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Ingenio, burbujas e innovación – Descorjet S.A.

Trasformar una invención creada en un taller particular en un producto exportable en el mundo entero con patentes en más de 25 países es lo que hace de Descorjet un caso de estudio particularmente relevante para inventores y empresarios PYME.

Todo comenzó hacia principios del año 2000, cuando el argentino Hugo Olivera, hasta entonces fabricante de repuestos de metalmecánica, escuchó sobre un mozo que había tenido que descorchar más de 60 botellas de vino espumante durante una fiesta y había terminado con las manos lastimadas. El problema del mozo se convirtió en un desafío. Junto con un amigo, Olivera comenzó a pensar en cómo inventar un destapador de bebidas espumantes. Al poco tiempo, su amigo desistió del proyecto original y Hugo Olivera continuó solo, con sus propios ahorros personales, con el desarrollo de un prototipo funcional y la solicitud de una patente de invención en la Argentina.

La primera patente se solicitó en la Argentina hacia mediados del 2000. Luego de haber desarrollado un prototipo funcional, Olivera se sintió estancado y frustrado, porque no sabía cómo continuar con el proyecto, no tenía los medios económicos para fabricar su invento y no disponía de un equipo de trabajo. Para Olivera lo esencial era conseguir socios con experiencia comercial que estuviesen dispuestos a invertir tiempo y dinero en llevar el producto al mercado.

En esas circunstancias, Hugo Olivera escuchó por radio acerca de la Asociación Argentina de Inventores y se puso en contacto con ellos. Una vez asesorado sobre cómo organizarse mejor, y cómo desarrollar una estrategia comercial para avanzar con su proyecto, fue advertido de que su patente original estaba mal redactada, y que las reivindicaciones no cubrían todo lo que deberían proteger. Entonces, y dado que su solicitud todavía no había sido publicada, desistió de su solicitud inicial y presentó una nueva con todas las correcciones adecuadas con el asesoramiento de un agente de patentes.

A partir de entonces, el Sr. Hugo Olivera se asoció con Eduardo Fernández (inventor profesional y empresario) para mejorar el producto y para conseguir un grupo inversor. Entonces, con un prototipo mejorado, con una solicitud de patente dentro del año de prioridad internacional y con un Plan de Negocio preliminar lograron conformar un equipo de trabajo con dos inversores de amplia experiencia técnica e industrial. La búsqueda de inversores fue larga y difícil. “Golpeamos a más de 30 puertas”, explica Fernandez, “y finalmente la número 31 se abrió y aquí estamos. No buscábamos sólo dinero, sino gente que se comprometiera con el proyecto.”

Este grupo de trabajo transformó el prototipo original en un producto industrial estandarizado y sin fallas, desarrolló un Plan de Negocio pormenorizado, y planificó la estrategia de comercialización. Se llevó a cabo una búsqueda de antecedentes detallada en los principales bancos de datos (www.uspto.gov , www.delphion.com y www.espacenet.com), además de búsquedas específicas en Internet.

Se solicitaron patentes en más de 25 países (Argentina, Brasil, México, EE.UU, Canadá, Unión Europea, Australia, Nueva Zelanda y otros). La patente en los EE.UU fue otorgada en solo 8 meses y en la Unión Europea en 18 meses. Dado que la Argentina no es miembro del PCT, los inventores se vieron obligados a patentar en muchos países en forma muy rápida y corriendo riesgos. El equipo de trabajo no solamente desarrolló el producto sino que además desarrolló la marca, el logotipo y el packaging, todo lo cual fue debidamente protegido con marcas, modelos y diseños industriales también en más de 25 países. A partir de la constitución de la empresa Descorjet S.A, todas las patentes de invención y otras formas de propiedad intelectual fueron traspasadas a la empresa como activos intangibles.

El proyecto se financió en forma privada gracias al aporte de los dos socios inversores. Se constituyó una empresa en la Argentina: Descorjet S.A. y una compañía Off-Shore para la gestión comercial internacional. La inversión inicial fue de U$D 260,000 que se destinaron al desarrollo industrial del producto, matricerías, patentamiento, viajes, folletería, página web, consultoría externa, etc.

El producto se fabrica en la Argentina para abastecer al Mercosur, y en Taiwán para abastecer al resto de los principales mercados del mundo. Descorjet S.A. no ha otorgado ninguna licencia y la empresa misma controla la fabricación y la comercialización. Se han realizado varias mejoras al producto y también han sido protegidas con patentes de invención.

Los principales desafíos fueron la falta de experiencia en el comercio internacional y en el aspecto financiero. Todo esto fue superado gracias a que el producto ganó importantes premios tanto nacionales como internacionales (Primer Premio en la “International Invention Exhibition of Geneva – 2001”, Primer Premio en la “Exposición Regala – Buenos Aires – 2001”, al mejor diseño industrial, y el Primer Premio en el “Concurso Nacional de Planes de Negocio – Naves- 2002”, organizado por el IAE Escuela de Negocios de la Universidad Austral – Argentina). Todo esto brindó una amplia cobertura en todos los medios de prensa, que facilitó el interés y compromiso de parte de distribuidores, minoristas y agentes comerciales, tanto en el ámbito nacional como internacional. Gracias a la planificación previa y al gran impacto en la prensa, el producto pasó de la etapa de diseño a las primeras ventas en solo 18 meses.

La empresa tiene actualmente ventas anuales aproximadas de unas 35.000 unidades con un incremento del 15% anual. De esa cantidad, el 90% se fabrica en Taiwán (para el mercado europeo, norteamericano, Australia y Nueva Zelanda), debido a las ventajas competitivas en cuanto a costos de fabricación y flete, y el 10 % se fabrica en la Argentina para el Mercosur.

Con respecto al número de empleados, la empresa sólo tiene 4 empleados directos en la Argentina para el armado final y el embalaje, y son los mismos socios quienes trabajan en la gestión básica. Todo lo demás se terceriza, incluyendo los cortadores, soldadores, pulidores, fabricantes de cajas, imprenta, despachante de aduana, etc. En total, incluidos los contadores, los diseñadores gráficos, los que se encargan del transporte, etc., la empresa da trabajo a unas 40 personas en la Argentina y otras 40 personas en Taiwán.

El éxito de la empresa se debe a la capacidad de transformar una buena idea en un prototipo funcional con un plan de negocio profesional con posibilidades reales de comercialización en el mercado. Para los inventores, asociarse con inversores con disponibilidad financiera y experiencia comercial fue determinante. Asimismo, ganar premios nacionales e internacionales le dio credibilidad a los inventores permitiéndoles salir a buscar socios sobre la base de un proyecto sólido y reconocido.

Para mayor información, véase: www.descorjet.com.

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