Un paso firme hacia la economía moderna

Pecuaria Development Cooperative Inc., Filipinas

Pecuaria Development Cooperative Inc. (Cooperativa de Desarrollo Pecuaria (PDCI)) es una cooperativa de reforma agraria creada en 1991 en Lanipga, en el municipio de Bula, en la provincia de Camarines Sur de la República de Filipinas (Filipinas). La cooperativa está integrada por 426 productores (datos de 2012) y se creó a raíz de las reformas agrarias promovidas en el país a comienzo de la década de 1990. Durante este período, el Gobierno de Filipinas puso cientos de hectáreas de tierra cultivable en Lanipga a disposición de la organización.

La PDCI es una cooperativa de reforma agraria creada en 1991 en Lanipga, en el municipio de Bula, en la provincia de Camarines Sur (Filipinas) (Fotografía: International Rice Research Institute (IRRI)

De un total de 817 hectáreas, se destinaron 25 hectáreas a construir viviendas (600 metros cuadrados por agricultor) y 754 hectáreas se reservaron como tierras de cultivo, distribuidas entre 426 agricultores, a razón de 1,77 hectáreas por agricultor beneficiario. Además, el 10% de las tierras se utilizó para crear infraestructuras tales como carreteras, almacenes, oficinas y escuelas (a este fin se dedicaron 3 hectáreas).

Tras atravesar ciertas dificultades al principio para poner en práctica un proceso y una estrategia que fueran eficaces, rentables y sostenibles para la producción del arroz, la PDCI consiguió posteriormente mejorar la producción en Lanipga, regenerando a su vez el entorno y ofreciendo respaldo a la comunidad agrícola.

Asimismo, la cooperativa ha invertido en nuevas instalaciones de investigación y desarrollo (I+D) y ha elaborado nuevas políticas de mercadotecnia y estrategias de comercialización para sus productores de arroz. A tal efecto, la PDCI ha establecido alianzas estratégicas con organizaciones locales, nacionales e internacionales. Todo ello ha permitido a los agricultores de la cooperativa modernizar y racionalizar los procesos de producción de arroz, crear marcas de calidad e introducirse en el nicho de mercado de los productos de arroz orgánico.

Por otra parte, los miembros de la PDCI han diversificado su gama de productos, que ahora abarca también el azúcar, productos avícolas y fertilizantes orgánicos. En 2012, la organización había abandonado ya su papel secundario en la economía filipina para convertirse en uno de los actores principales en el sector de la producción de arroz orgánico del país.

Investigación y desarrollo

Los comienzos de la PDCI, cuyo nombre hasta 1991 fue People’s Coalition for Unity on Agrarian Reform Integrated Action (Coalición del Pueblo por la Unidad de Acción Integrada en la Reforma Agraria (PECUARIA)), estuvieron marcados por el riesgo, la desunión y la inestabilidad económica. La cooperativa se encontraba en una región que carecía de servicios públicos modernos (ni siquiera había electricidad ni agua corriente) y con unos sistemas deficientes de cadena de suministros (no había carreteras que conectaran directamente Lanipga con los principales centros de comercio), por lo que sus agricultores se ganaban la vida de forma precaria al margen de la economía moderna. Además, los sistemas de producción y los métodos de cultivo de la cooperativa eran anticuados y engorrosos.

Los productores de la región utilizaban además métodos tradicionales e ineficaces de comercio, como vender sus productos a un comprador (o intermediario) que se encargaba de llevar los productos a los mercados mojados rurales, centros de comercio a escala pequeña y local muy comunes en Asia que se caracterizan por que sus suelos están mojados porque se limpian continuamente con agua. Por si todo esto fuera poco, durante los años en que se formó la cooperativa los productores no tenían muchas oportunidades de interactuar con los clientes y tampoco se incentivaba a los agricultores para que fueran innovadores, a fin de dar respuesta a las demandas del mercado y las tendencias cambiantes de consumo.

