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Sesenta años de Wham-O

Febrero de 2008

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“Si tuviésemos que decir qué aportamos, utilizaríamos la palabra diversión”. - Richard Knerr y Spud Melin. (Fotos: Cortesía de Wham-O)

Desde el punto de vista histórico, las innovaciones de la empresa de juguetes Wham-O no pueden compararse, por ejemplo, con el descubrimiento de la vacuna de la polio o el desarrollo de Internet.

Eso no implica que estos juguetes no ocupen un lugar en la historia. El Hula Hoop, el aspersor Water Wiggly, los toboganes de agua Slip’n’ Slide, la pelota SuperBall y el Frisbee ocupan todos un merecido espacio en los anales de la innovación como productos que –sin haber salvado vidas, ni contribuido a grandes descubrimientos o sin siquiera ser necesarios– han conseguido sin duda alguna divertir a millones de personas en todo el mundo.

La carrera de Richard Knerr, quien fundó Wham-O en 1948 con su socio Arthur “Spud” Melin, y que murió el mes pasado a la edad de 82 años en Arcadia, California, es un testimonio de la capacidad del impulso creativo de alegrarle la vida a multitud de personas. El hecho de que este tándem de creadores haya dejado huella en la cultura popular es también una proeza.

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Se vendieron 100 millones de Hula Hoops en dos años Nunca pudo patentarse, pero la marca del artículo que todo el mundo quería tener no dejó de hacer dinero.

Knerr y Melin vieron el potencial comercial de lo que se convirtió en el Hula Hoop cuando un amigo australiano que visitaba California les hizo una demostración con un aro de madera que se usaba en las clases de gimnasia de los colegios haciéndolo subir y bajar en torno a su cuerpo. Los dos socios rediseñaron el aro a partir de un tubo de plástico de colores vistosos, introdujeron cuentas en su interior de modo que emitieran un sonido rítmico que acompañara los movimientos circulares de cadera necesarios para mantener el aro en el aire y vendieron 40 millones de aros en 1958. En 1960, habían vendido 100 millones en el mundo entero, todo un récord para un juguete en aquellos tiempos.

Modas

El Hula Hoop fue quizá la primera moda que se extendió a través de la televisión, que había sido creada recientemente, y sigue siendo, como indica el sociólogo Richard A. Johnson en su libro American Fads, “el estándar con el que se comparan todas las modas nacionales”. En efecto, en todo libro o película que trate de plasmar el ambiente de los primeros años de la Guerra Fría, es tan probable que figure una imagen de niños de mirada brillante haciendo girar sus Hula Hoops como la de la nube de hongo de esa otra invención, mucho más siniestra.

Knerr y Melin (que murió en 2002) fueron tanto “reinventores” como inventores. A medida que la moda del Hula Hoop empezó a decaer en torno al cambio de década, descubrieron por casualidad el Pluto Platter, un disco volador inventado por Walter Frederick Morrison, quien iba vendiendo su invención con su furgoneta por toda la costa de California. Wham-O compró los derechos, rediseñó el disco para que volase como un platillo volador y lo rebautizó como Frisbee. Desde entonces, el disco se ha convertido en el accesorio habitual de generaciones y generaciones de estudiantes, surfistas y perros, y ha servido de inspiración para varios deportes competitivos, muchos de ellos inventados por Wham-O.

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Aunque el logo blanco y rojo de Wham-O se asociaba –al menos en la mente de los niños, principal público de la empresa– con el súmmum de la calidad y la innovación, Knerr y Melin no pudieron evitar caer en algún que otro error comercial. Las ventas del Instant Fish (“basta con añadir agua”) se vinieron abajo cuando no se abrieron los huevos de pez secos que habían importado de África. Asimismo, los intentos de los dos socios de sacar provecho de otra moda a principios de la década de 1960 –en la que reinaba el temor a la aniquilación nuclear– resultaron vanos, ya que su kit para construir un refugio antiaéreo a 119 dólares estadounidenses no cautivó al público.

No obstante, estos dos inventores encarnaron la rara combinación de inventiva, creatividad y apetito por riesgos excesivos y frecuentes que a menudo es necesaria para que la inspiración se traduzca en productos tangibles y éxitos comerciales. Knerr solía atribuir los logros de Wham-O al hecho de trabajar en un entorno que fomenta el pensamiento innovador y el don empresarial. “Si tuviésemos que decir qué aportamos, utilizaríamos la palabra diversión” dijo Knerr en una entrevista realizada en 1994 por Los Angeles Times. “Y fue este país el que nos dio la oportunidad de hacerlo”.

 

PorJohn Tarpey, OMPI, Communications and Public Outreach Division.

Enlaces

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