World Intellectual Property Organization

Lo que hay que tener en cuenta a la hora de valorar una patente

Ian Cockburn*

Aspectos generales
¿Qué se entiende por activos intangibles?

¿Qué medidas toman las grandes empresas?
¿Cuánto vale mi patente?

Aspectos generales

Con frecuencia se escucha lo de “si vale la pena copiarlo, vale la pena protegerlo”. Esa sencilla verdad de perogrullo es una de las primeras preguntas que debería hacerse todo inventor o innovador. Si la respuesta a esa pregunta es un NO rotundo, lo mejor es dejar de lado la cuestión y dedicarse a otra cosa. No obstante, lo más frecuente es que a esa pregunta se responda con un Sí categórico.

A partir de ahí empiezan a plantearse otras preguntas, como por ejemplo, ¿y cuánto cuesta eso? ¿qué beneficios puedo obtener con los esfuerzos que he realizado es decir, ¿cuánto vale mi patente?

La finalidad de este artículo es responder a esta última pregunta e incitar a las nuevas empresas que desean dedicarse a la comercialización de tecnologías de vanguardia a analizar detenidamente el valor que revisten sus innovaciones y examinar el medio de sacar el máximo provecho de sus inversiones en esfuerzo intelectual y en capital. El presente artículo se ha centrado principalmente en las patentes. En lo que se refiere a los costos que entraña la obtención de protección por patente, lo mejor es dirigirse a un profesional especializado en propiedad intelectual (P.I.) de la jurisdicción de que se trate.

Las patentes constituyen uno de los muchos tipos de derechos de propiedad intelectual y se conceden en relación con nuevos productos y métodos que permitan perfeccionar productos ya conocidos. Las patentes confieren a su titular el derecho exclusivo a explotar los nuevos productos o métodos por un plazo máximo de 20 años. Por consiguiente, se consideran un importante instrumento comercial y un enlace fundamental entre las actividades de investigación y desarrollo y el mercado.

Pero las patentes son mucho más que eso, y pueden ser utilizadas para identificar y crear nuevas marcas, para preservar un mercado concreto o crear nuevos mercados. Pueden también utilizarse para movilizar fondos y generar nuevas fuentes de ingresos por conducto de actividades de concesión de licencias o para introducirse en otros países sin tener que incurrir en enormes gastos de material y equipo. Si se saben utilizar, las patentes pueden ser la clave en la que resida el éxito de una empresa.

¿Qué se entiende por activos intangibles?

Los derechos de propiedad intelectual suelen ser descritos como activos intangibles. Entre los mismos cabe incluir las marcas de la empresa, la cartera de patentes, las estrategias de I+D y los acuerdos de licencia.

Existen otros activos intangibles importantes que se invierten en el capital humano de la compañía y sus conocimientos técnicos y abarcan elementos como sus bases de datos, manuales, especificaciones de productos y pautas de fabricación. Todos esos activos intangibles tienen valor y merece la pena cifrarlos para que en las transferencias de tecnología, en las ventas y compras de la empresa, o en los casos de fusión, el precio se fije de forma equitativa.

Prácticamente todas las pequeñas empresas subestiman los activos intangibles que poseen.

En su calidad de activos, los derechos de P.I. desempeñan una función primordial en las posibilidades comerciales de una empresa. Inciden en todos y cada uno de los aspectos de todo negocio, desde la venta, la comercialización y el desarrollo de productos a la salud financiera general de la entidad. Por consiguiente, todo el personal de una empresa tiene en su trabajo que ver de una manera u otra con la gestión de activos de P.I. y, por consiguiente, debe estar al tanto y tener la obligación de interesarse de cerca por eso que llamamos activos intangibles. Ahora bien, ¿cuánto valen esos activos intangibles? ¿Cuál es la mejor forma de explotarlos?

¿Qué medidas toman las grandes empresas?

Lo que tienen en común todas las empresas a las que les van bien los negocios es un interés activo por innovar y una gran toma de conciencia acerca del valor que revisten sus activos intangibles. Esas empresas comprenden la función que desempeñan todos los activos intangibles en su salud financiera. En particular, son conscientes de la función que desempeñan las patentes y las marcas para mantener su competitividad y mejorar su posición en el mercado. Lo que todas las buenas empresas tienen en común es haber sabido gestionar bien las carteras de propiedad intelectual a fin de controlar el acceso a las ventajas que confiere su capacidad inventiva y obtener el máximo número de ingresos por conducto de licencias, regalías y sólidos vínculos comerciales. Todas las empresas líderes en el mercado son un ejemplo de la importancia que revisten esos activos intangibles. Si se analiza rápidamente el caso de compañías como Philips, Sony, Samsung, Pfizer, Procter & Gamble, Xerox, IBM, Ford, The Home Depot, etc., se llega a la conclusión de que gran parte de la riqueza de esas compañías reside en su activos intangibles y, en particular, en sus marcas, patentes y conocimientos técnicos que han ido adquiriendo a nivel interno. En una encuesta realizada en 2002 por la revista “Fortune 500”, se estima que entre el 45 y el 75% de la riqueza de esas compañías procede de beneficios derivados de derechos de propiedad intelectual.