La PDCI se encontraba en una región que carecía de servicios públicos modernos, por lo que sus agricultores se ganaban la vida de forma precaria al margen de la economía moderna (Fotografía: IRRI)

La PDCI se sobrepuso a todas estas dificultades, a menudo abrumadoras, diversificando su utilización de los activos (incluida la tierra y los productos) y estableciendo nuevas alianzas con organizaciones importantes. De esta manera, la cooperativa pudo también unir a los productores, invertir en instalaciones modernas de I+D y abrir nuevas líneas de crédito y mercados para sus miembros.

Con el objetivo de mejorar los procesos de producción, la PDCI se asoció con el Departamento de Reforma Agraria (DAR) del país y con la Alianza para el Desarrollo de los Recursos Humanos en las Zonas Rurales de Filipinas (PhilDHRRA), una red nacional que integra a 65 organizaciones no gubernamentales (ONG) para el desarrollo, con sede en Ciudad Quezón (Filipinas), y que se dedica a prestar a poyo a las comunidades rurales. En el marco de esta colaboración, denominada también Asociación Tripartita para la Reforma Agraria y el Desarrollo Rural (TRIPARRD), se contrataron asimismo los servicios de un agrónomo (experto en la utilización de plantas) de la Universidad de Filipinas en Los Baños (UP Los Baños), una de las instituciones punteras del país en materia de agricultura.

La PDCI colaboró también con la Iglesia católica de la diócesis de Cáceres, en el marco de un programa social vinculado a la TRIPARRD, con el fin de facilitar el diálogo y la unión entre los productores de la comunidad. Las políticas de la cooperativa comenzaron a dar frutos tres años después de crearse estas alianzas. Por ejemplo, la PDCI ganó una contienda jurídica que permitió a sus agricultores convertirse en titulares únicos de las tierras (anteriormente, parte de la zona estaba habitada por agricultores vecinos). El Registro de Escrituras del Gobierno de Filipinas incluso concedió a los agricultores de la PDCI un Certificado de Concesión de la Propiedad de la Tierra.

Tras obtener la titularidad de sus tierras, los agricultores de la cooperativa se dividieron en cinco unidades principales de producción, a fin de no competir por los mismos productos, especializadas en productos agrícolas distintos, como por ejemplo las hortalizas y el arroz. A cada agricultor de estas unidades se le asignó un terreno, y pronto se habían plantado cientos de hectáreas de arroz, caña de azúcar y otros productos.

Durante este período, los agricultores de la PDCI comenzaron a experimentar con el cultivo de arroz orgánico (incentivado además por la cooperativa, que garantizó la obtención de mejores precios a los productores) y a mejorar los procesos de producción y las cadenas de suministros, por ejemplo mediante la construcción de una planta de procesamiento de fertilizante bioorgánico y un molino de arroz, la renovación de los canales de riego y la pavimentación de las carreteras que conectan la región con los principales centros de comercio.

Además de invertir en productos de calidad y en la racionalización de las estructuras, la cooperativa experimentó con nuevos sectores agrícolas, entre ellos la ganadería (como la cría de aves de corral y ganado vacuno) y diversos cultivos (entre ellos de hortalizas, caña de azúcar y bambú).

Sin embargo, y debido en parte a la persistencia de los obstáculos estratégicos y estructurales mencionados con anterioridad (deficiencias en materia de instalaciones y sistemas de cadena de suministros), el acceso al mercado siguió siendo limitado y el crecimiento siguió siendo lento, produciéndose incluso algunos reveses, como por ejemplo el rendimiento escaso de las cosechas. Las dificultades de la PDCI se vieron agravadas además por la inexperiencia de los productores. Tal como recuerda Julian Jollado Jr., secretario de la junta directiva de la cooperativa: “nos faltaba realizar un análisis detenido. Nos faltaba experiencia”.

