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Ciencia y visión de futuro: Dr. Manuel Elkin Patarroyo

Septiembre de 2005

Datos biográficos

Año de nacimiento: 1947

Nacionalidad: colombiana

Educación: Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia; estudios de postgrado en la Yale University (EE.UU.); Doctorado en la Rockefeller University (EE.UU.).

Cargo: Profesor de la Universidad Nacional de Colombia. Fundador y Director del Instituto Colombiano de Inmunología.

Premios y galardones (entre otros): Premio “Alejandro Ángel Escobar” en la categoría de ciencias (1979, 1981, 1984 y 1986); Premio de la Academia de Ciencias del Tercer Mundo (Venezuela), 1990; Médico del año (Francia), 1994; Premio “Leon Bernard” de la OMS en 1995 y “Personalidad del Año” en la esfera de la Salud en el año 2002 (España).

Esta es la segunda de una serie de entrevistas de la Revista de la OMPI a científicos e investigadores destacados, cada uno de los cuales encarna la creatividad y la innovación, pilares del sistema de propiedad intelectual.

El patólogo Manuel Elkin Patarroyo es el científico más conocido y menos convencional de Colombia. Comprometido a fondo con la causa de las ciencias al servicio de la humanidad, ha dedicado toda su vida a la búsqueda de vacunas contra las “enfermedades huérfanas”, que se cobran la vida de millones de personas por año en los países en desarrollo. El Dr. Patarroyo ha abierto nuevos horizontes con la vacuna química contra la malaria, parcialmente eficaz, que creó en 1986, y acerca de la cual donó ulteriormente la patente a la Organización Mundial de la Salud (OMS). Desde entonces no ha cejado en su empeño de dar con una vacuna contra la malaria que sea 100% eficaz.

Dr. Patarroyo, ¿cómo le vino la vocación por la investigación?

Mi vocación me viene de los sueños que me inculcaron mis padres en la infancia, ellos consideraban que lo mejor que podía hacer un ser humano es trabajar por el bienestar de la humanidad; y que lo más fascinante del mundo son los conocimientos. Juntando las dos cosas, me di cuenta que lo que quería ser, en realidad, es científico, y trabajar por la humanidad. De pequeño, mis padres me regalaban tiras cómicas y libros infantiles, entre otros, libros sobre Louis Pasteur. Me fascinó ese hombre, que dedicó toda su vida a la prevención de enfermedades. Pasteur fue mi ídolo de entonces y sigue siéndolo.

De entre todas las enfermedades que existen ¿por qué decidió consagrarse a las vacunas contra las “enfermedades huérfanas”?

En mis años de estudio en la Universidad Rockefeller de Nueva York, observé el enorme desequilibrio que existía desde el punto de vista de la investigación científica. Es legítimo que los países desarrollados centren sus investigaciones en los problemas de salud que les afectan directamente. Pero las enfermedades de los países en desarrollo han sido prácticamente olvidadas o relegadas a un segundo plano. Al ser yo mismo de un país en desarrollo, decidí dedicarme a las vacunas contra los problemas que más afectan a los pueblos de los países en desarrollo, como la malaria, la tuberculosis, la hepatitis, la leishmaniasis, el cáncer de cuello de útero, que constituye un problema enorme, y otras muchas enfermedades infecciosas.

¿Qué resultados le han dado mayor satisfacción en sus investigaciones?

En primer lugar, debo dar las gracias a mi país que me ha apoyado incondicionalmente y a mis colegas, por poner tanto empeño en lo que es una obra colectiva. Gracias a todo eso, hemos obtenido resultados muy gratificantes. Por ejemplo, al descubrir que es posible producir vacunas por medios químicos, que fue el sueño que tenía yo desde niño, llegar a la conclusión de que era factible, fue muy satisfactorio pues significa que toda enfermedad infecciosa puede combatirse por medios químicos.

Si volviera a empezar de nuevo, ¿cambiaría algo en lo que ha hecho?

Si tuviera que comenzar de nuevo, cometería los mismos errores. La verdad es que he aprendido más de los errores y todavía más de las críticas que legítima o ilegítimamente se nos han hecho. He aprendido mucho más de eso que de mi propia formación. Si un concepto ideado por otros o por nosotros es erróneo, lo resolvemos enseguida, echamos marcha atrás y reanudamos el camino por la buena dirección.

¿Cuáles han sido los mayores problemas con los que se ha encontrado como director de un centro de investigación de un país en desarrollo?

Cabe recordar que existen 517 enfermedades infecciosas que pueden afectar a un ser humano y para las cuales sólo hemos encontrado 12 vacunas. Es un problema de dimensión universal que me obsesiona y a la vez me atrae. Pero la gente siempre habla de problemas y rara vez habla de la suerte que ha tenido, por ejemplo, lo que hizo posible crear un instituto de esta categoría en Colombia.

