World Intellectual Property Organization

Al compás - Aprovechamiento del potencial de la industria musical de Kenya

Julio de 2007

Olith Ratego: canciones dulces y dura crítica social. Su madre, una cantante de “dodo”, música tradicional luo, le transmitió el interés por la música. (Cortesía de Ketebul Music)
Olith Ratego: canciones dulces y dura crítica social. Su madre, una cantante de “dodo”, música tradicional luo, le transmitió el interés por la música. (Cortesía de Ketebul Music)

El panorama actual de la música de Kenya es uno de los más variados y vibrantes de todos los países africanos. Sin embargo, la falta de inversión, la gestión ineficaz de los derechos de propiedad intelectual y la piratería desenfrenada han impedido el desarrollo del potencial económico de la industria y han obligado a los artistas a luchar por su subsistencia. Basado en una reciente visita a Nairobi de un equipo de expertos de la OMPI en materia de derecho de autor y sensibilización, el presente artículo aborda los factores que determinan la riqueza de la música de Kenya, y algunos elementos que hasta ahora han dificultado el crecimiento de su industria musical.

Con más de 40 idiomas regionales diferentes, el panorama musical del país es rico y notablemente complejo. Al recorrer las calles de Nairobi en matatu se oyen canciones en luhya, luo, kamba y kikuyo en cada esquina. Tradicionalmente, la música ha sido un signo distintivo de los grupos étnicos de Kenya, entre ellos los kikuyos, que constituyen la mayor comunidad étnica del país, y los luo de la región del lago Victoria, que siempre se han distinguido por su cultura musical.

Además de su valor como entretenimiento, la música keniana ha sido, y sigue siendo, un importante medio para el intercambio de información y la educación de las comunidades locales. Opondo Owenga, un músico benga tradicional, fue muy conocido durante el período colonial por su uso de la música para relatar la historia del pueblo luo. Sin embargo, estos tesoros musicales se ven amenazados porque la música tradicional, arraigada en la tradición oral, está desapareciendo a un ritmo alarmante.

Una combinación poderosa

Las raíces de la música popular de Kenya se remontan a la década de 1950. El sonido pop más característico es el de la música benga, nacida a orillas del lago Victoria y originaria de la comunidad luo. Esta música es el resultado de una evolución de ritmos e instrumentos tradicionales, entre ellos la lira nyatiti, el rebeq orutu de una sola cuerda, los tambores ohangla y la danza moderna. La benga se volvió tan popular, que los grupos étnicos de seis de las ocho provincias de Kenya la han adaptado a sus propios estilos y gustos, aunque conservando el compás regular, el bajo muy marcado, los ostinatos entrelazados en la guitarra y los repetidos solos vocales característicos del género benga. Los complejos esquemas rítmicos incluyen elementos indígenas e importados, particularmente el pulso de la música congolesa. La Shirati Jazz Band, formada en 1967, fue uno de los primeros grupos de benga que logró un éxito resonante. Otros artistas, entre ellos George Ramogi, Victoria Jazz Band, DK y Joseph Kamaru, alcanzaron la fama internacional en los años setenta. Recientemente, la música tradicional de Kenya atrajo la atención internacional cuando las canciones del cantante Ayub Ogada aparecieron en la película The Constant Gardener, premiada en 2005.

Artistas y conjuntos extranjeros, principalmente de Tanzanía y del antiguo Zaire, también han efectuado una importante aportación al rico acerbo musical keniano. La fascinante música taarab surge de la fusión de motivos indios, árabes y africanos que evolucionaron en las ciudades costeras de Kenya y Tanzanía. A mediados del decenio de 1960, algunos grupos congoleses comenzaron a actuar en clubes nocturnos de Nairobi y, debido al deterioro de la situación política en los años setenta, muchos otros grupos recalaron en Nairobi. El soukous o lingala, conocido género congolés basado en la rumba, se convirtió en el principal estilo musical de los clubes nocturnos durante los años setenta y ochenta. La popularidad de algunos grupos, por ejemplo, la Orquesta Virunga y Super Mazembe, se extendió hasta Europa y los Estados Unidos. 