No obstante, en 1994 dio comienzo un nuevo período de prosperidad, al ampliarse la colaboración de la cooperativa con asociados clave de la comunidad y del sector empresarial. La PDCI se benefició de formar parte de la sección de Bícol de la confederación de agricultores Pambansang Kilusan ng mga Samahang Magsasaka (PAKISAMA), cuyo objetivo es empoderar a las comunidades rurales de Filipinas.

Gracias a la colaboración con la PAKISAMA y otras organizaciones, la PDCI pudo ejercer presión sobre los organismos gubernamentales pertinentes, obtener concesiones legales importantes y abrir líneas de crédito para los productores. En 1999 se produjo otro acontecimiento decisivo, a saber, la colaboración de la cooperativa con la Partnership for Development Assistance in the Philippines, Inc. (Alianza de Asistencia para el Desarrollo en Filipinas (PDAP)), que es un consorcio integrado por los Gobiernos de Filipinas y el Canadá.

Los agricultores de la PDCI comenzaron a experimentar con el cultivo de arroz orgánico y a mejorar los procesos de producción y las cadenas de suministros, por ejemplo mediante la construcción de una planta de procesamiento de fertilizante bioorgánico (Fotografía: Jeff Werner)

La PDAP, cuya denominación anterior era Programa de Asistencia para el Desarrollo Filipino, concedió a la PDCI 2 millones de pesos filipinos (PHP (unos 47.000 dólares de los EE.UU.) en préstamos financieros que la cooperativa pudo invertir en asistencia para la capacitación de sus agricultores. En total se invirtieron 10.000 pesos filipinos (unos 230 dólares de los EE.UU.) por hectárea en un nuevo método para el cultivo del arroz.

Este nuevo método de cultivo fue una aportación de la organización de agricultores y científicos Magsasaka at Siyentipiko Para sa Pag-unlad ng Agrikultura (MASIPag), que se dedica al desarrollo de la agricultura en Filipinas. El MASIPag Rice Technology (MRT) es un método de cultivo desarrollado por dicha organización mediante el cual, durante un período de dos años, se enseña a los agricultores a reconocer y cultivar las variedades de arroz que mejor se adaptan a sus terrenos.

Además, en el método MRT no se emplean fertilizantes químicos, ya que en su lugar se utiliza una tecnología que aprovecha la capacidad natural para medrar de las variedades de arroz, y métodos de mantenimiento de la calidad de la tierra (basados por ejemplo en abono natural de tierra y en la plantación de cultivos diversos). Gracias a las colaboraciones con la MASIPag y la PAKISAMA, la PDCI pudo aplicar los nuevos sistemas de tecnología en 86 de sus granjas.

Al contar con nuevas instalaciones de producción y métodos de cultivo, los agricultores de la PDCI pudieron seleccionar nuevas variedades de arroz, denominadas Pecuaria Selections, que se han convertido en un producto distintivo de la cooperativa (estas variedades son de varios colores, entre ellos el blanco, el rojo y el negro). De hecho, las Pecuria Selections dieron lugar a un aumento de 100 hectáreas en el rendimiento de las cosechas de arroz en la región. Asimismo, los agricultores pudieron incrementar la producción y vender los excedentes de semillas a los productores vecinos.

Por otra parte, la devolución del 30% del préstamo concedido por la PDAP (que en adelante, conforme al acuerdo alcanzado, se convirtió en una subvención permanente) permitió a la PDCI ganarse la confianza de sus acreedores, lo que abrió las puertas a sus agricultores para elaborar productos nuevos (entre ellos muscovado, un azúcar en bruto procesada de forma natural a partir del jugo de la caña de azúcar) y buscar nuevas alianzas. Desde 2006 (a raíz de un tifón que destruyó una planta de procesamiento de azúcar de la PDCI) la cooperativa pasó a gestionar la mayor parte de la producción de muscovado por medio de una organización afiliada de Mindanao, una de las islas más grandes de Filipinas.

