un cajón de ala de compuesto de fibra de carbono para naves comerciales. Cerca de una cuarta parte del A380 está hecha de materiales compuestos, que suponen un ahorro de peso de 15 toneladas métricas frente a la construcción tradicional, lo cual reduce considerablemente el consumo de combustible.

No deja de ser un tanto irónico que empresas con una profunda huella de carbono controlen parte de la P.I. que parece esencial para una economía de bajo carbono. “El desarrollo tecnológico no evoluciona dentro de los confines de los sectores económicos. Esto significa que la innovación puede darse en sectores muy diversos, ya sean de alto o de bajo carbono”, explica Bernice Lee, directora de investigación del departamento de Gestión Energética, Ambiental y de Recursos del Royal Institute of International Affairs. “El aspecto positivo es que esto ofrece a las industrias de alto carbono un potencial a tener muy en cuenta de cara al futuro de una economía mundial de bajo carbono. El problema es que las empresas de estos sectores se ven obligadas a equilibrar sus beneficios a corto plazo, procedentes de actividades de alto carbono, con las inversiones de futuro a largo plazo”.

Las empresas más pequeñas también utilizan las patentes para asegurarse el futuro en un entorno de negocios de bajo carbono. Solarcentury, fundada hace 11 años para diseñar y proveer soluciones de energía solar para edificios residenciales y comerciales, se sirve de las patentes para asegurarse un lugar en un sector que no para de crecer. El principal responsable de innovación de la empresa, Alan South, dice que la energía solar ha experimentado un crecimiento medio compuesto del 40% en la última década. “La forma en que aprovechamos el potencial de las patentes es un modo de asegurarnos nuestra libertad de comerciar”, comenta. “Esto garantiza que la empresa -que da empleo a unas 120 personas- pueda funcionar sin infringir las patentes de nadie”.

Según Alan MacDougall, el mayor problema de la tecnología verde es su aplicación: llevar la tecnología al mercado. Muchas empresas están desarrollando nuevas tecnologías y desarrollarán sus propios sistemas de propiedad, pero es posible que pasen años antes de que se den avances significativos en la lucha contra el cambio climático. Y el tiempo es un factor esencial, si damos crédito a las advertencias sobre el rápido avance del calentamiento global.

Tiempo prestado

Las investigaciones de Chatman House indican que los inventos en el sector de la energía solar normalmente tardan dos o tres décadas en llegar al mercado de masas. Esta dilación corresponde al tiempo que tarda una tecnología patentada hasta ser ampliamente utilizada en inventos posteriores. Los datos sobre 180 patentes de seis sectores tecnológicos relevantes para la reducción del carbono revelan una demora media de unos 24 años. “Para tener una posibilidad realista de cumplir los objetivos climáticos, tendremos que conseguir reducir hasta la mitad el tiempo de difusión de las tecnologías limpias a escala global para el año 2025”, observa Ilian Iliev.

Actuar con celeridad es especialmente importante en los mercados emergentes, en los que se están llevando a cabo grandes proyectos de infraestructura. En los lugares en que se dispone de tecnología de bajo carbono, ésta puede ser aplicada a gran escala; cuando no es así, las inversiones se destinan a tecnología de alto carbono y su sustitución tardará unos años más en llegar.

Tecnología verde de alta velocidad

Algunos países han adoptado sistemas de “ventanilla rápida” para permitir que las patentes relacionadas con la tecnología verde puedan “saltarse la cola”, entre ellos Australia, la República de Corea, el Reino Unido y los Estados Unidos de América. Brasil, China y Japón han expresado su interés en seguir su ejemplo.

Tony Howard, director de departamento y responsable del examen de patentes y normativa jurídica de la Oficina de Propiedad Intelectual del Reino Unido, afirma que el sistema de ventanilla rápida anunciado en mayo de 2009 significa que los solicitantes pueden pedir que se acelere en parte o en todo el proceso de solicitud de patentes. Esto puede reducir el tiempo que transcurre entre la solicitud y la concesión de una patente, de los habituales tres a cinco años hasta un plazo de tan sólo ocho o nueve meses. “Forma parte de todo un abanico de políticas destinadas a apoyar la lucha contra el cambio climático”, comenta Howard. “Resalta la importancia de las patentes y la P.I. en general en esta pugna, así como el crucial papel que desempeña la innovación”.

