World Intellectual Property Organization

Perfiles: Profesor Victor Anomah Ngu, Camerún

Julio de 2005

Currículum vitae

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Nacimiento: en 1926, en Buea, República del Camerún
Formación: estudios secundarios en Sasse, Camerún e Ibadán, Nigeria; formación universitaria en la Universidad de Ibadán (1948 – 1950) y en el Hospital Universitario St Mary’s, adscrito a la Universidad de Londres (1951– 1954).
Actividad profesional: profesor de cirugía en la Universidad de Ibadán (1965 - 1971); profesor de cirugía en la Universidad de Yaundé (1971 – 1974); Vicerrector de la Universidad de Yaundé (1974 - 1982); Presidente de la Asociación de Universidades Africanas (1981 – 1982); Ministro de Salud Pública, Gobierno del Camerún (1984 - 1988); Director del Laboratorio de Investigación de Cáncer de la Universidad de Yaundé (1984 - ); fundador de la Clínica de la Esperanza del Camerún (1991)
Premios y reconocimientos: Grand Commandant de l’Ordre de la Valeur, Camerún; Albert Lasker Medical Research Award en Quimioterapia Clinica contra el Cancer (1972); Dr. Samuel Lawrence Adesuyi Award and Medal otorgados por la Comunidad de Salud del África Occidental (1989); Leon H. Sullivan Achievement Award, Estados Unidos (2003).

 

Ésta es la primera de una serie de entrevistas de la Revista de la OMPI con científicos e investigadores de renombre de países en desarrollo. La propiedad intelectual es un sistema concebido para recompensar y estimular la innovación y la creatividad, características que encarnan cada uno de los científicos entrevistados en la serie.

La carrera médica del doctor camerunés Victor Anomah Ngu abarca 50 años y tres continentes. Su investigación sobre cáncer le supuso el reconocimiento internacional, y en la actualidad trabaja en una vacuna terapéutica para el tratamiento del VIH/SIDA. A sus 78 años de edad, el profesor Ngu sigue disfrutando del descubrimiento y manteniendo su compromiso con la ciencia al servicio de la humanidad. Charlamos con el profesor Ngu en su Clinique d’Espoir (Clínica de la Esperanza), en Yaundé, Camerún.

Profesor Ngu, ¿podría comenzar por decirnos cómo llegó a interesarse en convertirse en un científico?

Desde niño siempre me ha llamado la atención la naturaleza y las cosas que suceden a mi alrededor. Recuerdo que desde las colinas de Bamenda en que me crié se podían ver las estrellas con toda claridad, y es algo que me impresionó mucho. A medida que fui creciendo no dejaba de preguntarme acerca de las estrellas; sobre su belleza y cómo podrían brillar. A partir de ahí, obviamente, lo demás llegó de forma natural. No podía contribuir de otro modo que tratando de descubrir más cosas maravillosas en torno a mí mismo. Creo que cualquier científico debe tener un sentido intrínseco de la curiosidad.

Luego fui a la escuela secundaria a un lugar llamado Sasse, al sudoeste del país. Fuimos el primer grupo de alumnos y no había equipamiento. Nuestro primer laboratorio de ciencias estuvo en un establo de caballos. Tuvimos un profesor de ciencias, un hombre de Birmingham, Inglaterra, que era un buen científico y que nos estimuló por las ciencias. Él mismo fabricó la mayor parte de los equipos científicos que tuvimos; construyó microscopios ante nuestros ojos y funcionaron.

Creer saber algo, comprenderlo, puede dar más placer intelectual que cualquier otra cosa que pueda imaginar. Aunque ganara la lotería nunca encontraría tanto placer como cuando entiendo el porqué de las cosas.

Usted ha hablado de momentos de grandes descubrimientos. Muchas personas dicen que la ciencia necesita en la actualidad muchos millones de dólares para alcanzar esos momentos.

No estoy completamente de acuerdo con eso. Muchos grandes descubrimientos de los siglos pasados se realizaron sin grandes cantidades de dinero. A la ciencia lo que le interesa es determinar la existencia de un problema científico y encontrarle solución. La definición del problema es casi tan importante como la solución. Piense en los teléfonos móviles, por ejemplo. El descubrimiento del teléfono móvil tuvo su origen en el hecho de que alguien soñó con que pudiésemos disponer de comunicaciones que no estuvieran fijas a la pared como solían estar antes. Esa idea era más importante que llegar de hecho a este teléfono. La mayoría de las veces la gente trata de solucionar problemas sin haber definido o conocer claramente cuál es el verdadero problema. Así que cuando me dicen que están dedicando un montón de dinero a la ciencia y a la investigación pienso que parte de ese dinero puede estar malgastándose, porque la gente no tiene una idea clara de lo que quiere, de cuál es el problema. Si no puedes definir un problema no puedes descubrir nada. Naturalmente, para transformar un descubrimiento en un producto se necesita dinero, pero eso es otra historia.

¿De qué modo ha evolucionado su interés por la investigación del cáncer?

El cáncer fue una de las cosas que más me impactó desde el principio. Como cirujano, tenía que tratar de eliminar procesos cancerosos. Era un procedimiento traumático y muy destructivo. Yo estaba convencido de que la respuesta no estaba en la cirugía. Entonces la Fundación Rockefeller me concedió una beca en 1962 para formarme como quimioterapeuta. Me interesé en el tratamiento de un tumor denominado linfoma de Burkitt1. El tumor pudo tratarse con éxito con quimioterapia, por lo que en 1972 obtuve este premio en norteamérica2. Cuando regresé a Ibadán en 1963 puede trabajar con quimioterapia, pero de nuevo se obtenían buenos resultados en unos casos y no muy buenos en otros tipos de tumor. Entonces se me ocurrió pensar que la quimioterapia no era tan buena porque las células tumorales son realmente células adiposas del organismo del paciente, y un fármaco que destruyera una célula cancerosa también destruiría las células normales. La mayoría de los agentes quimioterapéuticos hacen esto.