La cooperativa y sus productores comenzaron siendo una comunidad de agricultores arrendatarios que subsistían de forma precaria hasta que consiguieron mejorar los procesos de producción, aumentar el rendimiento de las cosechas, abrir nuevas líneas de crédito e introducirse en el mercado. En 2002 por ejemplo, la cooperativa alcanzó un volumen de comercio de 14,2 toneladas métricas (t) de arroz con su distribuidor principal (por un valor aproximado de 12,9 millones de pesos filipinos o 302.000 dólares de los EE.UU.). En 2011, esta cifra había ascendido a 486 t.

Asimismo, la PDCI tenía 22 empleados a tiempo completo y contaba con varias instalaciones de producción, entre ellas un molino de arroz, una planta de procesamiento de fertilizante, una secadora horizontal plana alimentada con energía solar (para granos de arroz), así como con camiones de reparto. En 2012, la cooperativa no solo había brindado a los productores de arroz de Bula la oportunidad de unirse, sino que además había desarrollado su capacidad para competir en una economía mundial competitiva y que cambia con rapidez.

Desarrollo de marcas y comercialización

Un elemento fundamental en la mejora de las perspectivas de los productores de la PDCI fue la incorporación de una estrategia sólida de desarrollo de marcas y comercialización. Al respecto, el Sr. Jollado Jr. indica lo siguiente: “[Los miembros de la cooperativa] pensaban que la mercadotecnia consistía solo en comerciar, cómo y dónde vender. [Luego] se dieron cuenta de que había que tener en cuenta también qué se vendía y cómo se elaboraba y se envasaba el producto”.

En 2012, la PDCI y la UMFI contaban ya con una variedad de productos de marca y valor añadido, incluidos arroces orgánicos blancos, marrones, negros y rosa (Fotografía: IRRI)

Con la finalidad de introducirse en nuevos mercados con productos y marcas de calidad, la PDCI recurrió a los servicios de una organización especializada en mercadotecnia llamada Upland Marketing Foundation, Inc. (UMFI), una ONG dedicada al desarrollo de marcas, con sede en Manila, capital del país. El equipo de expertos de la UMFI (cuya actividad se centra en relacionar a los pequeños productores con los grandes mercados de las metrópolis) ayudó inicialmente de muchas formas en el proceso de adaptación de la cooperativa a la economía moderna.

La empresa impartió capacitación a los agricultores sobre estrategias modernas de venta y adquisición (incluida la identificación de los mayoristas, distribuidores y supermercados más adecuados y la realización de estudios de mercado sobre las tendencias de consumo) y mejoró su competitividad mediante la aplicación de tecnologías clave y aportando valor añadido a los productos.

La organización de mercadotecnia ayudó asimismo a la PDCI a desarrollar un sistema de producción integrado de forma vertical (con un emplazamiento único para la plantación, el procesamiento y el envasado de los productos) y a introducir una cultura profesional en la organización (incluida la contratación de personal experto con conocimientos de prácticas empresariales modernas). Igualmente, la UMFI impartió capacitación al personal de la cooperativa sobre la importancia de fomentar la confianza y la equidad entre los productores, los minoristas y los clientes.

Probablemente, el avance más destacado de esta alianza fue la incorporación de la UMFI como asociado oficial de mercadotecnia de la PDCI. De esta forma, la organización de desarrollo de marcas pudo hacerse cargo de la cartera de mercadotecnia y desarrollo de productos de la cooperativa, ayudando a la PDCI a identificar los productos principales, que son productos con mucha demanda en los que resulta rentable invertir.

A tal efecto, la UMFI ha desarrollado marcas atractivas y de valor añadido para las materias primas de la cooperativa y ha buscado un nicho de mercado para estos productos. Con unos costos de producción más bajos, unos precios más elevados y un rendimiento de las cosechas equiparable al del arroz convencional, la PDCI y su asociado decidieron que uno de los productos principales de la cooperativa fuera el arroz orgánico; el otro producto principal sería el azúcar muscovado (azúcar moreno sin refinar).

