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Los errores en propiedad industrial se pagan caros: la experiencia de Confecciones Alba (Cuba)

En el año 1994, una empresa de confecciones textiles de la provincia de Pinar del Río (Cuba) adquirió un nuevo nombre comercial, Confecciones ALBA. Con este nuevo nombre comercial, dicha empresa comenzó a desarrollar una estrategia de búsqueda de nuevos mercados (nacionales y extranjeros) para sus productos. De ese modo, elaboró una estrategia de propiedad industrial y de comercialización utilizando una importante cartera de marcas (más de veinte) que cubrían una amplia gama de productos textiles. En los años siguientes, la empresa afianzó una imagen de próspera empresa nacional con muy buenas perspectivas internacionales. Sus exportaciones al Canadá tuvieron mucho éxito, y suscribió algunos contratos de producción en cooperación con varias empresas de confección chinas.

Entre los productos de Confecciones ALBA figuran confecciones de moda, prendas de vestir masculinas, vaqueros unisex, productos infantiles, uniformes laborales e indumentaria de trabajo en denim, así como todo tipo de tejidos de uso doméstico.

En el año 2001, la empresa se puso en contacto con el Centro de Información y Gestión Tecnológica de Pinar del Río para averiguar cómo podía proteger su nombre como marca y se percató de que, a pesar de haber estado en uso durante más de seis años, dicho nombre carecía de protección jurídica, pues la legislación cubana exige que una marca se registre con arreglo a la legislación nacional de marcas para adquirir derechos de propiedad industrial en su territorio. La empresa solicitó entonces a la Oficina Cubana de la Propiedad Intelectual (OCPI) que realizase una búsqueda de marcas para presentar una solicitud de protección del nombre de la empresa. De esta forma, se enteró de que el ciudadano dominicano Miroglio Tessile había registrado en Cuba la marca Alba para la clase 25 de la Clasificación Internacional de Productos y Servicios (Convenio de Niza) y otras clases análogas, que guardaban relación con la actividad que realizaba la empresa cubana.

Esta situación planteaba un grave problema para la empresa pinareña en cuanto a la repercusión que tendría ese hecho en el uso de su nombre comercial como marca. La utilización de dicho nombre como marca representaba una clara violación de los derechos de marca adquiridos por el Sr. Tessile, y podría repercutir negativamente en la economía de la empresa, pues durante seis años consecutivos había utilizado ese signo en sus actividades, por ejemplo, en las relaciones públicas y en la comunicación, sin el consentimiento del titular de la marca.

No obstante, una vez incorporada en el Decreto Ley No. 203 de 1999, que entró en vigor en mayo de 2000, una figura jurídica nueva en el sistema jurídico cubano, y con el asesoramiento adecuado de especialistas de la CIGET, la empresa Confecciones ALBA procedió a presentar ante la OCPI una demanda de anulación del registro de la marca para borrarla del registro de marcas, basándose en que no había sido utilizada durante un período consecutivo de más de tres años de conformidad con lo establecido en la legislación cubana de marcas. El Sr. Tessile, que era el titular de la marca, no pudo aportar pruebas sobre el uso de la marca en territorio cubano. Por consiguiente, la OCPI ordenó que la marca ALBA Confecciones fuese retirada del registro cubano de marcas. Inmediatamente después, Confecciones ALBA solicitó el registro del signo a su nombre. De este modo, la empresa logró adquirir derechos de marca sobre su marca distintiva, lo que ha contribuido en gran medida a conservar y mejorar su imagen notoriamente conocida no sólo en su provincia sino también en otras provincias cercanas. Asimismo, la empresa ha adquirido gran experiencia en cuestiones de marcas, lo cual le servirá para apoyar sus actividades publicitarias, y de comercialización y desarrollo de marcas.

Actualmente, la empresa se encuentra estudiando la posibilidad de registrar algunas de sus marcas en el extranjero, de acuerdo con su estrategia comercial y de exportación.


Preparado por Yoel N. Barroso Victorero y Margarita Espinosa Rodríguez.

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