World Intellectual Property Organization

Relatos del PCT

Noviembre de 2006

Desde que entró en vigor el Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT) en 1978, se han presentado más de 1,2 millones de solicitudes internacionales de patente, que abarcan invenciones y nuevas tecnologías de todo tipo. Prosiguiendo con la serie de artículos cortos, la Revista de la OMPI consulta la base de datos de las solicitudes presentadas en virtud del PCT y trata de conocer a la persona que está detrás de una patente. En este número, nos ocupamos de tres invenciones muy distintas, aunque todas ellas tienen una aplicación médica.

Premio Nobel para "El silencio de los genes"

A las 4:40 horas de la madrugada del 2 de octubre de 2006, en Massachusetts, Craig Mello se volvía a la cama después de comprobar el nivel de azúcar en sangre de su hija diabética, cuando sonó el teléfono. Aproximadamente a la misma hora, en California, a Andrew Fire le despertaba lo que él pensó que era una llamada equivocada. Las llamadas, de Suecia, eran para comunicar a ambos científicos que se les había concedido el Premio Nobel de Medicina de 2006.

En 1998, los Drs. Craig Mello y Andrew Fire descubrieron un mecanismo fundamental para controlar el flujo de información genética en células vivas, lo que resolvía un rompecabezas que había tenido perplejos durante años a científicos de distintas disciplinas. Encontraron la forma de silenciar –o apagar– algunos genes concretos desactivando las moléculas de ARN que hacen las veces de "mensajeras" de los genes. El ARN (ácido ribonucleico) es similar al ADN, pero más activo, y realiza muchas de las tareas más difíciles de las células, como dar la información necesaria a un gen para que produzca una proteína. Un gen individual produce su efecto mediante la síntesis de proteínas. Al anular este efecto, se puede identificar la función de genes específicos.

En los pocos años transcurridos desde la publicación de sus hallazgos, la interferencia por ARN se ha convertido en una herramienta de investigación indispensable que presenta numerosas aplicaciones. En su entrevista para Nobelprize.org, el Dr. Fire hizo referencia a un estudio realizado en Holanda, "en el que se usó la interferencia por ARN para caracterizar un tipo de tumor concreto. Cuando lograron dar con él, ¡llegaron a la conclusión de que podía tratarse con aspirina!" También se está empleando ahora esta técnica en biomedicina para tratar de desactivar los genes que provocan enfermedades, con objeto de desarrollar una nueva clase de fármacos para tratar patologías que van de la diabetes y la gripe hasta el SIDA y el cáncer.

Andrew Fire, que trabajaba entonces para la Carnegie Institution, con sede en Washington, y Craig Mello, en la Facultad de Medicina de la Universidad de Massachusetts, realizaron su revolucionario experimento en un gusano minúsculo, el C. elegans. Descubrieron que podían bloquear el efecto de un gen concreto inyectando un ARN bicatenario en gusanos. Un amigo y colega de Andrew Fire, el genetista David Schwartz, rememora las largas horas de trabajo ingrato que invirtieron en el estudio: "Yo estaba trabajando en plena noche y Andy estaba inclinado sobre su microscopio en la habitación de al lado, dando de comer a sus gusanos. Tenía que introducirles la comida con un pincel diminuto".

Ambos científicos hacen hincapié en que ellos sólo aportaron una pieza clave de un rompecabezas al que habían contribuido investigadores de todo el mundo. "La ciencia es un esfuerzo en grupo", dijo Andrew Fire a los periodistas.

Andrew Fire, Craig Mello y sus colegas de trabajo presentaron solicitudes PCT en 1998 y 2000 para la "inhibición génica por ARN bicatenario" y para "genes que actúan en la vía de interferencia del ARN como herramientas de interferencia génica".

Más información: http://nobelprize.org

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A partir de un péptido derivado del veneno de la cobra reina, se puede producir un analgésico varias veces más poderoso que la morfina. (Foto Peter Mirtschin, Venom Supplies Pty Ltd)

Pastillas hechas con veneno

Ponga una parte de veneno de la serpiente Tropidechus carinatus; mézclelo con los cerebros de los científicos de la Universidad Nacional de Singapur; páselo por una oficina de transferencia de tecnología bien lubricada; y espolvoréelo todo con abundante olfato empresarial. Obtendrá Pro-Therapeutics, una joven empresa singapurense, creada para elaborar productos terapéuticos novedosos a partir de péptidos extraídos de toxinas animales.