No obstante, en lugar de posicionar los productos de arroz y azúcar de la cooperativa en el sector de los alimentos “orgánicos”, la UMFI optó por posicionarlos como productos alimentarios “saludables”. Esta decisión se adoptó a raíz de varias encuestas realizadas entre consumidores en Manila en las que se ponía de manifiesto que era mayor el porcentaje de compradores dispuestos a pagar precios más elevados por los productos etiquetados como “saludables” que por los productos etiquetados como “orgánicos”. Por esta razón, la organización de mercadotecnia creó una marca de “Arroz saludable” para el arroz de la PDCI. Igualmente, se creó otra marca de arroz, la de “Arroz rico en fibra”.

Asimismo, el azúcar muscovado de la cooperativa fue posicionado en el mercado como el acompañamiento perfecto para las bebidas a base de café, y no como producto “orgánico”, lo que puede verse en la frase “best for coffee” (lo mejor para el café), que se ha asociado a este producto. Gracias a estas innovaciones mercadotécnicas, se ha conseguido distinguir el arroz y el azúcar de los agricultores de la PDCI y posicionarlos de forma competitiva en el nicho de mercado de los productos “saludables”.

Por otra parte, basándose en estudios de mercado en los que se evidenciaba una tendencia migratoria clara desde las comunidades rurales hacia las zonas urbanas, la UMFI se centró en suministrar sus marcas a los supermercados modernos de las grandes ciudades de Filipinas, en vez de a los tradicionales mercados mojados de las zonas rurales.

La PDCI y su asociado decidieron comercializar el arroz orgánico y el azúcar muscovado (en la foto) como productos principales de la cooperativa (Fotografía: Dana Velden)

La organización de mercadotecnia se percató igualmente de que los supermercados de las grandes ciudades tenían unas exigencias más específicas y estrictas en cuanto a la calidad de los productos y la regularidad del suministro que los mercados mojados de las zonas rurales. No en vano, para alcanzar un acuerdo con un minorista importante, los productores como la PDCI y los proveedores como la UMFI no solo tienen que garantizar un volumen previsible de productos, sino que estos han de responder a las expectativas de los consumidores y cumplir unas normas estrictas, tanto nacionales como internacionales.

Para satisfacer estas condiciones, la UMFI y la cooperativa de agricultores integraron en sus granjas normas de calidad reconocidas a nivel internacional, incluidas las establecidas por la red filipina de la Organización Mundial del Comercio Justo en Filipinas (WFTO-Phils), que es una organización internacional que vela por que exista justicia entre los productores, los comerciantes y los consumidores. Los productos de la cooperativa no solo han conseguido que sus productos luzcan el sello de calidad de la WFTO-Phils, sino que cuentan también con las marcas de certificación del Organic Certification Center of the Philippines (Centro de Certificación de Productos Orgánicos de Filipinas (OCCP)), uno de los organismos certificadores de los productos orgánicos del país.

Al exhibir sellos de calidad nacionales e internacionales en los atractivos envases de sus productos de arroz y azúcar (con imágenes llenas de colorido en las que aparecen personas de aspecto saludable), la cooperativa ha conseguido garantizar el nivel de calidad de sus productos tanto ante sus clientes comerciales como ante sus consumidores finales. En 2012, la PDCI y la UMFI contaban ya con una variedad de productos de marca y valor añadido, incluidos arroces orgánicos blancos, marrones, negros y rosa; arroz violeta sin pulir; arroz de mezcla; arroz rojo pulido de primera calidad; azúcar muscovado; sirope de caña de azúcar, y fertilizante bioorgánico.

Estos productos se promocionaron en ferias internacionales de comercio, mediante publicidad en los supermercados y por medio de octavillas, folletos y pósteres en zonas muy concurridas. Además, la UMFI distribuyó el 80% de los productos de la cooperativa en más de 500 supermercados y grandes centros de comercio del área metropolitana de Manila, la zona más poblada de Filipinas. El resto de los productos de la PDCI se comercializaron por medio de cadenas locales de supermercados y en poblaciones circundantes al municipio de Bula.