Hoy el mayor problema es encontrar un método lógico y “matemático” para elaborar vacunas. Con ese fin se creó un día el Instituto en el que trabajan hoy no sólo químicos sino doctores y matemáticos. Sobre la base de lo que hemos aprendido, llamémoslo un método físico de análisis de moléculas, nos esforzamos hoy por dar con una fórmula matemática para elaborar esas vacunas. Es la búsqueda de una fórmula universal que tanto dinero permitiría ahorrar en investigaciones y tantas vidas salvaría.

A usted no le han faltado dificultades financieras en el camino. ¿Qué incitó a su equipo a quedarse con usted en los momentos críticos?

A raíz de las deudas acumuladas por el Instituto de Inmunología y el hospital, perdimos todo: oficinas, laboratorios, equipo y presupuesto. Lo más triste de todo es que perdimos a un gran número de personas que por razones económicas tuvieron que emigrar a los Estados Unidos o a otros países desarrollados y están llevando a cabo extraordinarias actividades de investigación.

Todos los miembros del equipo estamos convencidos de que debemos seguir adelante. Tenemos la total convicción de que hoy estamos bien encaminados. Así que la gente ve que vamos dando con ideas, y se imagina que los problemas con los que tenemos que lidiar son anecdóticos, es decir, los inconvenientes normales de estar en una situación en la que gozamos de tan gran número de ventajas que lo lógico es que también suframos reveses.

Sobre la base de la experiencia que ha ido usted acumulando en la investigación en los países en desarrollo y los países desarrollados, ¿qué le diría usted a los encargados de la formulación de políticas?

En lo que respecta al talento, no hay duda de que existe por igual en todas las partes del mundo. La diferencia reside en las posibilidades que se ofrecen a los que tienen talento. Yo me esfuerzo por convencer a gobiernos e instituciones de la importancia de crear centros in situ, es decir, en cada país, para que los que tienen talento puedan desarrollar todo su potencial y ofrecer soluciones en los lugares en los que los problemas son endémicos.

En un gran número de países en desarrollo, los gobiernos son poco conscientes de la importancia que revisten las ciencias, por lo que éstas últimas no forman parte ni de su orden del día ni de sus prioridades. Pero no se trata sólo de políticas gubernamentales. En las familias, las propias madres pueden estimular a sus hijos a dedicarse a las ciencias. Ese es el verdadero punto de partida. Debe darse a las ciencias la importancia que revisten en la sociedad, y promover una toma de conciencia sobre la urgencia que reviste esa cuestión. Hoy en día, el 0,2% del presupuesto del Estado está invertido en ciencias y tecnología, a diferencia de lo que pasa en los Estados Unidos de América, país en el que se invierte el 2,5% del presupuesto del Estado en esas actividades. Existen pues, diferencias enormes.

Por último, Dr. Patarroyo, ¿qué le diría usted a un joven que esté pensando en hacer una carrera en la esfera de las ciencias?

Uno de los aspectos fundamentales de mi labor cotidiana es visitar escuelas y recibir a niños en el Instituto para hablarles de las ciencias. Lo que yo les digo es que no dejen de soñar. Que sueñen y luchen cada día por alcanzar sus sueños y si aúnan esfuerzos con otros para ponerse al servicio del bienestar de los demás, todos los ayudarán a alcanzar ese objetivo porque al mismo tiempo ellos también estarán cumpliendo el suyo.

Datos sobre el paludismo (malaria)

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El mosquito Anopheles funestus es uno de los dos vectores principales de transmisión del paludismo (malaria) en África. Los síntomas de esa enfermedad van desde la fiebre y el dolor de cabeza a la malaria cerebral, la anemia, la insuficiencia renal y la muerte. (Fotos: CDC/James Gathany, Dr. Frank Collins, Universidad de Notre Dame)

  • En África, cada 30 segundos muere un niño de malaria.
  • La malaria es una enfermedad parasitaria mortal transmitida por los mosquitos.
  • Provoca más de 300 millones de casos graves de enfermedad y más de un millón de muertos por año.
  • Junto con el VIH/SIDA y la tuberculosis, constituye uno de los principales problemas de salud que obstaculiza el desarrollo en los países más pobres del mundo.
  • Los parásitos que transmiten la malaria están desarrollando niveles inaceptables de resistencia a un medicamento tras otro. Los científicos han duplicado los esfuerzos en búsqueda de una vacuna eficaz.

Fuente: Organización Mundial de la Salud/Iniciativa “Hacer retroceder el paludismo”.

El propósito de OMPI Revista es fomentar los conocimientos del público respecto de la propiedad intelectual y la labor que realiza la OMPI, y no constituye un documento oficial de la Organización. Las denominaciones empleadas en esta publicación y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene no entrañan, de parte de la OMPI, juicio alguno sobre la condición jurídica de ninguno de los países, territorios o zonas citados o de sus autoridades, ni respecto de la delimitación de sus fronteras o límites. La presente publicación no refleja el punto de vista de los Estados miembros ni el de la Secretaría de la OMPI. Cualquier mención de empresas o productos concretos no implica en ningún caso que la OMPI los apruebe o recomiende con respecto a otros de naturaleza similar que no se mencionen.