En octubre de 2009, 65 solicitudes habían entrado por la ventanilla rápida del Reino Unido. “No parecen muchas... pero es una cifra bastante alentadora”, añade Tony Howard. Las solicitudes abarcaban una amplia gama de tecnologías, desde nuevos métodos de generación de energía hasta productos para aumentar la eficiencia de los procesos o conservar energía. Algunas provenían de grandes empresas, otras de compañías menores y otras, de inventores particulares. La capacidad de actuar más rápido es especialmente ventajosa para las pequeñas empresas, señala Tony Howard, ya que les permite introducir su tecnología en el mercado de forma más rápida y las ayuda con los trámites de las licencias.

El consorcio del toque verde

En enero, el sector de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) anunció el lanzamiento de Green TouchTM, un consorcio mundial destinado a crear nuevas tecnologías con el fin de que las redes de comunicaciones sean 1.000 veces más eficientes que las actuales en su consumo de energía. Esta reducción permitiría que las redes de todo el mundo pudieran funcionar durante tres años con la misma cantidad de energía que ahora consumen en uno solo.

Green Touch, organizado por Bell Labs, reunirá a líderes del mundo empresarial, académico y gubernamental para investigar e inventar redes más eficientes en energía. Entre sus miembros se cuentan AT&T, China Mobile, Freescale Semiconductor, Huawei, Samsung Advanced Institute of Technology, Swisscom, University of Melbourne’s Institute for a Broadband-Enabled Society (IBES) y muchos otros. En la inauguración del consorcio, se lanzó una invitación abierta a todos los miembros de la comunidad de las TIC para unirse a ellos.

“La mejor forma de abordar los desafíos verdaderamente globales siempre ha sido reunir a las mentes más brillantes en un entorno creativo y sin ningún tipo de presiones (...) Green Touch es un ejemplo de este tipo de actuación, que reúne a científicos y tecnólogos de todo el mundo, y de distintos campos, en un entorno de innovación abierta para abordar el problema desde muchas perspectivas diferentes,” observa el Dr. Steven Chu, Secretario de Energía de los Estados Unidos.

Sylvie Castonguay, División de Comunicaciones de la OMPI

 

Compartir iniciativas en provecho de todos

La preocupación universal por el medio ambiente está produciendo nuevos modelos de titularidad de la propiedad intelectual. Eco-Patents Commons -un consorcio creado por IBM, Nokia, Sony y Pitney Bowes– permite que las patentes con beneficios ambientales sean compartidas y utilizadas libremente por otros innovadores, contribuyendo así a que la nueva tecnología se adopte de forma más amplia y más rápida.

En los Países Bajos, el programa CATO-2 -una iniciativa conjunta del Gobierno y el sector privado de captura y almacenamiento de carbono- alienta a los participantes a aprovechar los distintos niveles de titularidad de la P.I. Se espera que este proyecto pronto empiece a producir solicitudes de patente. La propiedad de las mismas recaerá en la parte o partes inventoras, y en algunos casos será compartida por un instituto de conocimiento y una empresa privada.

Esta fórmula de múltiples actores puede parecer complicada, pero Jan Hopman, viceconsejero delegado de CATO-2, afirma que esta complicación es un mal necesario. “La alternativa sería que todo fuera público, compartido por todo el mundo. Si todo se comparte, los grandes avances se producirán fuera del programa. Lo que queremos es ofrecer incentivos para que se produzcan dentro”.

La cooperación internacional trasciende fronteras

El entusiasmo con que los gobiernos están asumiendo los objetivos de reducción de carbono representa un enorme voto de confianza a las tecnologías que prometen reducir las emisiones, y brinda a empresas y personas la seguridad de que su inversión en tecnologías verdes se vea ampliamente compensada.