También en 2012, la cooperativa había logrado introducirse en mercados regionales como el de Hong Kong (China).

Marcas

La UMFI recurrió al sistema de propiedad intelectual (P.I.) para proteger las marcas de calidad que tanto les había costado forjar y con el fin también de mantener abiertas las perspectivas de comercialización y mercadotecnia en el futuro. A tal efecto, la empresa de mercadotecnia aseguró su posición en el mercado de los alimentos saludables a base de arroz y azúcar en Filipinas mediante el registro de las marcasF&C Farms and Cottages (2009, para productos de azúcar y arroz), Healthy Rice (2010, para productos de arroz), y Fair Trade Quality That Cares & Device (2010, para el azúcar muscovado y productos de arroz) ante la Oficina de Propiedad Intelectual de Filipinas.

Tras haber asegurado sus activos de P.I., la UMFI (y su asociado del sector de la agricultura) han podido desarrollar y promocionar con confianza marcas de arroz y azúcar orgánicos en Filipinas y en el mercado internacional. Estas marcas no solo han dado a los agricultores de Bula el reconocimiento propio de una marca, sino que han servido para atraer más clientela y nuevos consumidores finales y para distinguir los productos de la organización de los de la competencia. 

Todo ello ha permitido a la UMFI y la PDCI establecer precios más elevados para los productos, lo que, a su vez, ha aumentado los beneficios de la empresa de desarrollo de marcas y los ingresos de los agricultores de la cooperativa.

Medio ambiente y salud pública

La PDCI se encuentra en un territorio extenso de sinuosas colinas verdes y llanuras cubiertas de hierba que se caracteriza por la presencia de plantaciones de arroz, cañaverales y huertos de hortalizas. El municipio de Bula es conocido también por sus frutas, sus bambúes y sus árboles forestales. En la región residen además más de 400 comunidades agrícolas de la cooperativa. A fin de conservar la belleza natural de la zona, mejorando a su vez las perspectivas de sus habitantes, la cooperativa ha elaborado una política medioambiental consistente y un programa sólido de desarrollo de los recursos humanos.

Bula es una zona conocida por sus frutas, sus bambúes y sus árboles forestales. En la región residen además más de 400 comunidades agrícolas de la cooperativa. (Fotografía: IRRI)

Con la finalidad de conseguir sus objetivos medioambientales, la PDCI se ha asociado con organizaciones nacionales e internacionales y ha aplicado una política de agricultura orgánica respecto de todos sus productos de origen animal y vegetal. Basándose en las normas establecidas por el OCCP, la cooperativa de agricultores ha aumentado la productividad de sus granjas mediante la utilización de compost bioorgánico obtenido a partir de gallinaza, paja de arroz y cáscaras de arroz carbonizado. La cooperativa ha impartido también capacitación a los agricultores sobre prácticas de agricultura orgánica, contando para ello con la colaboración de organismos internacionales como la Fundación Shell (SF), una organización benéfica internacional con sede en el Reino Unido que presta apoyo a programas de desarrollo sostenible.

Entre las entidades que han respaldado a la organización se incluyen también la ONG empresarial TRIAS, con sede en Bélgica, que se dedica a ayudar a las comunidades rurales. Gracias a la ayuda de TRIAS (que aportó financiación), la PDCI pudo ofrecer capacitación sobre producción de fertilizantes bioorgánicos y arroz orgánico a más de 400 agricultores en 7 municipios. La cooperativa ha introducido en sus granjas otros métodos de agricultura orgánica, entre ellos la utilización de caracoles manzana (ampullariidae, un caracol de agua dulce que se come las malas hierbas, pero no el arroz) para controlar las malas hierbas en las plantaciones de arroz.

