World Intellectual Property Organization

Tratado de Marrakech: Todavía resta trabajo por hacer para lograr su ratificación y aplicación

por Edward Harris

Cuando el célebre cantante, compositor y productor musical Stevie Wonder tomó la palabra en Marrakech hace un año, felicitó al cansado público, formado por quienes habían estado negociando el Tratado, por haber concertado un nuevo acuerdo concebido para facilitar que puedan acceder a los libros las personas con discapacidad visual del mundo entero, en especial las que viven en las regiones menos desarrolladas.

No obstante, a nadie se le escapaba que los años de negociaciones que concluyeron en la legendaria ciudad marroquí no suponían el final de los esfuerzos, y así lo subrayó Stevie Wonder:

"Conmueve saber que, cuando los más débiles piden ayuda, ustedes han respondido a la llamada con la voluntad inquebrantable y la valentía firme de operar un cambio real”. Y añadió: “Aunque la firma de este tratado es un paso histórico e importante, pido respetuosa y urgentemente a todos los gobiernos y Estados que den prioridad a su ratificación, de modo que en sus respectivos países y Estados pase a formar parte de la legislación nacional”.

Poner fin al “hambre de libros”

Transcurrido un año, un gran número de naciones, del Afganistán a Zimbabwe, ha firmado el Tratado de Marrakech para facilitar el acceso a las obras publicadas a las personas ciegas, con discapacidad visual o con otras dificultades para acceder al texto impreso, con el que se aspira a subsanar el “hambre de libros” al exigir a las Partes Contratantes que adopten disposiciones en sus respectivas legislaciones nacionales que permitan reproducir, distribuir y poner a disposición del público obras publicadas en formatos accesibles mediante la aplicación de limitaciones y excepciones de los derechos de los titulares de obras protegidas por derecho de autor.

Y las necesidades son abrumadoras: Según estimaciones de 2013 de la Organización Mundial de la Salud, hay más de 285 millones de personas ciegas o con discapacidad visual en el mundo, de las que un 90% vive en países en desarrollo. En una encuesta de la OMPI realizada en 2006 se observó que menos de 60 países cuentan con cláusulas sobre limitaciones y excepciones en su legislación nacional de derecho de autor en las que se contemplen disposiciones específicas en favor de las personas con discapacidad visual como, por ejemplo, la conversión en Braille, caracteres grandes o versiones en audio digital de textos protegidos por derecho de autor.

El Tratado entrará en vigor una vez que se hayan presentado ante la OMPI 20 ratificaciones o adhesiones. India fue el primer país en hacerlo, el 24 de junio de 2014.

Es mucho lo que se ha hecho en el último año con la finalidad de prepararse para la aplicación del Tratado.

Consorcio de Libros Accesibles

Una novedad importante es que la OMPI y un grupo de partes interesadas clave pusieron en marcha, a finales de junio del año en curso, el Consorcio de Libros Accesibles (ABC).

El Consorcio de Libros Accesibles se creó con el propósito de ayudar a lograr los objetivos del Tratado de Marrakech en un plano práctico por medio de actividades en tres esferas: el aprovechamiento compartido de competencias técnicas en países en desarrollo y en países menos adelantados con miras a editar y distribuir libros en formatos accesibles, promover la edición integradora de libros y establecer una base de datos internacional y un sistema de intercambio de libros en formatos accesibles.

Por medio de su labor de fortalecimiento de capacidades en países en desarrollo y países menos adelantados, el Consorcio de Libros Accesibles contribuye a que aumenten los conocimientos técnicos sobre la manera de editar libros en formatos accesibles, en especial libros escolares en los idiomas nacionales. El ABC también promueve la edición integradora, que alienta a los editores a producir publicaciones digitales para el público sin problemas de vista que también sean accesibles para las personas con dificultades para acceder al texto impreso (un sistema conocido como “accesible desde su creación”), además de fomentar la adopción de una norma de accesibilidad común a todo el sector.

Bajo los auspicios del Consorcio de Libros Accesibles, la OMPI también acoge el servicio de intercambio de libros TIGAR (Trusted Intermediary Global Accessible Resources), una base de datos con los títulos de más de 238.000 libros en formato accesible en 55 idiomas que se encuentran en los fondos de bibliotecas de distintas partes del mundo.

