World Intellectual Property Organization

Discurso de aceptación de Francis Gurry

Asambleas de los Estados miembros de la OMPI

23 de septiembre de 2013

Su Excelencia, Embajadora Päivi Kairamo, Presidenta de la Asamblea General de la OMPI,
Excelentísimos Señores Ministros,
Excelentísimos Señores Representantes Permanentes y Embajadores,
Distinguidos Delegados:

Es un honor y un privilegio volver a ser nombrado por la Asamblea General al cargo de Director General de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI).

Muchas son las personas a las que deseo expresar agradecimiento. Permítanme que empiece por dar las gracias a usted, Excelentísima Señora Presidenta, por la destreza con la que ha llevado a buen puerto el proceso que comenzó con la designación del Comité de Coordinación en marzo y ha culminado con la decisión que toma hoy la Asamblea General de confirmar la designación que realizó el Comité de Coordinación. Deseo también dar las gracias al Excelentísimo Señor Fodé Seck, Embajador y Presidente del Comité de Coordinación, por su hábil gestión del difícil proceso de elección en el Comité de Coordinación.

No puedo tampoco por menos que dar las gracias al Gobierno de Australia, por haber respaldado mi candidatura al cargo. Estoy sumamente agradecido en particular a la Ministra de Relaciones Exteriores, Excelentísima Señora Julie Bishop, y al Ministro de Comercio, Excelentísimo Señor Andrew Robb, que encabezaron los competentes equipos del Departamento de Relaciones Exteriores y Comercio, Fiscalía General y IP Australia, por la labor realizada para una nueva designación de mi candidatura. Tampoco puedo dejar pasar la ocasión para expresar un agradecimiento especial al Excelentísimo Señor Hamish McCormick, Embajador de Australia ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) y al Excelentísimo Señor Peter Woolcott, Embajador de Australia ante la Organización de las Naciones Unidas en Ginebra, así como al extraordinario personal que trabajan con uno y otro, por el apoyo, las orientaciones y el asesoramiento recibidos.

Pero también tengo que dar las gracias a todos los Estados miembros por la confianza que han depositado en mí. Siempre he considerado un privilegio trabajar al servicio de una organización internacional. Ser el máximo dirigente de dicha institución constituye un privilegio adicional. Ante todo, constituye una ocasión extraordinaria de conocer y colaborar con numerosas personas notables procedentes de muchas culturas diferentes y orígenes diversos. Estoy también muy agradecido a la comunidad diplomática de Ginebra, por el apoyo que me ha prestado durante mi primer mandato y en favor de mi reelección. Todos los que están destinados en Ginebra tienen que ocuparse de una gran diversidad de temas, a menudo con recursos no adecuados a las circunstancias. A pesar de esa gran responsabilidad y de la complejidad técnica que entraña un tema tan especializado como la propiedad intelectual, a lo largo de mi primer mandato, tanto los Embajadores como sus colegas han sido sumamente generosos en tiempo y disponibilidad, sumamente indulgentes con mis fallos y lagunas, y siempre dispuestos a colaborar y prestar asistencia para superar dificultades.

Permítanme también dar las gracias a mis colegas de la Secretaría, muchos de los cuales me han prestado un apoyo y asesoramiento ejemplares y sabios. Todos ellos han contribuido a los buenos resultados que se han obtenido en los últimos seis años y aguardo con impaciencia la oportunidad de seguir colaborando con ellos en los próximos seis años.

De cara al futuro, considero que el reto fundamental al que tenemos que hacer frente como Organización es que todos entendamos de la misma manera la contribución y el valor que tiene la propiedad intelectual para el desarrollo económico, social y cultural, tarea que es todo menos fácil. Muchos son los obstáculos: varios intereses en pugna, en una economía en la que los sectores con elevado componente de conocimientos y de tecnologías representan el 30% de la producción económica mundial, porcentaje que va en aumento; las asimetrías en materia de riqueza, oportunidades y conocimientos; la histórica falta de confianza de la que seguimos adoleciendo; y la realidad de un mundo de múltiples velocidades y enfoques en el que el multilateralismo, aunque constituya la expresión suprema de inclusividad y legitimidad, no deja de ser la solución más lenta.

Creo que el haber logrado adoptar los Tratados de Beijing y Marrakech nos muestra que es más fácil llegar a un entendimiento común sobre cuestiones concretas cuando hay una necesidad evidente y viable para la acción internacional que lograr un entendimiento común en todas las cuestiones tocantes a la propiedad intelectual, que es ahora el fundamento de la mayoría de actividades económicas y culturales. A medida que avanzamos respecto a esas cuestiones específicas, será importante tener en cuenta los intereses de todas las partes de la ecuación multilateral. Esto significa que la Organización debe ser capaz de tener en cuenta tanto las cuestiones relacionadas con la alta tecnología como las que afectan a ámbitos de menor peso tecnológico. Concretamente, la Organización debe lograr resultados satisfactorios tanto en la esfera de la radiodifusión como en la de los conocimientos tradicionales, las expresiones culturales tradicionales y los recursos genéticos. Si no somos capaces de tener en cuenta los últimos avances tecnológicos, la Organización fracasará en su misión principal de fomentar la innovación y no tendrá ninguna pertinencia en el ámbito general de la innovación mundial. Si no somos capaces de ocuparnos de los sistemas de conocimiento tradicionales, la Organización fracasará en su misión de universalidad y no reconocerá el alcance total de las contribuciones intelectuales a la innovación.

Soy consciente de que este equilibrio, que es una característica esencial del multilateralismo, se extiende más allá de la agenda normativa a todo el funcionamiento de la Organización. En este sentido, permítanme mencionar un aspecto recurrente en las conversaciones que he mantenido con los Estados miembros. Se trata de la cuestión del equilibrio geográfico en la Secretaría. El mensaje de los Estados miembros ha sido fuerte y claro. Casi todas las partes del mundo consideran que están representadas insuficientemente. Algunas partes, sin duda están poco representadas. Hemos estado trabajando para crear un equilibrio más adecuado en la Secretaría, tanto geográfico como de género, tarea que seguirá siendo una prioridad. Debido a la baja tasa de reducción natural de la plantilla, no es posible realizar transformaciones radicales, pero se harán progresos constantes. Considero que esta cuestión también es una responsabilidad compartida con los Estados miembros y aliento a todos ellos a señalar las vacantes a la atención de profesionales cualificados. Tenemos previsto ofrecer mayores oportunidades a personas de diferentes países para que presenten sus candidaturas a los puestos vacantes y en los próximos meses daremos a conocer éstas y otras propuestas para lograr un mejor equilibrio geográfico y de género.

Espero con interés trabajar con todos los Estados miembros durante el próximo mandato. A mi juicio, la política de la propiedad intelectual resulta cada vez más ardua, en lugar de hacerse menos complicada. Esta evolución no me parece un hecho inquietante. Más bien, me gustaría verla como la consecuencia natural del aumento del valor económico de los activos intangibles y la innovación y de la misión de la propiedad intelectual de encontrar el equilibrio adecuado en relación con todos los intereses que rodean a la innovación en nuestra sociedad. Sin embargo, si bien los Estados miembros son los principales responsables de la gestión de las políticas, la intensificación de los desafíos también significa que voy a necesitar mucha ayuda en los próximos años. Confío en poder contar con el apoyo y la buena disposición tanto de los Estados miembros como de los miembros del personal. Espero con interés trabajar con todos ustedes.

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