La PDCI ha asegurado igualmente la biodiversidad de la flora y la fauna en sus tierras y la variedad en sus productos orgánicos, a la vez que mejoraba la capacidad de sus agricultores, animándoles a cultivar hortalizas y bambú y, al mismo tiempo, a criar ganado vacuno y gallinas. Con esta diversidad de actividades agrícolas no solo se satisfacen las aspiraciones de la cooperativa en cuanto a diversificación, sino que se atiende asimismo a la demanda alimentaria de los residentes y se generan nuevas fuentes de ingresos para ellos, por medio de las ventas a las comunidades y empresas circundantes.

En paralelo a su política medioambiental, la cooperativa ha elaborado un programa sólido de fortalecimiento de capacidades en materia de recursos humanos. Por ejemplo, la PDCI ha ofrecido a sus agricultores líneas de crédito que les permitan aumentar la capacidad productiva de sus granjas. Del mismo modo, la cooperativa ha garantizado el acceso de los residentes a servicios básicos, como viviendas adecuadas, electricidad y agua corriente limpia.

Gracias a estos avances, los agricultores de la PDCI han visto mejorar su nivel de vida y la capacidad de desarrollar perspectivas de futuro. Tal como dijo uno de ellos: “hemos construido casas y mejorado las que ya teníamos. Hemos podido comprarnos una moto y cosas para la casa. Hemos podido llevar a los niños a la escuela y también tenemos electricidad”.

Resultados empresariales

Desde sus comienzos humildes, la PDCI se ha erigido en motor de la innovación en el sector del desarrollo rural de Filipinas. En ese proceso, la cooperativa ha mejorado las vidas de sus productores y ha cosechado diversas distinciones. En 1997, el DAR otorgó a la organización el premio Outstanding Agrarian Reform Community (Comunidad Destacada en la Reforma Agraria). Cuatro años después, el Departamento de Comercio e Industria reconoció al proyecto de producción de bambú de la PDCI como Best Livelihood Project (Mejor Proyecto de Subsistencia). Igualmente, en 2007, la cooperativa obtuvo el premio del DAR a la mejor granja orgánica (Best Organic Farm).

Además de ganar distinciones, siguió aumentando la productividad y el acceso al mercado de la cooperativa, de tal modo que en 2006 los productos y las marcas de arroz y azúcar de la PDCI se podían adquirir en más de 233 supermercados de todo el país. Esto supuso un total de 25 millones de pesos filipinos (unos 540.000 dólares de los EE.UU.), en comparación con 1,5 millones de pesos filipinos (unos 38.900 dólares de los EE.UU.) en 2001.

El mayor porcentaje de estas ventas correspondía a los productos de arroz y la cooperativa siguió registrando unas cifras extraordinarias en cuanto a productividad y ventas. En 2007, el volumen de ventas de la PDCI ascendió un 69%, los precios de los productos subieron un 16%, las ventas brutas se incrementaron un 89% y los ingresos netos de los agricultores aumentaron un 119%. Entre 2002 y 2011, la producción de arroz de la cooperativa se multiplicó por más de 10.

Gracias a las alianzas establecidas por la PDCI, los productores de la cooperativa han visto cómo mejoraba su calidad de vida y su capacidad de cultivo y se consolidaban sus perspectivas de prosperidad en el futuro (Fotografía: IRRI)

Separar el arroz de la paja

La PDCI comenzó siendo una comunidad experimental de agricultores al margen de la economía moderna. Tras hacer frente a numerosas dificultades para mejorar la productividad y sacudirse de encima las prácticas de producción y las estrategias de suministro obsoletas, la cooperativa recurrió a la ayuda experta de varias organizaciones, entre ellas una empresa especializada en el desarrollo de productos y marcas.

Gracias en parte a las alianzas estratégicas establecidas por la PDCI, al buen trabajo y a la utilización del sistema de P.I., los productores de la cooperativa han visto cómo mejoraba su calidad de vida y su capacidad de cultivo, se conservaba su entorno, aumentaban sus ingresos y se consolidaban sus perspectivas de prosperidad en el futuro.