La promesa del Tratado de Marrakech

Cuando el Tratado de Marrakech entre en vigor, los beneficios de lo que algunos llaman el “tratado de libros para los ciegos” llegarán a las personas con discapacidad visual, muy especialmente en el mundo en desarrollo, como en el caso de los niños del Instituto para Ciegos del barrio de Yopougon, en Abiyán, la principal ciudad portuaria de Côte d’Ivoire.

En ese centro, con la ayuda de fondos gubernamentales, niños con discapacidad visual de todo el país aprenden a leer en braille y, en general, a comunicarse. En sus cuidados jardines y en sus espaciosas aulas, esos niños encuentran un entorno de aprendizaje tranquilo, rodeado de altos muros que los aíslan de la vertiginosa actividad comercial de las calles próximas al instituto.

Con la ayuda de fondos gubernamentales, los niños del Instituto para Ciegos de Abiyán aprenden a leer en braille y, en general, a comunicarse. (Foto: OMPI)

Sin embargo, en la biblioteca de ese centro, en cuyos anaqueles se acumulan los materiales impresos en braille, sigue habiendo sitio para muchos más libros adaptados.

Según la Unión Mundial de Ciegos, del millón aproximado de libros que se publica cada año en el mundo, menos del 10% está disponible en formatos accesibles para las personas con discapacidad visual.

Con el Tratado de Marrakech para facilitar el acceso a las obras publicadas a las personas ciegas, con discapacidad visual o con otras dificultades para acceder al texto impreso, que toma su nombre de la ciudad que acogió la conferencia diplomática en la que se concertó, se aspira a subsanar el “hambre de libros” al exigir a las Partes Contratantes que adopten disposiciones en sus respectivas legislaciones nacionales que permitan reproducir, distribuir y poner a disposición del público obras publicadas en formatos accesibles mediante la aplicación de limitaciones y excepciones de los derechos de los titulares de obras protegidas por derecho de autor.

Prevé asimismo el intercambio transfronterizo de ejemplares en formatos accesibles a través de organizaciones que atiendan a las personas ciegas, con discapacidad visual o con otras dificultades para acceder al texto impreso. Armoniza, además, las limitaciones y excepciones para que estas organizaciones puedan actuar más allá de las fronteras. Al eliminar las duplicaciones, el intercambio de ejemplares en formatos accesibles debería aumentar el número total de obras disponibles e incrementar la eficacia. En lugar de tener a cinco países elaborando versiones accesibles de la misma obra, esos cinco países podrán elaborar una versión accesible de una obra diferente, que posteriormente podrán intercambiar entre ellos.

Actualmente, corresponde a los gobiernos nacionales definir qué limitaciones y excepciones se permiten. En la práctica, las limitaciones y excepciones previstas en las legislaciones nacionales varían mucho de un caso a otro. En muchos países, la reproducción para uso privado es gratuita, y solo en algunos se prevén excepciones, por ejemplo, para la enseñanza a distancia. Además, las excepciones son aplicables únicamente en el país en cuestión.

El Tratado tiene por objeto asimismo asegurar a los autores y editores que el sistema no expondrá sus obras publicadas al uso indebido de las mismas o a su distribución a terceros distintos de los beneficiarios previstos. El Tratado reitera la obligación de limitar el intercambio transfronterizo de obras sobre la base de limitaciones y excepciones a determinados casos especiales que no interfieran en la explotación normal de la obra y no causen un perjuicio injustificado a los intereses legítimos del titular del derecho.

El Tratado insta a la cooperación entre sus Partes Contratantes a fin de fomentar los intercambios transfronterizos. Las Partes se comprometen a aumentar el acceso a las obras publicadas con la mayor rapidez posible, cooperación que constituirá un paso importante hacia la consecución de dicha meta.

Además, habida cuenta de que la legislación de derecho de autor es de naturaleza “territorial”, esas excepciones no suelen abarcar la importación o exportación de obras convertidas en formatos accesibles, incluso entre países con normas similares. Las organizaciones de cada país deben negociar licencias con los titulares de los derechos para el intercambio transfronterizo de las obras en formatos especiales o la producción de sus propios materiales, una actividad muy costosa que limita en gran medida el acceso de las personas con discapacidad visual a las obras impresas de todo tipo.

La OMPI en Internet