Entre los productos que se están elaborando, se encuentra un péptido derivado del veneno de la cobra reina, que tiene propiedades analgésicas varios miles de veces más poderosas que la morfina; un péptido anticoagulante, extraído del veneno de la serpiente australiana Tropidechus carinatus, que previene la formación de coágulos; y un péptido antiangiogénico, que inhibe la proliferación de células de los vasos sanguíneos, para el tratamiento del cáncer y las enfermedades de la vista.

El profesor R. Manjunatha Kini, químico especialista en proteínas del Departamento de Biología de la Universidad Nacional de Singapur, es el director científico de la empresa y uno de sus fundadores. Muy familiarizado con el valor de la propiedad intelectual, ha obtenido la publicación de siete solicitudes PCT en los últimos ocho años.

La fascinación que ejercen en el profesor Kini las serpientes venenosas le viene de su infancia, que transcurrió en la India. Este hecho marcó su vida profesional y le llevó a consagrar 27 años al estudio del veneno de algunos de los reptiles más letales del mundo para encontrar nuevas formas de luchar contra afecciones que afectan al hombre. "Los venenos de las serpientes son cócteles únicos de proteínas y péptidos activos con propiedades farmacológicas", explica el profesor Kini. "Algunas de las toxinas que contienen nos ayudan a descifrar los mecanismos moleculares de procesos fisiológicos normales. Otras pueden contribuir también a elaborar agentes terapéuticos para tratar o prevenir enfermedades en el hombre".

Sin embargo, la naturaleza de estas proteínas hace que, por el momento, sólo puedan aplicarse en tratamientos inyectables. En la actualidad y mediante tecnologías patentadas gracias a las licencias concedidas por la Universidad Nacional de Singapur, el equipo de Pro-Therapeutics está centrando sus esfuerzos en reconstituir estas proteínas para producir pequeños péptidos que puedan administrarse por vía oral. Cuando se dé este gran paso adelante, se abrirá un mercado floreciente para los medicamentos a base de péptidos, que se calcula que ya en 2003 alcanzó los 9.000 millones de dólares de los Estados Unidos.

Más información: www.protherapeutics.com

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"No vas a sentir nada". (Foto: Terumo Corporation)

Encuentro entre el mago del metal y el brujo ingeniero

Una aguja hipodérmica tan fina que permite poner inyecciones sin dolor. Este fue el desafío que propuso la empresa fabricante de equipos médicos con sede en Tokio, Terumo Corporation, con el objetivo de aliviar las molestias diarias que sufren los niños diabéticos al inyectarse insulina. Se consiguió aunando los esfuerzos de un ingeniero de Terumo, Tetsuya Oyauchi, que tiene toda una serie de patentes publicadas a su nombre para jeringas médicas, y Masayuki Ikano, director de una pequeña fábrica de prensado de metal de 73 años de edad.

El método usual de fabricación de agujas consiste en ahuecar un fino cilindro metálico. Cuanto más fino es el cilindro, más difícil es esta operación. Terumo Corporation buscaba una aguja ultrafina, cuya obtención habían dado por imposible muchas grandes empresas del metal, hasta que acudió al Sr. Okano, a quien su destreza artesanal, según proclama el sitio Web Japan, le había valido la fama de mago del metal.

"Pensé que si nadie más podía hacerlo, yo lo haría", dijo el Sr. Okano. Enfocó el problema desde un punto de vista diferente, desafiando a los expertos que le habían advertido de que era imposible. Tomó una lámina extremadamente fina de acero inoxidable, la enrolló formando un cilindro sumamente estrecho y lo cerró soldando la juntura.

Perfeccionada y desarrollada gracias a los conocimientos de ingeniería médica de Tetsuya Oyauchi, la solicitud PCT de Terumo para una estrecha "aguja de jeringa y dispositivo para introducir el líquido" se publicó en 2004. El producto resultante, la jeringa Nanopass 33, salió al mercado en julio de 2005. Terumo afirma que la punta, que sólo mide 0,2 milímetros de ancho (como dos cabellos) es un 20% más fina que las agujas convencionales, y que su pinchazo no es más molesto que una picadura de mosquito.

La aguja Nanopass 33 recibió el Gran Premio de 2005 en la categoría de mejor diseño que otorga la Organización japonesa para la Promoción del Diseño Industrial, premio que le fue concedido con un gran margen de votos. "Es divertido hacer algo que no existe en el mundo", comentó el Sr. Okano.

Más información: web-japan.org/trends/science/sci051220.html

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La OMPI en Internet