Sin embargo, ha llegado el momento de que los gobiernos se manifiesten más concretamente sobre cómo van a proceder para reducir las emisiones, observa Ilian Iliev, con el fin de ayudar a centrar la investigación y orientar las inversiones hacia las áreas que precisan de más apoyo. “Las declaraciones de intenciones de los gobiernos son muy importantes, pero si no vienen acompañadas de acciones concretas pueden resultar decepcionantes,” opina. “Nos encontramos ahora en un momento crítico”.

Los autores de Chatham House llaman a la cautela frente a los esfuerzos gubernamentales, aparentemente bien intencionados, que respaldan iniciativas nacionales destacadas, pero que, en realidad, pueden entorpecer la innovación global en los sistemas energéticos. Opinan que las estructuras industriales existentes, los regímenes regulatorios, los centros de investigación de instituciones públicas y privadas, además de otras infraestructuras de apoyo, son quienes determinan hoy en día qué tipos de inversiones o tecnologías van a tener más posibilidades de triunfar en las décadas venideras.

Lo que hace falta, según ellos, es una cooperación a través de las fronteras internacionales -especialmente entre las economías en desarrollo y las desarrolladas- y a través de los distintos sectores de actividad. “Muchas innovaciones punteras aparecen cuando interactúan campos diferentes”, observan. La innovación en la tecnología solar fotovoltaica se ha beneficiado de los avances en electrónica de consumo e industrial, y la buena evolución de la energía solar concentrada es fruto de la tecnología aeroespacial y de satélites. “Dada la importancia de la innovación externa al sector energético para el desarrollo de las tecnologías de la innovación de la energía, los responsables de las políticas y del cambio climático se enfrentan a un complejo desafío a la hora de hacer un seguimiento efectivo de los desarrollos tecnológicos y comerciales”, se señala en su informe.

Sentar las bases para el futuro

Mientras las empresas, los promotores de nuevos negocios y los gobiernos buscan nuevas fórmulas para hacer más de lo mismo, y el mundo de la P.I. podría estar cayendo en un vicio similar, quizás se podría aprender algo del sector de la telefonía móvil, una industria que ha experimentado un crecimiento durante la última década y media que muchos desearían para el sector de la tecnología verde.

“Es muy importante que se dé un giro a la forma en que se utiliza la P.I., y con ello no queremos decir que se tenga que cambiar el sistema de patentes, sino que se podría seguir el ejemplo de otros sectores en los que el papel de la P.I. ha sido fundamental”, afirma Ilian Iliev. La expansión mundial de la telefonía móvil -existen hoy más teléfonos móviles que tostadoras, apunta- fue posible de forma tan rápida gracias a la estandardización de la tecnología a partir de patentes.

Alan MacDougall también menciona los teléfonos móviles como modelo a seguir para la difusión de las tecnologías verdes. “Todas las compañías de telefonía móvil podrían haber seguido fabricando teléfonos con sus propios sistemas diferentes, pero eso les habría encerrado en un mercado limitado”. Al estandardizar la tecnología en la que se basaban, ampliaron el mercado para todos. “Todo el mundo se benefició de ello y el resultado fue una enorme profusión de tecnología móvil”.

Se hizo evidente que si disponer de un estándar era el camino para salir adelante, el incentivo para ser titulares de patentes en las que se basara éste debería ser aún mayor. A todas luces, el ritmo de la innovación se aceleraría, y la difusión de la tecnología también se daría de forma mucho más rápida gracias al establecimiento de un estándar.

El sistema de P.I. como parte de la solución al cambio climático

La innovación verde requiere una inversión importante por parte del sector privado, que se verá incentivada por un sistema eficaz de patentes. El sistema de P.I. convierte un invento en un producto que se puede comercializar a través de licencias o cesiones, con lo que facilita las colaboraciones en el campo de la tecnología.

Una eficaz protección internacional de las patentes puede impulsar la transferencia de tecnología del sector privado a través de las fronteras. Más aún, puesto que todas las patentes se publican, el sistema constituye el mejor repositorio público que existe para información sobre tecnologías punteras. Facilita el acceso al conocimiento tecnológico de última hora, y contribuye así al desarrollo de nuevas tecnologías, además de ayudar a identificar las tecnologías que no están protegidas y que, por ello, están a la libre disposición de todo el mundo.

La OMPI en Internet