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Abbi es un artista de la nueva generación del Afro-fusión. (Foto OMPI/Nicholas Hopkins-Hall)

En el último decenio hemos asistido al vertiginoso crecimiento de la popularidad del hip-hop en Kenya, gracias al surgimiento de músicos tales como Gidi Gidi Maji Maji y el fallecido Poxi Presha, que si bien han conservado su tradición africana, se han visto influenciados por la escena musical estadounidense. Paralelamente a esta tendencia, una nueva generación de talentosos artistas está afianzando el estilo llamado afro-fusión, una combinación de elementos locales tradicionales y otros de diferentes orígenes. Entre esos artistas, por mencionar sólo algunos, se encuentra la sugerente voz de Suzanna Owiyo; la música de fuerte contenido social aunque graciosa de Makadem y Olith Ratego; las dulces melodías del afro-jazz de Eric Wanaima, y la originalidad de Abbi.

Obstáculos 

No obstante su vibrante creatividad y floreciente producción, la industria musical keniana está lejos de desarrollar su potencial. “Nadie conoce la música keniana, y ello se debe a que carecemos de una red de distribución apropiada”, dice Suzanna Owiyo. Paradójicamente, la propia diversidad del panorama musical de Kenya plantea un desafío crucial para el desarrollo de una industria sostenible. En particular, su diversidad lingüística ha fragmentado el mercado y ha dificultado a los artistas la creación de géneros singulares y reconocibles que puedan servir de promoción para acceder a los principales mercados mundiales.

Además, la falta de inversión en producción ha frenado el crecimiento de la industria. Las instalaciones para capacitación y ensayo son escasas e inadecuadas; los estudios de grabación son técnicamente obsoletos; y prácticamente no existen fábricas de CD. Todas las matrices de grabaciones se deben hacer en Sudáfrica, con el consiguiente incremento de los costos. Por otra parte, la compra de instrumentos suele ser muy difícil para los músicos jóvenes. Abbi se refiere a la frustración de muchos de sus compañeros artistas: “Si pudiéramos obtener una mayor inversión internacional en nuestra música, verdaderamente lograríamos elevarla a otro nivel”. 

En busca de alternativas

Cada vez más artistas se incorporan a River Road, conocida también como Riverwood, para producir y distribuir su música en ese floreciente centro de la industria cinematográfica keniana. Durante mucho tiempo, los artistas kenianos criticaron la calidad de producción de River Road, al que de hecho consideraban como un centro de piratería de música. Sin embargo, en la actualidad, muchos músicos desean probar las posibilidades de producción más económica y las mejores redes de distribución que ofrece la industria cinematográfica. El cantautor John Katana opina que “Riverwood posee un enorme potencial. Sin duda crecerá, y nos interesará mucho trabajar con productores y realizadores de películas de Riverwood, porque la empresa ha logrado progresos extraordinarios”.

Se están analizando otras estrategias y alianzas con miras a facilitar la promoción y distribución de obras de talentos kenianos en la escena musical mundial. En ese contexto, una de las propuestas más innovadoras es “Spotlight on Kenyan Music”, una iniciativa coordinada por la Alliance Française de Nairobi, orientada a identificar y promover músicos de jóvenes talentos del afro‑fusión de todo el país, ofreciéndoles la oportunidad de actuar en conciertos y participar en la producción de álbumes. 

Flagelo

Sin embargo, en la actualidad, sólo un puñado de artistas africanos famosos ha podido ganar dinero gracias a la popularidad de la música africana. Las elevadas tasas de piratería; los procedimientos de observancia ineficaces y la gestión deficiente de los derechos de propiedad intelectual (P.I.) obligan a la mayor parte de los músicos a luchar para vivir de su actividad musical o para lograr el reconocimiento social de su condición de artistas. 