¿Cómo le llevó esto hasta su trabajo actual?

Tras llevar diez años o más trabajando en el cáncer en Ibadán me desilusioné con la quimioterapia para la curación de tumores. Me quedé con la idea de que puesto que las células cancerosas se comportan de modo diferente de las células del paciente debía de haber algo que las distinguiera de las células normales. Por este motivo me adentré en lo que ahora denominaré oncoinmunoterapia. La inmunoterapia consiste en estimular el sistema inmunitario del paciente, de modo que reconozca el elemento extraño de las células cancerosas y actúe contra éste. Cuando presenté la idea provocó risas. Dicho en pocas palabras, la inmunidad de los pacientes de cáncer es normal en los inicios del tumor, pero va empeorando progresivamente, como es natural. Así que, habiendo probado la cirugía y la quimioterapia, ahora me veía obligado a explorar la inmunoterapia.

Mientras trabajaba en esto, apareció también el problema del VIH y pensé que sería obvio para todos que habría algo en el VIH parecido a lo que sucedía en los pacientes de cáncer. Los pacientes tienen el virus; no se pueden deshacer de él. Se multiplica hasta que finalmente mata al paciente, como hace el cáncer. Y con todo las células cancerosas y el VIH son diferentes en ciertos aspectos de las células del propio paciente. Así que la cuestión era encontrar cuál era la diferencia. Por tanto, en un cierto sentido, estaba haciendo lo que he dicho sobre solucionar un problema: determinar primero cuál es el problema antes de ponerse a trabajar en él. Digo esto porque sé que algunos investigadores tienen la intención de encontrar una vacuna para el VIH sin saber qué es lo que realmente es el VIH como problema frente a lo que es su manifestación.

Hasta qué punto resulta importante aumentar la inversión en investigación en el continente africano?

Pienso que es muy importante, porque existen muchas ideas científicas buenas que fenecen en África porque no tienen la oportunidad de desarrollarse. Si dispusiéramos de inversión financiera, estas ideas podrían desarrollarse con beneficios reales para toda la humanidad. El descubrimiento científico no es una cuestión personal, es un asunto que afecta a todo el mundo porque todos se benefician. Las ideas que conducen a los descubrimientos no están circunscritas a determinadas regiones, están distribuidas por todo el mundo.

¿Cree usted que nuestros ojos verán que la cura o las vacunas contra el SIDA y el cáncer pueden venir de investigadores de África?

Estoy investigando vacunas tanto para el cáncer como para el VIH, y he obtenido buenos resultados. Tan sólo es cuestión de tiempo. Creo que vamos bien encaminados con relación al cáncer y al VIH porque entendemos cuál es el problema. Hay partes que todavía no están claras, pero tenemos pacientes que van muy bien.

¿Cuáles son los principales obstáculos a los que se enfrenta para que puedan dar fruto estos resultados prometedores?

El principal problema son los recursos financieros necesarios para pulir algunas de las cosas de que hemos hablado. Si dispusiera de dinero suficiente, pondría a un grupo numeroso de científicos a trabajar a tiempo completo, a fin de depurar algunos de los resultados que hemos obtenido.

Si tuviera la oportunidad de transmitir un mensaje a los dirigentes del mundo, ¿qué le gustaría decirles?

Les diría que las ideas son el fundamento de los descubrimientos, y que las ideas vienen de cualquier parte del mundo, también de África. Los avances del mundo actual son el resultado del desarrollo de ideas básicas sencillas.

Vea lo que ha sucedido en Asia, el Japón y demás. Hace cincuenta o cien años esos países eran países subdesarrollados, y ahora nadie puede refutar la calidad científica de los japoneses. Este teléfono lo ha fabricado Samsung, una empresa coreana. Los japoneses están a la cabeza de la investigación científica, pero no es menos cierto que si no hubiesen invertido en ciencia se habrían quedado en país subdesarrollado. Los chinos están llegando ahora. La mayoría de los informáticos del mundo vienen actualmente de la India (mi propio hijo se ha ido a trabajar a una empresa radicada en la India). En África también existen buenas ideas y, si se invirtiera, los científicos africanos podrían ser tan eficientes como los científicos japoneses y coreanos.

Por último, profesor Ngu, ¿qué le diría a los jóvenes que se plantean estudiar ciencias?

Si te dedicas a la ciencia, nunca te aburrirás. En cierto sentido he vivido muy bien. Tengo 79 años y creo que la razón de haber llegado tan lejos es que he estado dedicándome a cuestiones científicas. Me despierto a las dos de la madrugada con una idea y ya no puedo dormir. ¿No es maravilloso?

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1 El linfoma de Burkitt es una cáncer que se produce en el sistema linfático. Se produce raramente en el mundo, pero es el cáncer infantil más corriente en África occidental, central y oriental, y uno de los tipos de cáncer humano más agresivos. Fue descubierto por un cirujano británico, Dennis Burkitt, que trabajaba en África ecuatorial. www.burkitts.org/research.shtml aged 12-

2 Premio de investigación médica Albert Lasker en quimioterapia clínica del cáncer.
 

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