¿Cuánto vale mi patente?

En un momento dado, el titular de una patente suele preguntarse en cuánto cabe estimar su patente. Las razones de querer saberlo varían mucho de un caso a otro. Puede tratarse de un inventor que desee movilizar fondos para que su invención pase de la trastienda al mercado, de un líder en tecnología que desea evaluar cuánto vale su invención, pasando por los que desean obtener una licencia sobre dicha invención o, por el contrario, de los que lleven mucho tiempo ya en el mercado y se den cuenta de que para preservar la competitividad la mejor opción que tienen es acordar licencias por el uso de su técnica nueva o mejorada.

Pero, sea cual sea el caso, cada invención tiene su propio precio, que depende, por lo general, de los cinco factores siguientes:

• Importancia de la patente. Las patentes de invenciones de vanguardia, a saber, invenciones que abren camino en nuevas esferas de la tecnología, o son pioneras en el sentido de que dan respuesta a problemas que se plantean desde hace mucho, son las que mayor valor revisten. Entre los ejemplos de esas patentes cabe citar la lámpara incandescente de Edison, el motor Benz, la reacción en cadena de la polimerasa de Cohen, la primera fotocopiadora o toda invención que todavía no conocemos, como la de un medio para curar definitivamente el SIDA. En esos casos, las patentes son tan sumamente innovadoras que confieren al titular un monopolio completo en relación con un sector en su totalidad y revisten un valor primordial, que a menudo se cifra en miles de millones de dólares. Aunque la mayor parte de las patentes nunca llega a alcanzar ese valor, revisten importancia en el sentido de que pueden ser un elemento que induzca a la competencia a empezar a innovar a fin de mantenerse a la par con nuevos productos y tecnologías del mercado, o, por el contrario, a obtener una licencia de un titular de una patente que desee concertar ese tipo de acuerdo. Las patentes que sólo aportan pequeñas mejoras a productos ya existentes son, por lo general, las que revisten menos valor, aunque no siempre sea así el caso. A la hora de cifrar una patente, lo que suele plantearse, ya sea que dicha patente aporte pequeñas mejoras a un producto existente o sea toda una innovación, es lo siguiente: “¿Cuánto estaría dispuesta a pagar la competencia para utilizar mi producto o proceso protegido?”

• El mercado. La dimensión del mercado, el número de artículos que serán fabricados y el costo de cada uno de ellos también incide de manera considerable en el valor de una patente. ¿Qué volumen de ventas cabe esperar que genere la patente y durante cuánto tiempo? El microprocesador Intel®, cuyo valor en el mercado se cifra en miles de millones de dólares, constituye un buen ejemplo de ese tipo de artículo.

• Validez de las patentes. Las patentes permanecen en vigor un máximo de 20 años, lo que significa un monopolio potencial durante todos esos años. Las patentes que acaban de entrar en vigor y susceptibles de preservar esa situación virtual de monopolio suelen, como es lógico, revestir mayor valor. Lo que es raro es que una patente que esté a punto de expirar constituya una amenaza de peso para la competencia. Lo más seguro es que llegados a esa fase, la competencia haya formulado una tecnología o un producto que no interfiera en modo alguno con la situación de monopolio de los titulares de la patente. Además, hay que tener en cuenta el potencial de vida comercial de una patente, es decir, el período durante el cual cabe esperar que la patente aporte beneficios económicos, en caso de que haya otras patentes que más adelante ofrezcan mejores soluciones que esta última.

• Estado de la técnica. El número de documentos citados o de productos patentados que existen en un ámbito de innovación inciden también en el valor de una patente. Por lo general, si el artículo inventado no es si no uno entre otros muchos del mismo tipo, los consumidores tendrán mucho entre lo que escoger y el valor de cada patente en ese ámbito particular revestirá relativamente menos valor que una patente de tipo único a ojos de la clientela.

• Importancia de la patente. Cada patente es importante por sí misma en una esfera particular y, por lo general, formará parte de una estrategia general de P.I. encaminada a maximizar los beneficios potenciales de la misma o a permitir que otras patentes maximicen sus propios beneficios. Entre los ejemplos de este tipo de patentes están las que se utilizan para impedir que terceros se introduzcan en el mercado. A esos ejemplos vienen a añadirse las patentes que complementan una patente inicial y dependen de la protección que confiere esta última para tener éxito. No es raro que las compañías farmacéuticas y de telecomunicaciones soliciten nuevas patentes para proteger una primera generación sólida de patentes, ganándose así una gran cuota del mercado y la posibilidad de negociar licencias y regalías en torno a una tecnología protegida y muy codiciada.


El autor es editor de Web y Director de publicidad y marketing de PIPERS – Global, estudio de abogados especializados en patentes que tiene oficinas en el Reino Unido, Nueva Zelandia, Australia, Singapur y Malasia. Los puntos de vista expresados en el presente artículo son los del autor y no reflejan necesariamente el punto de vista de la OMPI.

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