“... sólo un puñado de artistas africanos famosos ha podido ganar dinero gracias a la popularidad de la música africana.”

Desde la aparición de las  casetes, en la década de 1970, la piratería ha arruinado a la industria musical keniana.  Los piratas de la música, que copian los CD apenas se editan y los venden en las calles, tienen sobre el mercado un poder que los músicos no pueden doblegar, y que prácticamente les impide obtener beneficios por las ventas directas de sus grabaciones legales. “Por este motivo, debemos reducir considerablemente la frecuencia de nuestras grabaciones”, explica John Katana. “Realizamos más actuaciones en público y funciones sociales, a raíz del problema que nos plantea la piratería”. Otro claro indicador de los efectos de la piratería es el hecho de que, desde hace más de un decenio, los sellos internacionales de grabación y las empresas discográficas han abandonado Kenya porque consideran que es un mercado inviable para sus productos. 

Promoción del derecho de autor

La legislación keniana sobre derecho de autor se actualizó en 2001. La Junta Nacional de Derecho de Autor se ocupa de la aplicación y el seguimiento de la nueva legislación. Las principales partes interesadas están trabajando para mejorar las estructuras organizativas del sistema de derecho de autor y proporcionar información apropiada sobre cuestiones relativas a la P.I. El valor económico de la música para el país comienza a apreciarse y promoverse mejor. “La música añade valor al PIB y genera empleo en el país”, afirma Tom Kodiyo, vicepresidente de la sociedad de recaudación Music Copyright Society of Kenya (MCSK), que funciona bajo el lema:  Mejorar la vida de quienes embellecen la vida. “Todos los ejecutantes deben trabajar unidos”, dice Tabu Osusa, un importante productor de música, “pero ha llegado el momento de adoptar una estrategia nacional para proteger y preservar la creatividad keniana y crear las condiciones para que las industrias musicales prosperen y obtengan beneficios”. 

La OMPI está colaborando estrechamente con los gobiernos de África, así como con los representantes de la industria musical y de la sociedad civil, con el ánimo de promover las industrias basadas en el derecho de autor en la región. Las actividades de difusión de la OMPI están orientadas a aumentar la sensibilización, en todos los ámbitos, acerca de la manera en que el derecho de autor promueve la producción musical. Además, una amplia gama de programas de la OMPI ayudan a los Estados miembros a desarrollar los conocimientos, aptitudes e infraestructura necesarios para instaurar el sistema de P.I., de modo que las industrias pertinentes contribuyan al desarrollo económico del país mediante la dinámica aportación que puedan efectuar.

La escena musical keniana confirma un antiguo proverbio de la región según el cual “no es lo mismo verlo a que te lo cuenten”. Un viaje por Kenya revela el orgullo del pueblo por su tradicional creatividad y el creciente compromiso con el desarrollo de industrias creativas viables. Aunque existen problemas, el futuro de la música keniana es prometedor.

Nuevo cortometraje de la OMPI: Talking Copyright
Este cortometraje, producido por la OMPI con fines de sensibilización, recoge los irresistibles sonidos y colores de la escena musical keniana y deja oír la opinión de los propios artistas acerca de su música y de los problemas que afronta la industria. Músicos de afro-fusión y afro-jazz, así como cantantes y compositores, entre ellos Abbi Nyinza, Achien’g Abura, Suzanna Owiyo, Tom Kodiyo y John Katana, hablan sobre lo que el derecho de autor significa para elloscomo artistas, y para el futuro desarrollo de la industria musical de su país.

 

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El cortometraje Talking Copyright – The Music Industry in Kenya se difundirá en la WIPO Webcast del sitio de la OMPI dedicado a la sensibilización del público,


Carole Croella, Sector de Derecho de Autor y Derechos Conexos de la OMPI

Agradecimientos: Tabu Osusa, Productor Ejecutivo de Ketebul Music.

La OMPI en Internet